29 de mayo de 2012

El Infierno tras su Mirada... capítulo 5


EL INFIERNO TRAS SU MIRADA


CAPÍTULO 5


DISCLAIMER: Los personajes pertenecen a S. Meyer y la historia es de mi autoría.

AVISOS PREVIOS: Escenas explícitas de; Violencia, violación, lenguaje adulto, perversión, maltratos… y derivados.

N/A: Este fic será oscuro y verdaderamente crudo. Para mí es simplemente es una historia más de las que rondan en mi cabeza, pero si a alguien le afecta en mayor medida todo lo anteriormente mencionado le aconsejo que se retire antes de siquiera comenzar. AVISO porque NO quiero RECLAMOS ¿OK?

***


Capítulo 5

―Vámonos ―dijo Carslile entonces con un tono de antiguo dictador romano.
Una orden.
Un mandato.
Y los súbditos paganos representaron a la perfección sus tristes y estúpidos papeles en aquella obra de pantomima en la que no eran ni hacían más que el capricho de su titiritero.
Cayo agachó la cabeza desviando la mirada. Esquivando el ver a su majestuoso hermano partir cual pavo real mientras se llevaba a su más grande joya. Su obra maestra. Su creación de perversión. Su juguete.
Su diamante en bruto sexual.
Victoria, quien se hallaba a punto del desmayo, se encontraba patéticamente manteniendo a raya los sollozos para no enfadar aún más al hombre que le había marcado la vida mientras que, internamente, amasaba y abrazaba con gusto infinito aquel sentimiento de un odio frío, letal, y puro en su maldad contra aquella rata de alcantarilla Bella Swan.
Pero…
Isabella a todo esto tan solo atinó a ordenar –no supo como- a su cuerpo que siguiera las ordenes dadas. Ya no importaba lo que fuera. No importaba nada.
Ella ya no tenía nada de sí que defender. Nada más que proteger. Así que solo se limitó a hacer lo que mejor sabía… callar, reprimir y obedecer.
En aquel mundo vacío; rezumante de codicia y odio; de maldad y crueldad en su más fino elemento; aquel mundo de sueños rotos y deseos perdidos en el tiempo, esperanzas pisoteadas y anhelos convenientemente olvidados. En aquel infierno terrenal solo una cosa era leyenda… “Uno a nadie importa… y después de un tiempo ni siquiera te importas tú”.
Sí. Exacto. Tal cual.
En cuanto uno ingresaba a esto se hacía escalofriantemente evidente que a nadie le importabas más que un chicle pegado en un zapato. Allí nadie se encariñaba puesto que nadie sabía cuanto iba a durar. Tener sentimientos en este mundo era un suicidio para quien lo sentía, un homicidio para quien se quisiera y un genocidio para quienes lo supieran.
Y, luego de un tiempo, te encuentras; te hayas tan pero tan hundido en aquella mierda revuelta que no logras ni quieres reconocerte a ti mismo y a lo que un día fuiste, en ese momento es cuando tú mismo dejas de importarte y solo eres una triste sombra o títere de lo que otrora fuiste.
¿Quién eres cuando no quieres recordar tu pasado, no sientes tu presente y no piensas ni quieres tu futuro? ¿En que te convierte eso?
Pensamientos errantes de un alma confusa, de una mente perdida, de un ser condenado y marginado.
.
.
Una vez ya a medio camino por el pasillo Carslile se detuvo para mirar por sobre el hombro al escuchar un leve jadeo casi inaudible de la chiquilla desnutrida de la que se había hecho acreedor y que había eclipsado sus sentidos nada más verla.
Y lo que vio tras de sí lo hizo enfurecerse a niveles desconocidos para él.
En un rápido, y bastante desesperado, movimiento Isabella fue sorprendida por Cayo un paso antes de salir completamente de allí.
Él aplastó su cuerpo de manera brusca contra la pared, encimando el suyo de manera asfixiante. Logrando que la pálida joven soltara un jadeo al expulsar de golpe todo el escaso aire de sus pulmones.
El saqueo a su boca no lo hizo mejor.
Su lengua se introdujo con fuerza hasta el fondo de su boca y sus manos tiraron con rudeza de sus cabellos.
Él la deseaba maldita fuera.
Él simplemente no podía dejar que se fuera así como así. No sin poseerla de nuevo. No sin profanar aquel dulce, tierno y delicado cuerpo otra vez.
Un empujón lo hizo tambalear hacia atrás.
―ES-MÍA ―susurró a Carslile con extrema frialdad― ¡Con un demonio Carslile! ¡Déjame follármela una vez más! ¡Vamos hermano, solo una puta vez más! ―gritó Cayo desesperado al ver a su droga a un paso de partir.
El hombre estaba ya fuera de sus cabales. Su raciocinio estaba completamente eclipsado. No, él ya no podía pensar; no cuando su droga más preciada le estaba siendo vilmente arrebatada ante sus propios ojos.
No era por su cuerpo, no era por su edad… la droga que Isabella sin saberlo poseía y que lo atraía como la luz a la polilla era algo exótico en aquel mundo.
Su inocencia.
Cayo era completamente adicto a su inocencia y al hecho irrefutable de siempre poder quebrar lo que quedaba de su alma un poco más… era por eso por lo que no podía simplemente hacerse a un lado para dejarle partir como debiera de hacerlo al tratarse de su hermano a quien retaba.
―Cayo… suéltala, ahora ―dijo el hermano mientras llevaba la mano nuevamente hacia aquel bolsillo del pantalón que al parecer ya todos los presentes conocían tan bien.
Cayo lo notó.
De manera renuente y bastante brusca la soltó de golpe, haciendo que ella tropezara y cayera contra la pared contraria del marco de la destartalada entrada.
Un destello.
Un grito.
Un gemido de pura incredulidad.
―Nunca-vuelvas-a-tocarla… ‘hermano’ ―escupió Carslile tras acercarse a una velocidad casi rayana en lo sobre humano―. Ella es mía ahora… Y a diferencia de ti hermanito, yo sí cuido de lo mío Cayo ―le dijo a él para luego girar su cabeza mirando hacia ella con desprecio―. Levántate de una vez ―ordenó a la joven quien al haberse dado la cabeza contra el filo del marco tenía la visión un tanto borrosa.
