6 de junio de 2013

UNA HISTORIA CANTADA... EPÍLOGO

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Una Historia Cantada
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EPÍLOGO

"This Love"





DISCLAIMER: Los personajes pertenecen a y la historia es de mi autoria.

N/A: Cada capítulo estará basado en una de las canciones de l grupo "The Veronicas" y llevará la canción adaptada como título.

UNA HISTORIA CANTADA

EPÍLOGO

''This Love''

Era el día.

El lugar estaba lleno a rebosar de gente. Los murmullos y las risas resonaban por doquier.

La alegría crepitaba como chispas en el aire. Pero ellos no lo notaban. No notaban nada más allá de la sonrisa y la mirada del otro fija en su propia persona.

Era el día.

―¿Me concede esta pieza? ―dijo el hombre con la mirada cargada de diversión. De deseo... De amor.

―Por supuesto ―contestó ella tomando el brazo que se encontraba extendido hacia ella.

Ambos caminaron entonces hacia la pista tomados del brazo, perdidos el uno en el otro como ya era habitual en ellos. no notaron las miradas que seguían cada uno de sus pasos, las sonrisas veladas, los leves gestos de envidia. los rostros emocionados o tristes que reflejaban el secreto anhelo por algo remotamente similar.

La melodía comenzó. Los pies se movieron. Los ojos se nublaron.

Y los recuerdos volaron como un enorme vendaval...

Pasaron muchas cosas luego de la primera vez que escucharon aquel hermoso obsequio de él hacia ella.

La primera vez que hicieron el amor fue el hermoso comienzo de su verdadera historia juntos.

La secundaria por fin había terminado y sus sentimientos agridulces les llenaba el alma. El fin emblemático de la infancia y el libre albedrío, el comienzo de la adultez y la responsabilidad de responder por todo lo que haces y eres.

El indefectible hecho de que irían a diferentes universidades y estarían de ahora en más separados por varios años porque sencillamente ambos sabían que era lo mejor para su futuro tanto académico como laboral... aunque no supieran con absoluta certeza si también lo sería para su futuro como pareja.

Sí. Isabella había sido aceptada en varias universidades pero, solo una entre todas ellas era la que presentaba el curso completo y exhaustivo programa en la carrera de letras que había elegido seguir. La universidad de San Francisco. Donde viviría por los siguientes cuatro años. Cinco si lograba hacer el master.

Mientras que Edward...

Sí, Edward también había sido admitido en esa universidad, así como en muchas otras... y, entre todas ellas, estaba Darmouth... y Yale.
no había mucho más que decir.
Las excelentes notas académicas y recomendaciones obtenidas por parte de sus profesores e instructores durante todo el período escolar fueron suficientes como para obtener grandes beneficios y peticiones. Todo eso le dio una muy buena probabilidad de poder hacer entonces la tan ansiada carrera de medicina en una de las mejores y más importantes universidades del país.

Fue, difícil, asumir que lo mejor para cada uno sería estar separados por el bien de un futuro juntos.

Realmente intentaron autoconvencerse de que en verdad podrían continuar aún en la distancia.

Lamentablemente no fue así.

Sus horarios estaban demasiado llenos y en su gran mayoría incluso a contraturno o superpuestos como para siquiera planear conectarse y verse antes de que uno de los dos se disculpara apresuradamente y saliera corriendo.

Fue demasiada presión.

Lo intentaron. En verdad lo hicieron, pero las presiones solo se iban acumulando y, cosas tan simples como poder verse en un cumpleaños terminaba volviendo algo caótico y muchas veces fuente de reproches injustificados. O triste, porque no era nada divertido terminar estando frente a una pantalla, esperando por el otro a conectarse mientras que ya de antemano sabían que luego de cortar uno, el otro o ambos se irían a una de esas tantas fiestas universitarias... sin ti.

Finalmente, después de hablarlo en las vacaciones al término del primer año, acordaron seguir como amigos. Dijeron que se esperarían pero que ambos deberían de enfocarse en lo que habían decidido hacer.

Costó. Claro que costó.

Después de lo que pareció un verano inolvidable en el que pasaron todo el tiempo que pudieran juntos, se dijeron adiós por no sabían ya cuanto tiempo porque, incluso lo de ser amigos necesitaría un tiempo hasta que el dolor más reciente sanara.

No hablaron entre sí por más de un mes más que por algún ocasional mensaje de texto como para confirmar que aún estaban vivos. Que aún a pesar de todo pensaban en el otro... y que aún querían mantener el contacto así fuera como amigos.

