5 de julio de 2014

Tú... capítulo 6 (JongTae)

DISCLAIMER
Los personajes pertenecen a la banda de Kpop 'SHINee' bajo el sello de la compañía SMent


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.* . La Charla . * .

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Al final todo resultó mucho más fácil de lo esperado.

Minho y Onew partieron juntos hacia el edificio de la SM y Key -sorprendentemente- decidió acompañarlos para hablar con Woohyun, quien sabía se iba a encontrar allí ensayando para un nuevo programa.

Y luego estaba él. Ahí.

Solo.

O mejor dicho, parcialmente solo ya que de hecho el escurridizo maknae se encontraba encerrado en su habitación. Era el momento perfecto para hablar tranquilos. O al menos ese era el propósito del mayor si; A) el pequeño no se empecinara en seguir eternamente encerrado allí, ignorándolo olímpicamente y B) si él no estuviera completa y estúpidamente petrificado delante de esa maldita puerta que lo separaba del menor desde hacía ya más de veinte minutos con una mano inútil y tan cobarde como él solo subiendo y bajando para llamar, perdiendo en cada vez el valor necesario para seguir adelante con ello y terminar así con ese torpe círculo vicioso.

Bueno, eso fue hasta que de pronto y de un momento al otro, sin ningún tipo de sonido que le diera la pista, la puerta frente a la que él se hallaba parado como idiota se abriera revelando tras ella el rostro que más añoraba y a la vez más detestaba.

Añoraba; porque desde hacía ya tres días en que apenas si lo veía.

Detestaba; porque ése NO era el hermosos rostro sonriente que solía robarle el aliento desde hacía ya algún tiempo. No era ese rostro tímido y sonrojado pero siempre brillante que solía mostrar. No. En esos tres laaaaargos y tortuosos días ese rostro, por más que tanto lo quisiese, no era el mismo. Ese rostro suave y dulce era ahora una máscara de completa y total indiferencia. Lo odiaba.

Y le dolía.

Que lo mirase así. Como si no importase. Como si él no importase nada. Dolía. Mucho.

—Ta... hmm... Taemin-ah, yo...

—¿Sí hyung?

¿Cómo podía el siempre alegre y feliz maknae sonar en aquellos momentos tan, apático? -se preguntó el mayor entre triste, shokeado y sorprendido. Quizás también un poco molesto incluso.

El trato de Taemin lo dejó sin habla... y también le terminó de decidir por lo que, asintiendo más para sí que para el menor, finalmente Jonghyun habló.

—Tenemos que hablar.

—¿Eh? No, pero...

—Ahora. Permiso —dijo al ver la clara intención de cerrar del menor.

De manera contundente pasó por su lado directo hacia dentro de la habitación hasta llegar a pararse estoico justo en el centro. Listo para la batalla que sabía comenzaría. Listo para una batalla decisiva para él. Para ellos.

—¡Qué...?! ¡Oye Jonghyun Huyng! ¿Qué demonios? ¿Qué te pasa, eh? ¿Qué quieres?

—Hablar Taemin, ya te lo dije. Necesitamos hablar y...

—¿Hablar? No, yo no lo creo. No tenemos nada de que hablar hyung. YO no tengo nada que hablar ¿de acuerdo?

—Oh sí, sí lo hacemos Tae. Mírate. Solo, mírate. Ni siquiera puedes mirarme a los ojos ya. No. Ni siquiera intentes negar lo obvio. Todos se han dado cuenta ¿Y cómo no? ¿Desde cuándo es que te quedas aquí encerrado tooodo el día sin hacer ni decir absolutamente nada a nadie, eh? Todos saben que algo pasa pero no el qué. Todos puedes verlo. Verte —hizo una pausa porque ni siquiera había tomado aire para respirar desde que comenzó aquello. Su pecho se agitaba en busca de aire. Su tensión estaba en sus límites. Finalmente, cuando hubo recuperado un poco de compostura apenas unos cuantos segundos después, soltó aquello que por días incluso él mismo había negado—. Lo del otro día...

—¡No fue nada!

—¡Sí lo fue y tú lo sabes!

—¡NO! ¡No lo fue! ¡No lo fue!

—Lo fue Taemin...—susurró entonces el mayor que, tras acercarse rápidamente, pudo tomarlo desde sus hombros delgados para hacer que le mirase, sintiendo -y permitiéndose hacerlo-, todas y cada una de aquellas mismas sensaciones abrumadoras que de igual manera le habían invadido el otro día.

Las ganas intensas y abrumadoras de solo acercarlo y besarlo le estaban ganando.

Era insoportable el solo deseo de sentir su piel bajo sus manos y el degustar con su lengua cada sabor de su cuerpo tierno.

La pura lujuria se adueñó de él. Ni siquiera era capaz de escuchar lo que fuera que él menor intentaba decirle. Su boca se movía pero sus oídos no le escuchaban. La pasión más avasallante lo abrumó y él no hizo nada para aplacarla. Todo lo contrario si cabe.

De manera libidinosa recorría con la mirada el más que bien formado y delgado cuerpo que ahora se removía entre sus brazos y, lo deseó. Deseó poseerlo.

—¿Pero qué...? ¡¿Qué crees que...?! Hmmm...

Acallado de manera algo brusca por unos labios suaves, carnosos y un poco salados sobre los suyos propios, Taemin no fue capaz de poder decir nada más. Esos labios... Todo su juicio se vio nublado por ellos y un deseo salvaje y desconocido para él nació en su lugar. Deseo de cuánto él quería, necesitaba...

En su interior, una pequeña parte de él aún maldecía. SE maldecía a sí mismo una, cien y mil veces más por solo claudicar antes de tan siquiera llegar a oponerse de verdad. Tan débil

Él había querido, había intentado negar su oscuro deseo. Había querido negar todos aquellos pequeños sentimientos que, molestos, comenzaron a crecer sin remedio en él desde hacía ya un largo tiempo. Incontrolables. Intensos.

Por un momento, una parte de él, un muy MUY pequeña parte, quiso luchar contra todo aquello pero, con esos malditos y benditos labios sobre los suyos y esos brazos fuertes y posesivos que le rodeaban y no le dejaban mover, escapar. Con esas manos que en aquellos momentos comenzaban a serpentear fantasmas sobre él... Y el sentirlo. El sentir luego ese músculo caliente y húmedo insistiendo en abrirse paso dentro de él, buscando y ganando su entrada. Fue demasiado. Taemin terminó por rendirse a la inmensa vorágine de insanas emociones que le invadían y, abriendo su boca de golpe, comenzó a responder a aquel ataque a su boca con una intensidad y deseo tal que hasta él mismo desconocía y se sorprendía de tener.

Calor.

El aire comenzó a faltar y la sangre a quemarle. Su lengua luchaba en una batalla que en realidad no le interesaba ganar. Sonidos; gemidos que sonaban ajenos pero muy propios inundaron el ambiente hasta entonces mortalmente silencioso y, el poco raciocinio que a ambos les quedaba pendiente de un maltrecho hilo terminó por romperse y volar por la maldita ventana.

Eso era todo.

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