9 de julio de 2012

El infierno tras su mirada... Capítulo 8

EL INFIERNO TRAS SU MIRADA

DISCLAIMER: Los personajes pertenecen a S. Meyer y la historia es de mi autoría.

AVISOS PREVIOS: Escenas explícitas de; Violencia, violación, lenguaje adulto, perversión, maltratos… y derivados.

N/A: Este fic será oscuro y verdaderamente crudo. Para mí es simplemente es una historia más de las que rondan en mi cabeza, pero si a alguien le afecta en mayor medida todo lo anteriormente mencionado le aconsejo que se retire antes de siquiera comenzar. AVISO porque NO quiero RECLAMOS ¿OK?

***

CAPÍTULO 8

***

La pequeña Jane estaba aterrada.
Aquel hombre no se comportaba como hasta hacía unos momentos; murmuraba cosas que no entendía y tenía la mirada perdida como quien recuerda… como quien se pierde en sus fantasías e ilusiones. Pero SU realidad era que su futuro inmediato y un momento importante de su existencia dependían de él y, temía. Por primera vez en su corta vida supo lo que era un temor profundo. Un terror que te va helando el cuerpo molécula a molécula, célula a célula, hasta lograr dejarte petrificada sin ver u oír, sin siquiera reaccionar. Supo con enfermiza certeza que su condena en aquello llamado “vida” comenzaba hoy. Ahora.
Quiso huir. Quiso gritar.
Quiso llorar… ¿Mas para qué?
No, ella tenía que afrontarlo. Y de pronto -quizás en el momento menos oportuno pero no por ello menos certero-, entendió a lo que Isa se refirió sobre sobrevivir y huir de aquel mundo podrido en la primera oportunidad sin mirar hacia atrás, sin recordar. Lo entendió, y tembló. Jane no sabía si era tan fuerte como aquella joven apenas dos años mayor como para aguantar todo lo que aquello implicaba.
―Isabella ―ordenó el hombre entonces girando la perilla de la dichosa puerta-. Por esta noche ambas se quedarán aquí. Acomoda lo que sea que hayas traído. Y tú -se dirigió a la pequeña rubia-, báñate y espérame lista. Ella puede ayudarte ―dijo lacónicamente mientras acariciaba a Isabella con la mirada.
Ninguna respondió verbalmente, tan solo un  asentimiento de ambas fue suficiente.
―Bien, vendré pronto así que más vale que comiencen ―comentó él como si nada cerrando ls puertas tras ellas y dejándolas a ambas pasmadas con el enfático sonido retumbante.
Cuarenta y ocho minutos después la puerta sonaba y él pasaba. Su mirada aún divagante pero sin dudas lo suficientemente concentrado como para no temerle a un loco.
―Vamos ―pronunció.
No preguntó.
No buscaba empatía.
Control.
Jane miró asustada apenas un segundo a Isabella pero, resignada, automáticamente desvió la vista al suelo y caminó sumisa hacia él.
Lo sintió cerrar la puerta tras ella y brevemente se atrevió a mirar el lugar donde una parte al lugar donde una parte de ella quedaría por siempre. Era elegante y bonito -pensó con insospechada frivolidad.
Durante todo el camino -que por suerte no había sido tan largo-, ella se repitió una y otra vez la lista de consejos que Isa le había dado en aquellos breves y tormentosos momentos de espera a solas, intentando banalmente que tan solo pensándolos funcionasen como por obra y gracia divina.
Relajarse.
Respirar.
Desconectarse…
Lastimosamente ella n se engañaba. Dolería, estaba completamente segura de ello; a la vez que era más que seguro que terminara sintiéndose mal luego también pero mal que mal por lo menos agradecía que él hubiera pensado en ella lo suficiente como para darle a tomar aquella pastilla ‘antes’ de que todo pasara y permitirle tomarla durante todo el tiempo de su estancia cuando bien sabía que él podría haberse regodeado en su dolor.
La personalidad de aquel hombre era tan contradictoria en sí misma que resultaba completamente confuso seguirle el ritmo a sus actos, palabras o mandatos. Pero, realmente ¿Qué importancia podía tener el entenderlo cuando ‘quisiera o no’ debía de obedecerlo? La desobediencia y el confronte tenían un precio demasiado alto allí. Uno en el que por ahora no quería pensar.
Ni un solo ruido se escuchaba en la enorme estancia. Nada.
Ni un respiro, ni un alma.
Ni una ayuda, ni una brisa.
Nada.
Ella se encontraba en el medio de la nada.
Demasiado pronto terminaron por llegar a una enorme puerta doble de hermosa madera maciza con grandes y muy elaborados tallados de aspectos aun más intrincados que la de la habitación en la que habían estado.
Pasaron.
La enorme cama de sábanas negras suaves y brillantes era el verdugo más hermoso que hubiera visto jamás y, así y todo, a pesar de su belleza, no dejaba de recordarle lo que allí perdería.
La presión que ejercía sobre sus piernas para que no se movieran en un inútil esfuerzo fallido por escapar, por salir simplemente corriendo, eran enorme. La fuerza con la que apretó sus manos hasta clavarse las pequeñas uñas en sus palmas era atroz.