Fue sumamente extraño... y solitario.

Pero el curso del año les hizo volver a la rutina, ahora ya conocida, y su enfoque se centró en lo que habían ido a hacer. Estudiar. Progresar. Y ambos estuvieron claramente felices de ver sus esfuerzos reflejados en sus notas... aunque aún así, en medio de esa alegría, no pudieran terminar de sentirse felices del todo por el simple hecho de que no se sentían completos.

Era una agonía.

Ninguno fue capaz de siquiera pensar en otra relación de ese calibre... y no era grato decir que no era por falta de oportunidades. Pero, todo cambió cuando, en medio de una de sus tantas escasas video llamadas, Edward pudo oír claramente la voz de un chico llamando a Bella diciendo que se les hacía tarde para la cena. SU Bella.

Ambos se miraron evidentemente incómodos. Bella evitando mirarlo a los ojos pero con la tristeza y la disculpa escrita en todas sus facciones y Edward superando los celos y la conmoción que sentía bullir con rabia dentro de él. Edward entendió. Ella no había querido decirle.

―No voy a mentirte Ed. No es nada... aún. No quise herirte diciéndote algo que bien podría no ser nada así como yo no quiero saber de tus encuentros casuales que sé que tienes. No puedo decirte nada sobre eso. No tendría el derecho de opinar más que como tu amiga que aún soy... pero, él lo está intentando ¿vale? Fue un arreglo de nuestros amigos... al principio pero, él sigue intentando. Intenta hacerme reír y, divertirme... está intentando que olvide, que siga adelante y... avance ―terminó susurrando al final. El dolor goteando de cada una de esas cortas palabras.

Ella vio a SU Edward a través de la pequeña pantalla. Inmóvil, mortalmente serio, dolido, y abrió la boca para decir algo, lo que fuera que le quitara esa expresión... pero solo había una cosa que podría decirle y no estaba segura de que haría más mal que bien así que solo lo miró un poco más antes de susurrar una baja disculpa y cortar la conexión.

Cuando eso ocurrió apenas si faltaba poco más de un mes para terminar su segundo año y luego, ambos irían a sus largas vacaciones en Forks donde por primera vez ella realmente no quería ir.

Se vieron. Hablaron.

Y fue incómodo, hasta que volvieron a amarse una vez más. Con pasión, con desespero, sintiendo claramente que todo volvía a encajar en su lugar. Como si solo eso fuera lo correcto y pudieran soñar el estar así para siempre.

Pero demasiado pronto el idilio terminó y el tercer año comenzó.

Estaban ya a mediados de año cuando Edward supo después de un tiempo que finalmente Bella había comenzado a salir ya seriamente con ese tipo hacía apenas unas dos semanas.

Ellos ya no hablaban. Se dejaban mensajes por correo, sí, pero no podían verse. No así. Dolía demasiado.

O al menos eso fue hasta que su madre le vino de nuevo con el chisme contándole que, al parecer, algo había pasado entre ellos porque Charlie había estado furioso y tratando de hacer que Bella deje esa universidad. No supo mucho más pero, él pensó -acertadamente-, que pronto querría saberlo.

Nervioso como un colegial, le dejó un nuevo correo diciéndole que esperaba verla en Forks.

Ella nunca contestó.

.

Habían pasado ya dos semanas desde que ambos habían regresado a Forks y ella no había dado señales de vida. No había respondido ninguna de las miles de llamadas ni ninguno de los miles de mensajes, mientras que Charlie, las pocas veces que lo había encontrado, le decía que no podía verle y que le diera tiempo... Y Edward estaba que se trepaba a las paredes. Literalmente.

Esa noche trepó por el árbol que daba a su ventana, y entró. Queriendo llorar al verla allí tendida con esa mirada.

Ella, al verse ya acorralada no le quedó más remedio que hablar... y con cada una de sus palabras el deseo de Edward de matar a alguien crecía desmedidamente dentro de su pecho... preferentemente al maldito bastardo ese.

¡Él había intentado abusar de SU Bella!

Gracias a Dios que su compañera de cuarto había llegado de pura casualidad para buscar algo, logrando así detenerlo justo a tiempo. Y gracias a Dios a que la universidad lo tomó dentro de su cargo y terminó por expulsar al maldito. No quería ni pensar en como hubiera reaccionado Bella si hubiera tenido que aún frecuentar los mismos lugares que ese mal nacido.

Fue un verano duro.

Bella se sentía demasiado mal para actuar como si nada, pero él estuvo para ella. Siempre.

