10 de noviembre de 2011

Descubriéndonos... Capítulo 17

DISCLAIMER
Los personajes pertenecen a S. Meyer y la historia es de mi autoría.


Bien este cap tiene dos posibles canciones para escuchar de fondo cuando vean el * o en todo el cap, como prefieran ustedes.
1ºCADA DÍA PIENSO EN TI-  de Shakira….O… 2º MY LOVE- by Sia… Ambos son lentos y hermosos sobre todo para el momento en el que las palabras sobran… ;) DISFRUTEN.

“Cada día pienso en ti”

Estaba nerviosa. Pero… No era miedo a hacer algo mal, era… Era algo mucho más… ¿Difícil? Sí, eso, difícil.
Me explicaré para que me entiendan de la manera más fácil que se me ocurre.
1 paso + 1paso + ansias de Bella + mis propios deseos = PROBLEMAS.
PROBLEMAS PARA MÍ.
A ver. Si yo accedía a ir a su ritmo  todo terminaría en cuestión de unos cuantos momentos. Pero… ¡Refrenarme a mí mismo me resultaba cada vez más difícil!
Diablos, no hacía ni cinco días en que le había metido mano por primera vez que ya estaba pensando, e imaginando cada posición en la que la quería poseer. En realidad en todas las formas tangibles o no en que la quería reclamar ¿Posesivo? Sí, mucho.
No ¡Enfócate Edward!
-Ja, sí, enfócate gayward.
Oh, no. No otra vez, gemí para mí.
-¿Y qué quieres? Tú estás ahí pensando en estupideces como el gay que pareces ser, cuando este camión de mujer te está esperando semi desnuda en la cama y más caliente que la lava de un volcán.
Ok, punto para él.
-Ed… Ed… Por favor- gimió Bella tocando mi pecho con sus tiernas manos.
-Siiiiii- ronroneó el monstruito retirándose una vez más al fondo de mi obnubilada mente.
Y por primera vez no me quedó de otra más que coincidir con él.
Para este omento yo ya estaba encima del cuerpo de Bella sostenido por mis brazos extendidos a sus lados mientras pensaba y la miraba. Sin embargo, aquel leve toque de su mano pareció quitarme todas las fuerzas y que prácticamente me desplomé contra ella deleitándome enormemente en el roce de sus blancos pechos con el mío ¡Dios! ¡Qué exquisita sensación!
Me acomodé más a su lado para que no tuviera que soportar mi peso pero que a la vez quedara atrapada por él.
Coloqué una de mis piernas entre las suyas y ¡Oh, sorpresa! Al rozar su centro con mi rodilla me vi gratamente recompensado con su cálida humedad.
Ella gimió audiblemente ante el contacto. Mierda.
Si antes se podría decir que estaba duro, ahora podía decir verdaderamente que estaba como una roca ¡Era como hierro puro! Creo que en este momento ni siquiera un diamante podría cortarme.
-Ed…- suspiró buscando a ciegas mis labios.
Y obviamente, como el caballero que soy es que ya automáticamente cedí a su silenciosa demanda.
Deposité mis labios en los suyos y exploré su boca como si fuera el mejor néctar en medio de una sequía. Un fruto regalo de dioses.
Mi mano volvió a su rostro para girárselo hacia mí y así conseguir un mayor acceso a aquella hermosa caverna de fuego.
Joder.
¿Dónde demonios había aprendido a besar así?
Llegamos a ese punto en el que no sabría decir con exactitud quien devoraba a quien y a su vez… Tampoco me importaba saberlo. Me encontraba totalmente cautivado y perdido en ella. Nunca la había sentido tan mía y yo tan suyo.
Cuando sentí que mi boca comenzaba a estremecerse por el esfuerzo muscular fue cuando, un poco a regañadientes, abandoné sus labios.
Sin embargo, no habría nada en este mundo que me obligara en este momento a dejar su piel.. NO.
Mi boca podía quedar entumecida o incluso adolorida pero no abandonaría su tierna carne por nada del mundo.
Dirigí mis labios a su mejilla, a su mandíbula, a su oreja, al lóbulo de ésta. A esa parte tan sensible ubicada detrás de la oreja, bajando lentamente por su cuello hacia la nuca, alegrándome al ver su respuesta a ello como un claro estremecimiento. Suspiró y medio gimió cada vez más incontrolablemente, retorciéndose sobre sí misma en busca de un alivio que no le brindaba todavía.
Con una lentitud que hasta a mí me pareció extrema y exasperante fui bajando hasta su hombro y a su brazo y ante brazo hasta llegar a levantar su mano y besar cada línea, nudillo y falange de ella.