Mas nada sintió.
Las manos del hombre no perdieron tiempo entonces.
En tan solo un paso estuvo tras la tensa espalda de la niña de cabellos rubios -que ahora dejaban una estela de fresco aroma-, y colocó sus manos sobre sus huesudos hombros. Apretando ligeramente la delgada capa de carne que recubría sus, muy pequeños y aun infantiles huesos.
―La primera vez seré ‘bueno’, siempre y cuando obedezcas sin vacilar lo que te diga ―anunció él inclinándose hasta que sus palabras quedaron suspendidas sobre el oído de la joven.
El calor tibio y tenebroso de su aliento envió un estremecimiento a la columna de la joven, quien ya de por sí le era bastante difícil de controlar los temblores que acechaban su cuerpo pero haciendo lo indecible para que estos no pasaran a ser espasmos en toda su ley.
 El hombre tenía una meta, y le era muy claro que la pequeña que tenía enfrente, esa pequeña cosa absurda que temblaba en su presencia y que tomaría en escasos momentos no lo era. No. Ella no era más que un medio para un fin… pero eso no le quitaba que pudiera disfrutar del progreso.
Sus manos actuaron con diligencia mientras iba quitando con parsimonia los tirantes de aquel burlesco camisolín que llevaba. Un camisolín que la popia Isabella le había dado para la ocasión en vista de que la niña no llevaba nada que se lo considerara acorde para tal evento. Un camisolín que no le sentaba en absoluto ya que le era al menos tres tallas más grandes y dado que no tenía pechos ya bien formados o grandes para rellenarlo. Era casi un milagro que no se le hubiese caído durante aquel recorrido.
Finalmente y con sutileza, los tirantes resbalaron por la pálida piel de sus brazos, haciendo que el resto de la tela abandonara instantáneamente su esquelética figura.
Un jadeo ahogado fue todo lo que resonó en aquel lugar.
Las manos presurosas recorrieron insistentes su carne. Lento pero implacable él comenzó a recorrer su espalda, su cuello y sus brazos tan solo para que luego pasearan a su cintura, sus caderas… su trasero. Su centro.
La niña sabía que para que doliera menos su centro debía de estar húmedo pero, también sabía que dicha humedad aparecería en respuesta a su propia excitación y ¿Qué excitación podría encontrar en lo que le estaba ocurriendo? Esa excitación para ella era imposible de crear en medio de lo que le estaba viviendo…
Su cuerpo se hallaba completamente tenso mientras intentaba con todas sus fuerzas no temblar hasta convulsionar, o llorar hasta la histeria o la misma locura. Apretando sus dientes para no echarse a gritar.
Una imagen feliz… Una imagen feliz…
Una imagen feliz… Una imagen feliz…
Una imagen feliz… Una imagen feliz…
Repetía la niña en su mente.
Las manos comenzaron a apretarse impacientemente contra la piel de sus muslos.
Él la giró.
No la besó.
Tomándola por los ínfimos hombros la guió hacia atrás hasta que quedó justo al borde de la cama, para enseguida reclinarla de espaldas contra ella.
Jane quedó finalmente recostada boca arriba, sintiendo como la fría seda negra abrazaba su piel… hasta que su cuerpo se vio sacudido por el dolor.
Un pequeño gritito apagado escapó de sus labios.
―Oh sí… Tan estrecha. Tan jodidamente  apretada. Sí, me gusta ¿Te duele verdad? Dímelo.
―S-sí. Due-le ―contestó ella ahogadamente mientras sentía el dolor expandirse al mismo tiempo que sentía como algo se removía dentro de su cuerpo.
―Sí. Me gusta que te duela ―ella gimió entonces de dolor―. Shhh… solo un poco. Estás seca. Mis dedos te estiran, pero no demasiado, quiero ver como gritas cuando mi polla te abra en dos ¡Y no quiero gritos! No. No gritos. Shhh. Shhh... Tranquila.
Él sacó en ese instante los dos dedos que había insertado en su coño y los llevó hacia la boca de ella.
―Chupa ―ordenó él con la mirada nublada y oscura.
Y ella así lo hizo.
No lo pensó. No vaciló.
Ella absorbió con fuerza los dedos, degustando así su propio almizclado sabor con su lengua.
Asco. Displicencia.
―Mójalos bien. Que queden chorreantes de tu saliva ―dijo con claridad. Lo hizo.
Los dedos tremendamente mojados abandonaron su cuerpo para que él los introdujera sin miramientos y dilaciones nuevamente en lo más hondo de su ser. Nuevamente moviéndolos con premura en su pequeño y caliente capullo.
Un jadeo de dolor.
Una exhalación de sádico placer.
Ella, recostada a merced de un ajeno placer.
Él, arrodillado sobre sus piernas, penetrando su sexo hasta ahora inmaculado, anhelado su quiebre…