Esta vez se le había hecho mucho más fácil el despedirse de ella en aquel amado y odiado aeropuerto porque sabía que ya debía dejar de extrañarla...

Y eso fue porque solo una semana después del comienzo del cuarto año, Edward se apareció de pronto en su puerta con una valija -que seguramente había visto tiempos mejores- y una enorme sonrisa.

No más.

No otro año separados.

Ya había tenido suficiente de todo eso y era hora de tomar cartas en el asunto.

Habló claramente con sus padres y tuvo que alegrarse de haber sido bendecido con ellos, quienes se mostraron claramente comprensivos respecto a todo.

Habló con la universidad y, aunque se mostraron muy disuasorios y reticentes terminaron por acceder e incluso brindarle una posibilidad que no había considerado jamás. Probablemente, no, definitivamente había sido porque él era el mejor en todas sus clases y su comportamiento era impecable. No había habido más que elogios para él desde que había comenzado con esto.

Habló con el director quien, al ya saber la resolución arreglada no puso más peros teniendo la vista de tan extraordinario reporte.

Él era oficialmente un nuevo estudiante en la universidad de San Francisco.

Había dejado Yale... o al menos por ese año. Rendiría todas sus materias y cursos allí en su cuarto año pero, había logrado -contra todo pronóstico-, acordar con toda la junta directiva que él regresaría para su quinto y finales a que eran lo máximo que le guardarían, y solo en el exclusivo caso de que todas sus materias tuvieran las máximas puntuaciones. Sí, sonaba loco y, quizás hasta excesivo... pero ellos realmente le estaban haciendo un favor enoooooorme al concederle una especie de año de transferencia. Jugó muy a favor que sus notas y actitudes eran impecables y que ellos no quisieran perder a alguien así para luego llevarse los laureles con su nombre. No importaba. Lo había conseguido y eso era lo único importante ahora. Eso y su Bella.

La verdad es que ni siquiera había considerado el hecho de que le permitieran regresar casi como si nada. Él ya se había mentalizado y resignado al hecho... y aún estaba decidido. Pero bueno... no iba a buscarle peros...

Así que ahí estaba, frente a ella, feliz... completamente exultante de poder estar así, juntos y superar la mala experiencia de tan prolongada separación. Recuperar aquello que debieron posponer, porque él sabía que el amor aún estaba allí.

Él no había sido un santo, pero podía estar seguro como el infierno que ella aún era suya en el sentido más importante de la palabra. Los efímeros filtreos a los que había accedido casi siempre quedaban solo en eso. Besar otros labios solo se sentía... mal, incorrecto. No valían la pena. Y, además, los pocos encuentros que había tenido con Bella terminaban siendo más que suficiente para recrear su imaginación y aguantar todo un año... y mil más de ser preciso.

Ese año fue el mejor de sus jóvenes vidas.

Prácticamente vivían juntos ya que se la pasaban tanto en el cuarto de ella como en el de él. Eran sumamente felices en un paraíso casi ridículo pero, como todo, en algún momento se acaba.

Llegaba el final del cuarto año y Bella se recibiría... pero aún le faltaría un año más para lograr especializarse... Y Edward debía de volver a Yale. así que cambiaron los roles.

Esta vez fue Bella quien, sin decir ni una sola palabra, averiguó, se anotó y entró en una universidad bastante cercana a la de él. Sí, no era la mejor ni la que ya conocía... pero no importaba. Entendió que el título era importante sí, pero era solo eso, un título y ella podría aprender tanto o más cuanto quisiera por su cuenta y hacerlo valer como el mejor.

Un título no se comparaba a ponerse en riesgo de perder al hombre que amaría toda su vida.

Y supo que era lo correcto cuando vio la cara de Edward al decírselo.

Después de eso todo fue un gran borrón de sucesos.

Decidieron vivir juntos, así que terminaron alquilando un departamento que les quedara cómodo a ambos.

Ella comenzó el master y él complementó con algunos cursos extras mientras que cursaba su quinto año y comenzaba con las temidas prácticas como residente. En cambio Bella consiguió un empleo de medio tiempo para ayudar a solventar los gastos y a veces daba algunas clases particulares a chicos de primaria.

No se veían mucho, es cierto, no despiertos al menos. Pero eran felices con el simple hecho de estar uno junto al otro y poder solo detenerse y abrazarse por las noches.

Así pasaron dos años y, finalmente, Edward se recibió con uno de los promedios más altos y las mejores ofertas laborales debido a su compromiso. Y allí, en medio de la fiesta de su promoción, rodeado de cientos de personas, Edward solo se arrodilló frente a ella en medio de la pista y le pidió matrimonio con las palabras más dulces y hermosas que ella hubiera podido soñar, o leer, jamás.