Ella sólo se limitó a suspirar con lo que sólo pude definir como simple y claro PLACER.
Un placer que yo compartía evidentemente, ya que el mío era tan sólo un eco del suyo. Todo en mí era así y a penas hasta ahora me había dado cuenta ¿Cuán ciega puede estar una persona a sus propios sentimientos?
Subía su clavícula contraria y comencé a descender por el otro hombro, repitiendo aquel mismo proceso y notando como ella se entregaba relajada y confiada a mis cuidados.
Me excitaba sobremanera el hecho de verla así, tan entregada a mí.
Volví al punto donde sus clavículas se unían y comencé a dejar un sendero de besos en camino hacia su pecho. Dejé besos por toda la extensión central hasta toparme con su ombligo y de ahí regresando una vez más. Con la mano derecha tomé uno de sus pechos y comencé a acariciarlo sin llegar nunca a tocar aquella punta que tanta sensibilidad tenía.
Recuerdo que una vez una chica me dijo que lo mejor era dejar aquello para el final cuando la chica en cuestión ya estuviera verdaderamente caliente. Y como yo no quería estropear nada con mi Bella… Era mejor intentarlo así… Al fin y al cabo… Ambos estábamos aprendiendo del otro.
*
Seguí regando beso tras beso por su estómago, por sus pechos, por su cuello, por sus hombros… Y su boca, su hermosa, dulce y tierna boca.
Nuestras pieles estaban enfebrecidas y ya comenzando a perlarse de un tenue sudor por la actividad realizada sumada al calor ambiental. Nuestros músculos tensos, expectantes, anhelantes de una liberación que necesitábamos tener y que a la vez ambos retrasábamos para extender el proceso. Disfrutando del camino, como se diría. Todo era contradictorio con ella pero cada partícula, cada átomo, cada célula de su ser me hacía amarla con una inmensa locura. Cada día, cada hora, cada segundo un poco más. Mis manos se movían a través de su cuerpo mientras mis oídos se deleitaban n el sonido del roce entre nuestros cuerpos y en los pequeños gemidos de placer que surgían de su boca.
Era cada día pensar en ella, cada hora pensarla un poco más. Era escuchar en mis oídos el retumbar de los relojes y seguir pensándola. Un constante tic-tac en mis pensamientos que nublaban sin control ni razón todo lo demás., eclipsando sin siquiera saberlo o notarlo todo el resto del mundo a mis ojos.
Ya ni siquiera recordaba el porqué de mi frenética persecución hacia ella.
Y entonces todo cobró un nuevo significado para mí.
Yo estaba retrasando algo que ansiaba con locura casi desmedida y sin embargo, ese era el único medio para demostrarle y hacerle sentir todo cuanto sentía por ella. El resto seria cosa de hablar, pero… Los sentimientos se basaban en hechos más que en palabras; y nosotros, ambos, éramos demasiado nuevos en esto como para decir un TE AMO y no pensar o sentirlo hueco.
A lo largo de mi vida había aprendido que había millones de diferentes variantes de amor pero el que sentía por ella era el más difícil de demostrar.
La besé intensamente mientras una de mis manos se afianzaba junto a su rostro apoyando allí el codo para mantener mi peso, y la otra comenzaba a buscar el camino hacia su sexo.
Hoy no sería el día. Pero a partir de hoy tampoco sería aquel que lo impediría. Planearía algo especial para ambos. Algo que recordaríamos toda nuestra vida estuviésemos juntos o no.
Acaricié con lentitud aquella pequeña protuberancia que tanto placer causaba terminando por tenderme una vez más sobre ella y escondiendo mis caderas para que no tocara mi muy ansioso y necesitado miembro.
-Ed- suspiró.
Y ese simple y pequeño suspiro me llegó completamente al alma.
-Sshh- yo sabía que era lo que quería decir-. Hoy es para ti pequeña.
Frunció el ceño e hizo u adorable puchero y sin contenerme le besé ambos. La vi abrir la boca para hablar, pero el sonido murió antes de comenzar ya que yo moví adrede mis dedos hacia su entrada introduciendo dos de ellos en un solo movimiento, disfrutando ampliamente de cómo sus paredes cálidas me apretaban y estimulando directamente aquel punto que sabía le causaría un delirio de placer.
-Ed… Yo… Ed… Oh…- decía y repetía casi incoherentemente de forma entrecortada por los suspiros y gemidos de placer que emitía.
