2 de diciembre de 2011

Descubriéndonos... Capítulo 19

DISCLAIMER
Los personajes pertenecen a S. Meyer y la historia es de mi autoría.



"Atascado"


Prontamente encerré su cuerpo entre el mío y la pared tomando al fin posesión de su boca de manera un tanto ansiosa, casi salvaje diría. Me deleité en cada roce, cada movimiento y sabor de ella; y así, tan pronto como la tomé, la solté. Ya me había arriesgado bastante.
Mi ego y… mmm… otras "cosas", crecieron cuando la vi allí, así, contra la pared-aunque ahora aparentemente era más bien sus soporte para no caerse-, con las mejillas arreboladas y su respiración agitada; con los ojos cerrados y los labios entreabiertos, húmedos e hinchados. Joder, quería volver a besarla. Pero no.
-Em… ¿Bella?- le llamé al darme cuenta de que no reaccionaba.
Ella abrió sus ojos de golpe y me miró frunciendo el ceño con una mirada mezcla entre lo que se diría 'caliente' y furibunda.
Alargó su mano para agarrar en un puño por debajo del cuello de mi remera y tirarme ahora a mí contra la pared contraria a la suya. Claramente no esperaba que fuera eso lo que hiciera, sino que… ¡PUTA MADRE!
Ella clavó sus ojos en mí, ojos que revelaban deseo, lujuria y… Hambre, y luego me dirigió una sonrisa sardónica que me hizo querer temblar antes de sentir que con su otra mano, y sin ningún aviso o reseña por su parte, llevó su mano "allí", justo donde mi deseo era tan patente que latía con vida propia.
Mi cuerpo, en un impulso puramente físico se arqueó contra ella, presionando aun más aquella delicada parte contra su tierna mano, haciéndome apretar los puños para no tomarla allí mismo y los dientes para no proferir un fuerte y hondo gemido. Siseé, porque al parecer eso era lo único que podía hacer.
-¿Bella?
Me congelé.
Ella se sonrojó al percatarse de como por acto reflejo al susto que se llevó, había terminado por hacer más firme su agarre. Creo que sentí deseos de llorar cuando sentí como su mano se retiraba.
La miré.
Ella me miró también, y luego sonrió, sabedora de lo que me había provocado y luego simplemente se giró para dirigirse hacia la cocina de donde había provenido el llamado.
Seeeeeeeee ¡Bruja! ¡Maldita bruja!- siseó el monstruito rojo de ira y mirándola feo cuando partía- ¿Cómo putas puede dejarnos asiiii?- gritó, gimió, lloriqueó mientras con ambas manos se sobaba la zona a reconfortar. Daba pena.
En eso debía concordar.
-Ja! Cómo para no hacerlo… Y dime ¿Cómo vas a ir a saludar a Rennè con esa tienda de campaña que llevas ahora encima y enteramente por su culpa?
Bajé la mirada ¡Mierda! Y… ¿MIERDA!
-Edward, cariño ¡Ven a la cocina!- gritó justo Rennè.
-Voooy- grité en respuesta pensando intensamente en los sonidos que a veces se escuchaban desde la habitación de mis padres…
Brrrrrrr… Asco…
Inmediatamente mi 'problema' desapareció como por arte de magia y un escalofrío recorrió mi espalda por completo. "Esos" eran ruidos que ningún hijo debería de escuchar ni imágenes que se deberían ver. Puaj. Ya era bastante feo ser consciente de como tus padres te procrearon pero… Saber que aún seguían en ello más de veinte años después de casados era… Demasiado.
-Buenos días Rennè- dije yendo a saludarla y viendo como Bella escondía su sonrisa tras su taza de café. Maldita.
-Hola tesoro, buenos días.
-OK, ya estoy- dijo Bella tras dejar su taza en la pileta para lavar- Vámonos.
-¿Tan pronto?- preguntó su madre. Era verdad, aún quedaban veinte minutos antes del timbre de entrada y llegábamos tan solo en cinco. Bella se mordió el labio.
-Sip. Tengo algo que hacer antes- Bella la saludó con un beso y salió pitando hacia la puerta ¿Qué le pasaba?
-Ok ¡Nos vemos Rennè!- dije por sobre mi hombro siguiéndola.