Aceptando el puesto en el mejor hospital de Washington DC, se mudaron a un nuevo complejo de departamentos casi en el mismísimo centro, donde Bella consiguió rápidamente un puesto como corresponsal en el Washington Post, y donde juntos, comenzaron a organizar sus vidas entorno al otro.

Entonces, casi un año después de aquel hermoso suceso... ellos dieron el sí.

La ceremonia fue preciosa. Íntima, al menos lo más que se pudo, y acogedora para todo aquel que había tenido el privilegio e asistir. Todo se sintió un poco como el hermoso final de un cuento de hadas. El vestido. La fiesta. El baile -en el cual decidieron elegir su nana como vals ceremonial.

La luna de miel.

Y más recuerdos venían.

Cuando se enteró de que estaba embarazada... y cuando supo que eran gemelas.

Cuando los pequeñas nacieron como la prueba de amor más palpable que nunca pudieran tener.

Cuando comenzaron a caminar y cuando por fin después de mucha insistencia de diversos y divertidos adultos ellos lograron decir mamá y papá.

La primer navidad. El primer cumpleaños.

Los bautismos.

Su primer día de guardería.

El saber que vendría alguien más. Y luego saber que finalmente venís en camino el nene de papá.

Más cumpleaños y fiestas escolares. Cambios de pañales y dientes que se caían esperando a los laboriosos ratones.

Primer día de escuela y salidas en familia... una familia ya mucho más grande de lo que fue cuando todos se conocieron.

Una familia que, demasiado pronto, comenzó a sufrir las salidas por separado... salidas al cine o a tomar refrescos con los variados amigos.

Y las citas...

Las primeras llegadas tardías y los regaños por esto.

Las esperadas y temidas salidas a clubes. Y el hecho de esperarlos despiertos hasta largas horas de la madrugada para poder comprobar que llegaran con cien.

El estar allí con leche caliente y pañuelos suaves para las primeras lágrimas de decepciones o con una venda y un café negro para unos golpes y una buena borrachera.

Su vida ciertamente había sido hermosa y próspera.

Siempre juntos.

Siempre luchando de una u otra manera por lo que fuera mejor para todos ellos.

Y en ese día... Edward ya con sus cincuenta cumplidos y Bella a apenas días de cumplir los suyos, se encontraban sonrientes bailando su nana una vez más ante la atenta mirada de todos los allí reunidos y que a ellos le importaban.

En ese día... en sus bodas de plata... ellos renovaban sus votos sintiendo aún más dicha y amor del que llegaron a sentir alguna vez.

Hubo momentos lindos y feos. Buenos y malos. Pero de eso se trata la vida... Y ellos la habían vivido al máximo y lo hicieron porque estaban juntos.

Así que... así... danzando sonrientes en el medio de la pista y mirando fascinados los sonrientes y pícaros ojos de sus hijos... y de sus parejas. Los ojos orgullosos de sus padres... y los alegres de sus hermanos y cuñados. De los ojos de todos aquellos que al verlos les recordaban fragmentos de cosas y momentos que compartieron.

Y se amaron.

En silencio. Con la mirada. Con su cercanía.

Con su sola presencia.

Un 'te amo' fue susurrado al unísono por entre los melodiosos acordes finales, reconociendo enseguida cuando la siguiente comenzó. La nana más dulce y agitada que representaba tan bien a sus propias dueñas que era difícil equivocarse y luego aquella más lenta y tranquila que representaba a su pequeño que en realidad ya era todo un hombre a punto de despegar su propio vuelo y crear su nuevo nido.

Sí, ahora verían venir la bella etapa de terminar de ver crecer a sus niños en adultos y... quien sabe... quizás incluso pronto se encontraran discutiendo sobre la siguiente generación.

Cualquier cosa mientras se tuvieran.

Cualquier cosa mientras estuvieran, JUNTOS.

(¯`v´¯)
`*.¸.*´

..:: Fin ::..

Nada más que decir excepto GRACIAS por pasar y leer, por agregar y comentar a quienes se han tomado el tiempo de hacerlo.

Es una alegría para mí terminar definitivamente un proyecto más.

Con todo el cariño les digo... NOS LEEMOS EN OTROS! XP

BESOS Y CUÍDENSE

xXx GUADA xXx

HISTORIA TERMINADA EL 5 DE JUNIO DEL 2013

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