Carslile aun llevaba sus ropas por lo que una vez que estuvo relativamente conforme con el dilatamiento del orificio él nuevamente sus dedos y se paró para quitar sus prendas con alarmante rapidez. Necesitaba entrar en ella. Necesitaba desgarrar su cuerpo.
No había vuelta atrás. No había retorno en él.
Su mirada endemoniadamente lujuriosa se posó en aquel cuerpo desde lo alto, detallando con furia cada pequeña curva que aun marcaba su grado de niñez, de pureza en un mundo en ruinas. Hambriento de su centro. Deseoso de sus pequeñas cimas… Caliente hasta lo inimaginable por penetrar aquel pequeño y oscuro orificio fruncido que sabía lo catapultaría hasta las máximas cotas de insana pasión.
Y sus deseos eran ley.
En cierto momento el hombre había pensado sobre jugar mucho más… pero ya no podía. No quería. Él la quería, la necesitaba, la deseaba… AHORA…. Y la tendría.
Subió una a una sus rodillas sobre la seda. Una a cada lado de las casi esqueléticas piernas; maravillándose con la pequeñez de toda ella, con la inocencia y miedo que emanaba, con los pequeños crecientes temblores.
Apoyándose sobre sus palmas descendió por sobre ella pero sin tocar aun su cuerpo. Aprisionándola. Encerrando todo cuanto ella era.
Una succión y una mordida en su cuello.
Una lamida húmeda y lasciva en su clavícula.
Un apriete en su seno derecho… una chupada fuerte en el izquierdo.
Una rodilla abriendo sus muslos.
El roce duro de su sexo sobre su, todavía pura piel.
La mano del hombre se afianzó en ese momento en su hombro mientras su otra pierna se metía entre las de ella. Su miembro duro y preparado se hallaba rayano  en lo doloroso para cuando, finalmente, se posicionó, primero obre su vulva; y luego sobre su centro.
Se movió.
Separó sus rodillas e irguió su torso hasta que su trasero reposó sobre sus propios talones para, inmediatamente, agarrar las caderas de la niña para dejar su firme y tierno culo sobre sus tensos muslos.
Alineándose contra ella. Afirmando la punta de su henchida verga en aquella entrada virgen.
Y por fin, humedeciéndose de una certera estocada que lo hundió gasta los máximos confines mientras sentía como la prueba rojiza de su inocencia lo humedecía y rodeaba tras haber quebrado esa tela infame que su cuerpo poseía hasta hacía escasos segundos.
La estrechez de tan pequeño cuerpo, aprisionándolo hasta el ahogo.
El grito/quejido lastimero fue para él su pequeño vitoreo de gloria. Su trofeo.
La tensión extrema contra el agarre de sus manos fue el impulso para retomar su acto.
Lentamente su miembro abandonó aquella cueva caliente hasta el borde sobresaliente de su glande para, en un mísero segundo, volverse a clavar en ella. Una y otra vez. Una y otra vez…
El ritmo era maniático, sádico, completamente egoísta en su meta. Mas no importaba. No en relidad. No cuando lo único que ella quería era que aquella tortura agónica terminara cuanto antes. No cuando el dolor de su cuerpo era tal que le hacía sentir como si se fuese a quebrar en dos; como si alguien la estuviera desgarrando desde dentro con un cuchillo oxidado solo con el fin de pronunciar su dolor. Pronunciando el medio y alejando adrede la meta.
―Sííííí ―comenzó a gritar él bombeando aun con más énfasis contra ella―. Sííííí. Tu inocencia asquerosa me baña. Tu inocencia es mía ¡MÍA! ―gritó él entonces vertiendo por fin su cálido semen en su hendidura palpitante. Los espasmos recorriendo su cuerpo por completo, naciendo desde lo más bajo de su espina, atravesándolo hasta el bajo vientre y de allí pulsando y extendiéndose hasta explotar en la punta de su miembro enhiesto y listo.
El cuerpo del hombre se dejó vencer por aquel pesado sopor post orgásmico y su cuerpo cayó en aquel momento sobre el desfallecido y tembloroso, sudado y tenso cuerpo sin delicadeza alguna. Escuchando al instante como la joven expulsaba todo el aire de sus débiles pulmones de manera abrupta y ahogada… y sin siquiera importarle una mínima mierda aquello.
Sin embargo, algo en su mente le recordó que aún faltaba por saquear, así que tan simple como eso, él rodó sobre su eje y se quedó de lado para -por primera vez desde que habían llegado allí-, mirar a la niña a su lado. Realmente mirarla.
No se sorprendió al ver densas lágrimas descendiendo por sus mejillas, ni su piel roja por sus fuertes aprietes. Mas sí lo hizo cuando ni tan solo con una mísera pestaña se le conmovió ante tal imagen.
Él en verdad estaba arruinado.
Y ella… Ella estaba pronta a estarlo también.
***
Gracias a Iluvlil, Sandra, paty y Marga por sus siempre tan lisndos comentarios... Sé que esta historia (en realidad como casi todas las mías =/) se sale de lo 'normal' así que mil gracias a tod@s aquelos que lo leen ;)
Nos leemos pronto ;) Besotes y cuídense!!!
*Guada*
¿¿¿COMENTARIOS???