Sentía como si todo pasara en cámara lenta en estos momentos. Guardando fielmente flashes de nosotros en mi memoria para deleitarme con ellos a través del tiempo y distancias. Los recuerdos no te los roba nadie y de los buenos momentos hay que tener varios. Sentía una melodía surgir en mi cerebro, una nana perfecta para este momento y  todos aquellos similares que tuviera con ella. Ella era mi musa, siempre lo había sido. Siguiendo sus pasos a donde quiera que iba como si mis pies y mi cuerpo se negara ante la posibilidad de otra opción.
-¿Sabes que te quiero, verdad pequeña?- dije sin poder contenerme, frenando mis movimientos y mirándola con intensidad.
No sé qué logró ver en mis ojos, pero en los de ella vi absoluta comprensión, miedo… Y algo más que no llegué a identificar.
-Sí, Ed, lo sé. Y sabes que yo también… Yo también te quiero Ed… Mucho… Demasiado- dijo.
Casi me congelo cuando la escuché decir aquello con aquella gran intensidad en su mirada. Casi.
Sin embargo hice lo que aquel momento me apremiaba a hacer, que fue reclamar su boca tratando de con cada movimiento revelarme un poco más ante ella. La sensación era deliciosa en todo el sentido de la palabra.
Comencé a acariciarla en serio en su femineidad mientras ella me acariciaba con ansias mi pecho, mis brazos, mi cuello, mi rostro… Mi boca.
En el momento culminante de su placer ella no cerró los ojos sólo contrajo su cuerpo, pero los ojos, esos cristalinos pozos chocolate estaban clavados en los míos, demostrándome sin barreras el placer que le había causado. Aun cuando sus espasmos habían arremetido nuestras miradas no se desconectaban. Estábamos en nuestra propia nube, en nuestro propio mundo. La conexión era casi tangible y por un momento… Por un momento sentí que ella podía ver la magnitud de mis sentimientos con absoluta claridad, como si me viera el alma.
Fue un momento sumamente mágico. Un momento que recordaría por siempre.
Después de no sé cuánto tiempo ella alzó una de sus manos y me acarició la mejilla de manera tierna, como cuando de chicos intentaba consolarme por algo en silencio, siempre fue mi soporte incluso en mi silencio. Pasó el revés de su mano unas cuantas veces mirando su propio movimiento y luego volvió a mirarme a los ojos y sonrió. Esa sonrisa era la más espectacular que le hubiera visto jamás. Era tan cálida, tan… indescriptible para quien no la viera. Y era mía.
Lentamente levantó su rostro hacia el mío y me dio un beso tan ligero y suave como el respiro de un ángel.
-Bella yo…
No sé qué es lo que quise empezar a decir, yo sólo dije aquello sin pensar. No sé si quería terminar así con todo esto y declararle todo lo que sentía por ella o tan sólo decir alguna burrada de las mías. No lo sé y nunca lo sabría porque ella ni siquiera me dio tiempo para pensar en ello. Simplemente colocó u dedo sobre mis labios y besó de nuevo aún sobre él.
-Shh… No hables- dijo bajando y acomodándose en mi pecho muy cerca de donde mi corazón latía casi de manera estrepitosa- Sólo, sólo quedémonos así un rato ¿Quieres?
Me costó un par de segundos y otros cuantos carraspeos, pero al fin logré encontrar de nuevo mi voz.
-Seguro pequeña. Lo que quieras- dije besando su coronilla.
No supe cuándo pero de pronto desperté con un cosquilleo en los labios. Un beso. Rápidamente flashes de todo lo sucedido en el día de hoy volvió de golpe a mi mente aun embotada por el sueño. Abrí los ojos de golpe para encontrarme a una muy sonriente Bella enfrente de mi rostro y prácticamente encima de mi cuerpo. Bueno ese era un despertar que me encantaría tener todos los días de mi vida, pensé esbozando una tonta sonrisita en mis labios.
-Levántate dormilón… Ya es tarde- ¿Cómo? ¿Tarde?
Giré mi rostro para ver por a través de la ventana… Nada. Y me refiero a que no se veía nada. Estaba totalmente oscuro. Mierda
-Mierda.
-Lo sé. Nos quedamos sumamente dormidos y ya casi son las 9 de la noche. Yo acabo de despertar. Charlie no tarda en venir.
-Mierda.
Parecía que era lo único que podía decir.
-Exacto. Ni siquiera puedo poner de excusa como que haremos maratón de películas porque mañana es día de instituto… Y ya sabes lo que Charlie piensa de las distracciones entre semana.
