5 de enero de 2013

el infierno tras su mirada... cap 10


EL INFIERNO TRAS SU MIRADA

DISCLAIMER: Los personajes pertenecen a S. Meyer y la historia es de mi autoría.

AVISOS PREVIOS: Escenas explícitas de; Violencia, violación, lenguaje adulto, perversión, maltratos… y derivados.

N/A: Este fic será oscuro y verdaderamente crudo. Para mí es simplemente es una historia más de las que rondan en mi cabeza, pero si a alguien le afecta en mayor medida todo lo anteriormente mencionado le aconsejo que se retire antes de siquiera comenzar. AVISO porque NO quiero RECLAMOS ¿OK?

***

CAPÍTULO 10

***


Habían pasado ya más de tres horas cuando un ligero golpe en la habitación la sobresaltó de su duerme vela -no quería estar completamente dormida por estar alerta para cuando la pequeña Jane regresara. Porque en algún momento debía de volver ¿verdad?

Cautelosamente -sabiendo por la manera confiada de tocar en aquel lugar que no se trataba de ella-, abrió la puerta y vio lo que fuera que le aguardara al otro lado.

Un joven de aspecto pulcro y ya algo mayor que ella le esperaba pacientemente mientras ella lo miraba. Acomodando lo que parecía ser una enorme bandeja entre sus manos.

― ¿Me permite pasar señorita?

La voz del joven transmitía inmediatamente una extraña sensación de calma. Una calma semejante a la de una persona que le habla a un animal asustado, acorralado.

"Buena analogía" –pensó Isabella al tiempo que, casi por inercia, se hacía a un lado y le permitía el paso.

Su edad no la engañaba. Tampoco su aspecto. Su mirada, la manera de moverse, de estudiarla. Ella sabía. Simplemente había algo dentro de ella que él la estudiaba tanto o más que ella a él, cosa que demostraba a su vez que -a pesar de sus muy estudiados y controlados movimientos-, él venía de su mundo. No que solo había estado, sino que se había criado en él, lo había visto, lo había sentido, respirado e incluso probado, estaba segura de ello; él era así, como ella y como tantos otros pobres infelices.

―Buenas tardes. Mi nombre es Jasper. El amo me ha pedido que le traiga comida y líquidos hoy y mañana y que viera y le preguntara si hay algo que necesite.

No entendía. En verdad que no lo hacía. ¿Acaso estaba soñando? ¿Qué era esta farsa de tratarla como una señorita y ofrecerle cosas con toda la elegancia y el respeto cuando ella no era más que una puta -en el sentido más literal de la palabra- y una prisionera?

― ¿Y si te pido un poco de coca para olvidar donde estoy y lo que soy? ¿O si te pido que me mates sin remordimientos o que, en su defecto, me des algo para hacer yo misma el trabajo, lo harías?

Tuvo que hacerlo. Tuvo que probar.

Jasper no vaciló. No se conmocionó por aquellas duras y crudas palabras salidas de la boca de una pequeña que no debiera ni siquiera conocer el sentimiento. Podía sentir el dolor y la tristeza impregnadas a fondo tras cada una de ellas y, si fuera alguien un poco más débil, sin dudas le habría afectado lo suficiente. Quizás hasta hubiera cedido a alguno de sus pedidos. Pero no lo era. No había sobrevivido a toda esa mierda siendo un estúpido mocoso débil y mucho menos teniendo compasión de otros cuando nadie, absolutamente nadie la había tenido para con él y su hermana. Allí uno no se podía dar ese tipo de lujos porque, era algo simple, la regla de la vida que la sociedad podrida y profana intentaba tapar. Era la ley de la naturaleza que regía en lo más hondo del sistema de cada uno en el momento de mayor adversidad.. Era la supervivencia del más apto. La supervivencia del más fuerte. Del más inteligente. Del más capaz. Tal y como en la jungla subsistían los animales, así era allí para ellos también. Ellos eran los pequeños desperdicios animales de la putrefacta sociedad. Lo que nadie quería ver. Sí, sin lugar a dudas allí también regía esa regla y era así porque, en aquel purgatorio, aquel infierno era su selva de cristales y cemento, la yuxtaposición de realidades abstractas... allí, donde vivía el animal más peligroso de todos. El humano.

Jasper respiró.

―Por como me miras y lo que dices sé que entiendes que yo sé TODO lo que pasa aquí y que de seguro te cuestionas si estoy en tu misma condición o si te podría llegar a ayudar. La respuesta a ambas es no. No estoy aquí retenido como tú y NO, no te puedo ayudar de ninguna forma porque con ello podría perder esta endeble libertad ganada. Espero entiendas porqué no querría verme obligado a informar nada que pudiera traerte verdaderas... consecuencias.

Claro. Conciso.

Los límites se habían dicho.

Extrañamente Isabella sabía que por él no haría nada. No se sentía con el derecho de arruinar a conciencia la libertad de nadie a este infierno de submundo y, este chico... este chico le daba algo de paz. Algo de tranquilidad. Una falsa pantalla de apoyo.

―Entiendo. No te meteré en problemas si puedo evitarlo pero, creo que entenderás si te digo que no creo que aguante mucho más de esto -suspiró. Un suspiro cargado de un augurio de muerte inminente e incierta― ¿Puedo saber donde estoy? Espera ¿Quiero saber donde estoy?

El joven de indómitos y leoninos cabellos rubios dejó por fin la bandeja que aun cargaba en sus esbeltas y finas manos, comenzando a acercarse lentamente a ella hasta quedar mirándose fijamente frente a frente.