Me alegraba saber que al menos su madre incluso más despistada que ella, ya qu de otro modo hubiera notado de seguro como los labios de ambos estaban completamente rojos y levemente hinchados por el casi furioso beso anterior.
-¡Bella recuerda lo de hoy!- gritó Rennè justo cuando llegábamos a la puerta.
-¡Siiii!- contestó ella terminando con un portazo.
Subimos al auto e inmediatamente fuimos camino al instituto.
Bella estuvo todo el viaje un tanto, extraña. Se mantuvo en silencio y solo se limitó a cambiar de cd y poner el radio justo cuando sonaba de fondo el tema de Creep de Radiohead, un clásico. Tarareó un poco ciertas partes de la letra, pero luego se quedó sumida de nuevo en su silencio. En su mundo.
Hoy estaba algo 'rara'.
Por fin llegamos al aparcamiento, donde aproveché para estacionar en un lugar cercano a la entrada aprovechando el hecho de que prácticamente no había ningún auto todavía.
-¿Edward?- me llamó aun sin mirarme.
-¿Sí?
Vi que comenzó a decir algo pero antes de que cualquier palabra saliera de sus labios ella meneó la cabeza y suspiró… Luego habló.
-Gracias por lo de ayer- no le entendí-, por calmarme, por estar. La verdad es que, por unos segundos… Sí consideré echarme atrás- mi corazón galopó un poco más lento-, pero…- se giró a verme y ya no dijo más, solo se quedó mirándome.
-¿Pero?
Ella no dijo nada más con palabras. Simplemente estiró sus manos y tomó mi rostro acercándolo al suyo hasta posar sus labios carnosos sobre los míos ¿Está demás decir que le correspondí de inmediato? ¿No? Bueno, lo hice. Era casi como si mi cuerpo se complementara con el suyo, dándole sin pedidos ni demandas todo lo que ella necesitara de mí.
Nos besamos de manera suave, lenta, pausada, a cada paso descubriendo una faceta nueva de nosotros mismos, o al menos esa fue mi impresión… Algún día le preguntaría a Bella que sentía ella en estos momentos robados conmigo.
Todo muy bien y lindo; hasta que recordé donde estábamos.
Aparentemente no había pasado mucho ya que solo había unos cuantos autos más, pero bueno, no creí que a ella le gustara levantar sospechas o especulaciones de nosotros que en verdad no eran, o que al menos el resto no debieran saber todavía.
Lentamente separé mis labios y pegué mi frente a la suya, mirándola, observando encantado como batía sus párpados hasta lograr abrirlos para luego enfocar sus orbes chocolates en los míos.
Ninguno dijo nada pero en el ambiente podía sentirse como algo nuevo y extraño iba creciendo, como algo nuevo nos hacía tomar mayor y verdadera conciencia el uno del otro.
-Edward yo…- coloqué un dedo sobre sus labios. Sea lo que sea que fuera a decir sin duda no sería lo que yo quería escuchar. No todavía.
-Sshh…- ella me miró interrogante- Hablaremos luego ¿De acuerdo?
Ella, muy seria ahora-incluso diría que demasiado- se separó un poco, y asintió.
-Bien- sonrió tal y como siempre- ¿Vamos?
-Vamos- dije antes de bajar del auto y correr a abrirle la puerta ante lo cual bufó sonora y graciosamente para luego rodar los ojos y negar con la cabeza.
Bajó del auto y antes de que echáramos a andar me detuvo.
-Ed… -suspiró- Sé que a ti te molestó el hecho de que te dijera que sí quizás probaría también con otros- yo inconscientemente me sentí endurecer la quijada- Así que…- respiró hondo y me miró fijo- No lo haré. Quiero que sepas que no lo haré.
-¿Eh? ¿Por qué?- pregunté sin poder contenerme.
No me malentiendan. Me encantaba que esas palabras salieran de su boca pero ¿En verdad? Bueno, en verdad quería ver, o más bien saber, el trasfondo de aquella repentina desición.
-No lo sé… Aún- dijo bajando la mirada-. En verdad no lo sé. No sé bien que es lo que está cambiando, no puedo seguirte el ritmo y, creo que por eso vino todo el arrebato de ayer, el miedo. De pronto, al pensar en ella, me imagino a mí misma con alguien más, así, y… Sólo… No lo sé, de pronto ya no me pareció 'correcto'…- dijo mientras terminaba de apoyarse sobre el coche y negaba con la cabeza.