Sonreí. Si tan solo supiera que tipo de nuevas distracciones llevaba su hija ahora ¡Joder Cullen! Este no es momento para andar pensando en eso. Si el jefe Swan te encuentra en estas fachas y con esa estúpida sonrisa en tu cara sabrá de inmediato que algo está pasando ¡Y adiós a tanto permisito de salida con ella! Uffff… Hora de partir.
En eso estaba pensando cuando sentimos a un auto estacionarse lentamente frente a la casa.
-Mierda- dijimos los dos saltando de la cama.
No sé como pero en cuestión de segundos Bella estaba completamente cambiada con otra ropa, sólo unos pantalones holgados de chándal y una remerita ajustada al cuerpo que debe de ser de cuando tenía catorce. Yo en cambio me encontraba tan nervioso que apenas si podía meter los pies en las zapatillas.  Bella corrió a abrir las ventanas de su cuarto y el aire puro fue más que bien recibido para disipar mi nube, y luego corrió al baño mientras el sonido de la llave abriendo el cerrojo ¿Cuándo habíamos puesto el cerrojo? Me encogí internamente al no saber la respuesta. Bella volvió con la cara lavada y el pelo atado en una coleta alta- de seguro fue un caso imposible desenredarlo a tiempo-, tomó como si nada unos libros de ciencias y encendió el ordenador- que era más viejo que mi abuela debería añadir- dándole unos pequeños golpes al modem para que activara más rápido, increíblemente… Funcionó.
-¡Bella ¿Está Edward en casa?
No quisiera admitirlo, pero temblé al escuchar una nota desaprobatoria en su voz.
-¡Sí, papá! ¡Estamos en mi cuarto viendo algo en internet!
Se escucharon sus pesados pasos por la escalera mientras yo internamente me encontraba rogando como una niña que se hubiera acordado de dejar la pistola guardada como todos los días. Y… Aunque no lo crean i monstruito se encontraba en iguales condiciones.
-¡No jodas! ¡Nos va a hacer picadillo! ¡Y aún ni lo hemos hecho!
Ok. Tenía razón. Mierda.
La puerta se abrió y para este entonces bella estaba tranquilamente frente a la pantalla con una imagen gigante de una célula frente a ella y haciéndose la que comparaba con el libro que tenía. Y yo… Bueno yo estaba sentado a su lado, pero más tieso que un palo y más nervioso que un ladrón acorralado.
-Hola chicos… Bella, es tarde- dijo inspeccionando ligeramente el cuarto. Sé que miró la cama arrugada y la ventana abierta más de lo común pero no acotó nada al respecto.
-Oh, es cierto. Lo siento. Reneé no vendrá a cenar… Está en la casa de Esme viendo no sé qué cosas para mi vestido de graduación y aviso que cenaría allá.
¿De en serio? ¿Y cuándo se había enterado de eso?
-Oh, bien.
-Enseguida preparo la cena- se giró hacia mí- Edward ¿Quieres quedarte a cenar?
-Eh, no mejor no… Es cierto ya es tarde y me quiero acostar temprano para mañana.
-Bien- acotó Charlie mirándome raro.
Un escalofrío recorrió mi espalda.
¡Hey! No es que fuera un cobarde… ¡Pero el tipo era un policía con permiso de arma por todos los santos y yo el afortunado que se estaba metiendo con su hija!
-Bien- dije poniéndome de pie-. Mejor me marcho. Hablamos mañana Bella- dije mirándola intensa y fugazmente.
-Oh. Te acompaño.
-Bien, yo iré a cambiarme- acotó Charlie mirándonos a ambos.
Me alegré de no hacer el ridículo buscando mi mochila porque la verdad era que la había dejado en el auto.
Llegamos a la puerta y Bella la sostuvo hasta que pasé. Una vez fuera me giré mirando que nadie nos viera y me acerqué rápidamente para robarle un muy buen beso de buenas noches que ella devolvió gustosa relajándose entre mis brazos.
Lamentaba sobremanera no poder prolongarlo pero…
Me separé.
-Mañana hablaremos pequeña.
Ella asintió aun con los ojos cerrados. Los abrió y me regaló una sonrisa idéntica a la de antes de dormirnos que causó que mi corazón se saltara un latido.
-Ad… Hasta mañana Ed.
-Hasta luego Bella- dije lleno de diversos significados que esperaba que ella fuera viendo y sintiendo de a poco.
Me obligué a dar media vuelta y me dirigí a mi auto. Feliz de ahora no tener que esconder de nadie la alegría reflejada en mi rostro.
Mañana sería un gran día.



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