Al parecer el hombre notó el desenfoque de su vista porque, aunque se mostró evidentemente hastiado, terminó acercándose hacia ella para tomarla fuerte y firme del brazo y levantarla del sitio mientras que ella luchaba con gran esfuerzo por pararse derecha y mantenerse de pie en su lugar, sintiendo como sus débiles piernas amenazaban con traicionarle.
A pesar de que él también notó aquello, notó como su cuerpo se estremecía sin el soporte de su ayuda, él la dejó allí para terminar de ajustar claramente el pequeño monumental error anteriormente cometido.
Con una rápida sacudida él quitó el sobrante líquido carmesí de la hoja y luego se acercó a su herido hermano para terminar de limpiarla en sus ropas.
―Verás. Hay una gran razón por la cual muchos me temen y de ti se burlan… Determinación. Partamos del hecho de que cuando digo algo, lo cumplo. Yo no amenazo, yo advierto. Y lo mío -en cualquier sentido de la palabra- lo cuido Cayo, tú no… Tú explotas cada cosa que tienes hasta que ya no sirve, la arruinas antes de tiempo, dejas amenazas vagas dándote de matón con quienes sabes de antemano no pueden enfrentarte como por ejemplo esta pequeña mocosa desnutrida que no podría ni pegarte sin romperse un hueso. En cambio, he sabido que has perdonado deudores de cuentas por descubrirte en ciertos trabajitos o por el simple hecho de que te han traído algo de sustancia cuando podrías perfectamente hacerlos pagar y comprarte por tus medios dichas cosas. No hermano, no te pido que aprendas pero sí te exijo que respetes… a mí me respetas o saldrás lastimado ―dijo el hombre terminando por esbozar una sardónica sonrisa al ver en su hermano la creciente y conocida mirada de odio hacia él―. Espero te haya quedado claro… porque ésta fue tu advertencia.
Sorpresa.
Bronca.
Odio
Cayo no pudo decir nada ya que sabía que en el momento en el que abriera la boca saldrían las palabras erróneas, palabras de furia largo tiempo contenidas que lo llevarían demasiado pronto a su fin. Así que tan solo se quedó allí, tirado en el piso mientras sostenía en con la mano derecha su antebrazo izquierdo sintiendo como la humedad que manaba desde el interior de su cuerpo se escapaba por entre sus dedos.
El tajo en sí no era muy grande, apenas unos ocho centímetros de largo serían, pero el corte fue limpio y hondo por lo que la sangre tardaría tiempo en dejar de brotar y siempre y cuando él se diera los cuidados necesarios que obviamente su hermano el sabiondo no le daría.
Cayo hervía de furia.
Siempre a la sombra de su padre.
Siempre a los pies de su hermano.
Los odiaba.
Los odiaba a ambos.
Siempre exigiendo más de él.
Siempre haciéndole notar cuanto desprecio sentían de que él no hubiese salido como ellos.
Siempre dejándole saber que él no era nada en comparación con ellos.
Siempre subestimándolo.
Siempre. Jodida-mente SIEMPRE.
El resentimiento y odio de Cayo era tan profundo a esta altura que se juró en lo más hondo de sí que se cobraría todas con ellos. Una-por-una. Sí, solo así alcanzaría a tener la paz consigo mismo… eso y que así conseguiría hacerse con lo más grande de los tan preciados negocios familiares.
Ese sería el golpe de gracia para el maldito de su padre y el muy infeliz de su hermano.
Pensamientos turbulentos y oscuros llenaron la mente del hombre quien sin darse cuenta había puesto una mirada enloquecidamente soñadora mientras miraba a la nada.
A Carslile poco le importaban los murmullos desquiciados de su muy inservible hermano menor. Él tan solo regresó los dos pasos de distancia dados y tomando a Isabella por el codo se decidió a salir por fin de aquel lugar que hacía que su reflujo se activara.
Asco.
Podredumbre humana.
Allí, en aquel lugar oscuro y muerto en vida se respiraba la desesperación de los desafortunados, la desesperanza de los ya perdidos en vida… De los muertos andantes, personas sin sueños ni mínimas esperanzas. Y eso era contagioso, él lo sabía.
Aquellos lugares tenían el poder de impregnársete en la piel si no salías a tiempo, casi podrías sentir como la depresión y desazón se adueñaba de tu cuerpo.
Así que eso hicieron.
Dejaron a Cayo allí tirado en el piso mientras con cara de completa locura murmuraba aun agarrándose el brazo en el que tendría ahora su marca de advertencia junto con aquella pelirroja que aun sollozaba por lo bajo pero que no se atrevía a moverse en su presencia, y se fueron.
Caminaron por aquel largo y oscuro pasillo hacia las escaleras que daban a la planta baja, a una zona por detrás de los ordinarios escenarios y, ante la sorpresa de muchos, Isabella fue rudamente dejada en el centro del lugar central que se encontraba despejado de mesas y sillas por ser el momento de la limpieza diaria, para luego -a voz de grito-, escuchar como su nuevo dueño gritaba que alguien trajera rápido a la mocosa rubia de una buena vez.
Sin demora más de uno se apresuró a cumplir el mandato.
Nadie sabía quien era realmente, tan solo que había estado hablando con Cayo y que luego había discutido con éste -todo por la joven que bajó despavorida y regó el rumor de lo vivido en el piso superior momentos antes-, pero su porte y voz de mando evidenciaban que él no era un persona con la cual alguno de aquellos pobres infelices se pudiera meter. Y no lo harían.
A nadie, absolutamente nadie le importaba lo que pudiera ocurrir con aquellas dos pequeñas niñas. A fin de cuentas no era asunto suyo.
El único asunto que todos compartían allí era, sobrevivir.
Y ellos lo hicieron.
Sobrevivieron viendo como ambas niñas eran tomadas fuertemente del codo y arrastradas fuera hacia la extraña luz del día por aquel hombre de cabellos increíblemente dorados que encerrado en aquel lugar daba la apariencia de un ángel vengador.
Ellos se fueron y el infierno siguió. Como si nada.
Dos vidas menos en aquel lugar no eran ninguna diferencia.
Para nadie.