Yo no… Yo solo…
No podía pensar. Me la quedé mirando y no podría decir si mi mente estaba en blanco, o en verdad estaba tan revuelta que no podía encontrar nada en particular. Mucho menos hablar.
Finalmente después de unos cuantos segundos que parecieron infinitos, ella enfocó su mirada en la mía y, no sé qué vio… Ella tan solo tendió los brazos hacia mí y me abrazó con fuerza de la forma más tierna que lo hubiera hecho jamás.
No me preocupaba de nada, no era consciente de nada y tampoco quería serlo, no ahora. Y sin embargo el tiempo y las circunstancias suelen ser de lo más crueles.
Como era de esperarse algo nos interrumpió.
El sonido del timbre de entrada nos sobresaltó a ambos haciendo que nos alejáramos.
Todavía algo aturdido miré alrededor y noté que había ya varios estudiantes, varios de ellos mirándonos con poco disimulo. Y, entre ellas, varias de las chicas con las que había estado en algún momento con verdadero enojo en sus rostros frívolos, sólo algunas. Más allá de ellas, estaba la duende.
Me enfoqué de nuevo en la hermosa persona que tenía delante cuando sentí su tibia mano en la mejilla. Bella se puso en puntas de pie y me dio un ligero beso en la comisura de mis anhelantes y deseosos labios, mientras que yo sin poder evitarlo le apreté su cintura para que el beso durara apenas un segundo más. Abrí grande los ojos después ¿Qué estaba haciendo? Me miró risueña.
-No me importa ed. No contigo. Si quieren pensar que somos algo más allá de la amistad, allá ellos… Y ellas- dijo enarcando las cejas al estilo Emmet.
Y yo no pude hacer nada más que reír. Reí fuerte y con ganas. Estaba verdaderamente extasiado.
Aun riendo la tomé de los hombros para abrazarla de lado y le planté un sonoro y hasta chistoso beso en la coronilla.
No éramos nada. Ella no me amaba… Todavía… Pero claramente estaba más que contento y satisfecho de cómo las cosas se estaban dando. Si el resto pensaban que éramos algo más serio, o incluso formal, allá ellos, mejor para mí. No lo éramos- y no precisamente porque yo no lo quisiera-, pero la sensación de que algún día lo seríamos era cada vez mayor. Sólo esperaba, anhelaba que nada se interpusiera. Nadie.
Comenzamos a caminar así, abrazados hacia dentro y yo no podía borrar la estúpida sonrisa que tenía al parecer tatuada en el rostro. Ja! Ni quería hacerlo ¡Estaba feliz! Ella sólo se limitaba a mirarme sonreír y negar con la cabeza, como escondiendo algo. A pesar de que mi mente y mi monstruito – el cual por todo esto se había desmayado hacía rato incapaz de soportar la cantidad de emociones que me embargaban y la intensidad de las mismas y apenas recién reaccionaba- que ahora parecía estar saltando en lo que parecían coloridas nubes de algodón; me obligué a buscar las palabras correctas para hablar, con voz un poco ronca eso sí.
-Pequeña.
-¿Mmhh?
-Recuerda que tenemos que hablar a la salida ¿Ok?
Ella hizo un adorable puchero y frunció las cejas. Se veía chistosa. Luego para mi desconcierto me sacó la lengua como niña chiquita.
-Si serás malo. Ahora estaré todo el día pensando en ello.
Volví a reír. De pronto parecía no poder parar de hacerlo.
-Pues te aguantas- le dije soltándola y corriendo el tramo que faltaba para entrar al salón donde la clase de biología del señor Banner estaba a punto de comenzar y donde más de una mirada provenientes de nuestros compañeros se clavaron en nosotros. Bella vio como algunos y algunas miraban, pero hizo caso omiso y me pasó de largo hasta llegar a nuestro banco de siempre. La imité.
La clase comenzó. Las clases siguieron. Y al fin, al fin terminaron. Por fin el día tocaba a su fin.
Guardé velozmente todas mis cosas en mi mochila y salí pitando a esperar a que Bella saliera de la suya. Sí, justo en la última hora estuvimos en clases separadas. Aunque creo firmemente que ella se llevó la peor parte, ya que esa hora la compartía con la querida y entrometida Alice.
Justo a tiempo.