―Estás en el infierno. Lo sabes. El mundo que conoces es el infierno en la tierra, lo sé; pero, debes creerme cuando te digo que hay mucho más que esto allí afuera y que, aunque suene peligroso... aun puedes tener esperanza.

Esperanza. La peor blasfemia que se le podía decir a alguien en su situación.

La reacción de la joven fue la esperada. Una mezcla de sorpresa y traición. Una mezcla absurda de indeseado anhelo y completa amargura.

Una reacción más que impropia de alguien de su edad pero tan apropiada para alguien como ella. Para alguien que ha vivido lo que ella.

― ¿Por qué? ¿Por qué quieres que me haga una vaga y tonta ilusión que me terminará matando de la peor manera? Ah ¿Es por eso acaso? Eso es... demasiado cruel. Eres peor que todos ellos. Si sabes lo que es estar aquí, así... deberías saber... ¿Por qué quieres hacerme creer en lo único que en verdad me puede destruir?

―No lamento lo dicho. No lo entenderías. No ahora por lo menos. Eres... diferente. Sí, eres diferente de otros que he visto. Aún no sé si es mejor o peor. Tienes algo, no sabría decir bien qué, pero es algo... ―dijo él mirándola ligeramente extrañado―. Intenta sobrevivir ¿quieres?. un día a la vez pequeña. No estás sola, aunque lo parezca.

A pesar de hablar cara a cara de un tema tan profundo e importante como debiera el de ser el hecho de vivir o no, ellos mantenían las expresiones firmemente atadas. Sus rostros no reflejaban nada. Nada de dudas o temores. Nada de tristezas o derrotas. Nada de expectativas... nada de esperanzas.

Rostros en blanco.

Mentes en caos.

Una mirada.

Finalmente Jasper se dio la vuelta y salió de la habitación. El sonido del pestillo al trabar la cerradura de la puerta sonó condenatoria. Sí, una nueva jaula. Una nueva cárcel. Quizás más brillante y elegante, pero ella sabía que estas en definitiva erran las más engañosas. Eran aquellas que te deslumbraban con su fulgor mientras que uno, enceguecido, obviaba el hecho de la tortura implícita. Eran aquellas que te encandilaban, atándote a la vida cuando en realidad anhelas la muerte. Porque, la elegancia y el glamour, tan solo existían para ocultar las más grandes y desconocidas perversiones. Dejándote vencido perdido ante ellas.

Isabella entonces quedó allí, de pie, mirando la puerta cerrada igual que los treinta minutos anteriores. Su mente bullía en probabilidades ilusas.

Esperanza.

Qué crueldad.

¿Por qué habría de tenerla? ¿Por qué habría de tenerla alguien como ella? ¿Para qué?

¿Quizás para terminar de quebrarse cuando notara que no servía de nada?

La joven negó con la cabeza y por fin puso su cuerpo en movimiento.

no sabía que hora era. No importaba tampoco.

Se sentía exhausta.

Con asombrosa lentitud fue nuevamente hacia la cama y se recostó con cuidado en ella -aun le dolían los golpes recibidos el día anterior... y también los del día anterior a ese. Incluso algunos anteriores muy mal curados-. No quiso tocar la comida. No estaba segura de lo que hubieran puesto en ella.

De pronto, ya entre la comodidad de las sábanas, comenzó a sentirse muy mal. El cansancio era demasiado. Sus párpados pesaban anormalmente y terminaron cerrándose sin que siquiera lo notase. Su respiración se hizo lenta y pausada. Muy aletargada. Sus músculos adoloridos o no, dejaron de obedecerle.

Era una batalla perdida... y ella se rindió al sueño que la arrastraba a sus aguas mientras se volvía una vez más pequeña en lo más profundo de su mente. Una pequeña acurrucada en el calor absurdo de la soledad. Disfrutando de la cálida y desconocida oscuridad.

Lamentablemente -o quizás afortunadamente, todo dependía de como se lo mirase-, lo que no notó, era que ese cansancio repentino y extremo no era producto del sueño.

Lo que no notó era como un río carmín corría libremente hacia abajo desde su entrepierna y su trasero.

Sumida en el engañoso letargo, no notó el dolor.

Muchas gracias a quienes siguen fielmente cualquiera de mis historias ^^... Sé que estuve ausente un tiempo bastante largo y es ueno saber que aun así están dispuest@s a leerme y a sseguir mis locuras...
Muchos besos y mis mejores deseos en este nuevo año... VOLVÍ!!!! XD 
*Guada*

4 comentarios:

  1. Hola omg no puede ser todo lo que le esta pasando a Bella ojalá alguien se de cuenta de lo que le esta pasando y la ayuden aunque ya no se ni que pensar de el loco mundo donde vive me gustaria saber si Edward va a salir en esta historia al menos eso me daria esperanza de que las cosas pueden cambiar para Bella hasta el siguiente capitulo
    saludos y abrazos desde México

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  2. wow.....me pregunto como sera la reaccion de carlisle cuando descubran que bella tiene una hemorragia......me gusto el capi porfis actualiza rapido que me gana las ansias, besos y abrazos

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  3. waooo me dejo en shock esta historia...
    que sera esa sangre que le corre a bella por la entrepierna... sera que tiene un aborto o algo asi...

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  4. PRONTO SUBE CAPI PLISS... ESTA MUY EMOCIONANTE

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