6 comentarios:

  1. DIOS MIO SI QUE ESTA ENFERMO :| POBRESITA NENA LA VERDAD AUNQUE UNO NO QUIERA ACEPTARLO ESTO SI PASA ALREDEDOR DEL PLANETA :( LA VERDAD ME ENCANTAN TUS HISTORIAS SEGUIRE LEYENDO PARA VER HASTA DONDE NOS LLEVAN ESTOS PERSONAJES!!!

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  2. dios que hombre mas animal creo que no encuentro palabras aunque estoy deacuerdo con iluvlil ......Gracias nena...

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  3. Omg si que esta muy fuerte lo que pasa en esta historia pero no puedo dejar de leerla sobre todo por que se vale soñar y por eso espero que algun dia las cosas mejoren para estas niñas en espera del siguiente capitulo
    saludos y abrazos desde México

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  4. Carlisle está más que jodido, pobre Jane y pobre Bella por lo que le espera, ya que la obsesión de Carlisle es Bella. Carlisle no tiene perdón de Dios, pero dentro de este mundo enfermo ¿podrá Bella perdonarlo?
    cariños. sandra

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  5. este hombre nesesita a un loquero ,pero esta ficcion es tan dura como la realidad estas maldades ocurren todos los dias pobre bella lo que le espera al lado de este ser repugnante, a esperar el proximo cap...buenisimo el trama....saludos

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  6. joder!!!! es algo nuevo de leer lo acepto es crudo pero tiene sustancia no se si me entiendas pero me gusta porque en esta crudeza esta la realidad de muchos niños.....porfa continualo tienes en mi una fan lectora, me encanto el short fic ella y ellos estuvo de infarto el sueño de esta chica jajajajajaja tres hombre madre mia aqaue cosa tan buena jajajajajaja besos y abrazos

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