9 comentarios:

  1. me dejas sorprendida y con ganas de masssssssss....Gracias...

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  2. OH BIEN CRUDA ES ESTA HISTORIA ,ME ENCANTO LEERTE,GRACIAS

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  3. O.O ohh ... y ahora????... mmm creo que no todo sera un jardín de rosas con carslile a ella le toca sufrir mucho mas...

    ... prométeme que la harás sufrir mucho mas, porr favorr!!!!

    GRACIAS por otro buen capitulo .... como siempre con ganas de mas!!!

    IXA!!

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  4. pleaseee actualizaa mas seguidoo t lo pidoo pleaseee me tienes al borde de la locura hahhhaah

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  5. Hola buenisimo el capitulo que dificil lo que le toca vivir a Bella me tienes con el alma en un hilo muero por saber lo que le espera ahora con Carlisle espero que no sea igual de bestia que su hermano en espera del siguiente capi
    saludos y abrazos desde México

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  6. Durísima historia!!!, por cierto muy bien escrita, pero durísima. No obstante, te sigo leyendo guapetona.

    Besitos

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  7. que buena historia la sigo leyendo haber q pasara con isabella

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  8. Carlisle también se obsesionó con Bella, pero ya se sabe que no la tratará bien, pobre Bella, aunque por lo que dejó entrever, quizás no la trate taaaaaaaan mal como Cayo, me refiero que quizás dentro de toda la depravación y vejámenes puede que le de un trato un poco más humano, quizás mejor vestida, mejor alimentada
    cariños. sandra

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  9. Pobre Bella ya veremos que le va a pasar :)

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