-¿Todo bien pequeña?- le dije al verla salir, rodeando automáticamente sus hombros con mi brazo libre. Era algo de lo más cómodo estar así con ella.
-Mmhh… ¿Nos vamos ya?- contestó ella rodeando mi cintura con el suyo.
-Owww ¡Qué tierno! Oh, y claro, yo estoy bien también hermanito, gracias por preguntar- dijo la aguda y molesta voz de la duende detrás nuestro-. No molestes enana- grité sin girarme. Bella sonrió e hizo más fuerte su agarre.
-¡Nos vemos Alice!- gritó ella levantando la mano.
-¡Recuerda lo que te dije Bellita!
Vaya que era pesada mi hermana, pensé un poco molesto. Aunque… No es que quisiera excusarla ni mucho menos, pero bueno, sin duda el hecho de que ninguno de nosotros dos le diera el mínimo pie o permiso para entrometerse y no supiera el 100 % de la información la dejaba bastante frustrada y molesta por lo que se veía. Bahhh. Decidí no enfocarme más en ello y seguir y concentrarme en lo que debía de hacer ahora.
-¿Te apetece ir al claro? ¿O preferirías ir a otro lugar?- le pregunté al oído sin dejar de caminar.
Ella meditó unos segundos y luego dijo.
-Seguro. Al claro.
Saludamos de pasada con la mano a los chicos que estaban apoyados a unos metros de nuestro coche, de seguro esperando a Alice, y me importó una mierda la mirada burlona de Emmet, la enojada de Jasper, y la hastiada de Rose. Subimos al coche y aceleré a fondo para salir pitando de allí lo más rápido que pudiese.
Era como si nadie pudiese entrar a la burbuja particular que habíamos creado a nuestro alrededor. Éramos, felizmente, sólo nosotros dos.
Una media hora después y tras haber parado en la casa de Bella en busca de una manta y algunos bocadillos, nos encontrábamos por fin entrando a nuestro muy amado claro. Nerviosos, curiosos, sí, ambos.
De pronto mi boca se secó y las palabras volaron de mi mente sin poder llegar a retener ni siquiera una ¿Ahora que carajos decía?
Toda la "casi" seguridad que me había acompañado hasta ese entonces se evaporó, sólo así ¡Puf! Dejándole la puerta totalmente abierta a la maldita incertidumbre.
Bella ya había caminado hacia el centro del claro y había tirado y estirado la manta para sentarse sobre ella sin ensuciarse con el típico barro del lugar tras las cotidianas lluvias. Lucía completamente serena… Y, muy hermosa. Creo que no fue hasta ahora que había reparado en lo que hoy llevaba. Era algo simple en realidad, tan sólo un jean algo desteñido y ajustado, con las clásicas zapatillas deportivas que lucían a la perfección sus largas y estilizadas piernas, y arriba, una camisa sin mangas en un color añil que resaltaba el cremoso y marfileño tono de su piel. Toda ella así, tendida sobre la manta abrazando sus piernas mientras miraba hacia adelante, con la brisa fresca y tenuemente perfumada del lugar por las flores que llenaban el lugar era algo… Sublime a mi vista. Su pelo rebelde sujeto en una coleta alta, se movía incesantemente, al igual que unos cuantos mechones sueltos que se negaban a dejarse sujetar y que terminaban enmarcando su rostro de una manera deliciosa. Las flores la rodeaban haciendo el momento ideal para una foto, era una lástima que no tuviera la cámara e estos momentos, así que hice lo único que pude hacer. Traté de memorizar en mi mente cada glorioso detalle de su persona, de su hermosura, del entorno, todo, y luego cerré unos segundos los ojos para grabarla lo mejor que pudiera en mi cerebro, en mi retina… En mi corazón.
-¡Hey!- me llamó ella.
De tan perdido que me encontraba, no había notado que me había quedado estático en el borde, justo junto a los árboles, así, cubierto por sus sombras.
Sin animarme a entrar. Sin animarme a huir.
Justo en el medio de todo. Justo en el medio de lo que había sido y de lo que podía ser. Dependiendo de lo que me decidiera a hacer. Atascado en la mitad. Atascado en la decisión.
Era hora ¿Pero de qué?
¿Esperar o avanzar?
La miré y di un paso adelante.
Mi resolución se afirmó.
Era hora.


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