25 de marzo de 2012

Ella y Ellos, un placentero cruce de destino... Cap 1

DISCLAIMER: Todos los personajes pertenecen a S. Meyer y la historía es el resultado de la suma de nuestras dos mentes completamente perversas y locas...
SUMARY: Un viaje de negocios se convierte prontamente en el más placentero encuentro sexual entre Bella y tres perfectos desconocidos, apareciendo y desapareciendo de sus vidas como por arte de magia... Hasta que vuelven a encontrarse. MUY HOT. AU. OOC.

N/A BICHITO: ...Este mini fic es idea de Guada y Bichito, la mezcla de perversión y locura, dan como resultado cuatro excitantes momentos entre Bella y cada uno de nuestros exuberantes chicos...espero que disfruten leyendo tanto como nosotras lo hemos hecho escribiéndolo...

N/A GUADI FICS: Este cap es completamente suyo así q me permito elogiarla porque ha quedado GENIAL! ^^ -ya lo verán jejeje-. Por lo demás... Nos vemos abajo!


ELLA Y ELLOS… Un placentero cruce de destinos.
El primero fue Edward: sexo dominante y pasión desbordada,
el segundo fue Emmet: caliente y sensual,
el tercero fue Jasper: dulce y sexy...
Solo el destino pudo haber planeado algo más allá,
algo que ninguno hubiera pensado jamás...
Algo que nunca ninguno iba a olvidar.



EDWARD POV

Sentado frente al mar en mi casa de Manhathan Beach situada en el 15th de Ocean Drive, un exclusivo entorno de grandes mansiones que desembocan directas en una enorme playa de arena blanca que normalmente tiene un mar embravecido, como si sus aguas estuvieran molestas de la intrusión del hormigón sobre sus calientes arenas finas, y donde casi nunca hay nadie a excepción de algún vecino que pasea con su perro, o alguien que practica el footting cerca de la orilla...
Yo soy más de esos que prefieren sentarse a observar el mar con una cerveza fría en la mano, mirar el mar siempre me ha servido como fuente de inspiración para cada uno de mis libros, soy escritor, siempre he tenido alguna idea para plasmar, algún sentimiento que transmitir, y contemplar la inmensidad del océano me ayuda a colocar esas ideas en su sitio, y envolverlas entre los sentimientos dando forma a una nueva historia...
Pero esta vez no es así, ahora estoy jodido, con un mar precioso frente a mi y una cabeza hueca que no es capaz de asimilar tanta belleza, y la culpa la tiene la protagonista de mi último libro, que casualidades del destino se ha convertido en best seller y récord de ventas en treinta países, ella es la que después de una noche en la que disfruté de su cuerpo, sus caricias, y sus labios, ya no volví a ver nunca más porque fui tan estúpido que no se me ocurrió pedirle una tarjeta de visita cuando vino a verme aquella tarde hace ya seis meses para concretar detalles de mi libro al que aún le faltaba protagonista, y ahora que ya la tengo, me falta ella a mi...
Mi cabeza comienza a recordar, me resisto porque cada vez que esto ocurre entro en un trance de recuerdos que me ahogan el alma por aquello que probé y que después perdí, tal y como un niño pequeño al que le ponen un caramelo sabroso en la boca, y al que después se lo quitan antes de acabar de saborearlo; pero sé que no hay marcha atrás. Me levanto por otra cerveza fría y vuelvo a acomodarme sobre ese sillón blanco que ya no recuerdo donde compré pero que tan cómodo me ha parecido siempre, cierro los ojos y dejo que mi mente regrese a aquel día, el día en que mi mundo comenzó a tambalearse cuando ella entró en él sin avisar para después marcharse de la misma manera...

SEIS MESES ANTES

―Ya te he dicho que me importa un carajo que esa tipeja venga desde Chicago solo para verme ―le grité a mi asistente personal por quinta vez, quien se había empeñado en que recibiese a la editora que venía a hablar sobre la posibilidad de encargarse de promocionar mi libro, un libro que aún no tenía protagonista, ni título, ni forma, detalle que me tenía bastante cabreado, y con pocas ganas de ser sociable...
Mi asistente personal, Anna -que así se llama-, seguía empeñada en que me trasladase a sus oficinas ubicadas en los alrededores del Central Park, pero yo no tenía ni la más mínima intención de moverme de mi cómoda casa, aún no tenía mi libro acabado y nada, ni nadie me harían salir de mi escondite personal hasta que la puñetera inspiración quisiera volver nuevamente...
―Sí, ya lo sé, soy insoportable ―le dije cuando por fin se dio por vencida diciéndome que arreglaría el encuentro en mi casa, ella no podía estar presente porque debía salir de la ciudad en estos días, y me hizo prometer que sería bueno y trataría a la editora con cortesía, después de prometérselo tres veces colgó el teléfono cerrando la cita para el día siguiente a media tarde.
El resto del día me olvidé por completo de la cita, necesitaba centrarme en mi libro, tenía la vaga idea de su contenido, pero no encontraba una protagonista acorde a la historia, que aunque no estaba definida, tenía trazos importantes con los que empezar a trabajar.
Discutí mucho con Anna a la mañana siguiente por teléfono, había dormido poco y mal, la página de mi ordenador seguía abierta y en blanco, y mi inspiración estaba de juerga y muy poco decidida a regresar pronto, estuve empeñado en cancelar la reunión -a fin de cuentas aún no tenía nada que ofrecer a esa editora- y tampoco tenía ganas de aguantarle la conversación a nadie, yo que de por sí ya era poco sociable pues… cabreado, y con sueño, resultaba un auténtico ogro; pero Anna casi me amenazó para que la atendiese y no me quedó más remedio que aguantarme, dibujarme la sonrisa cínica de "estoy encantado de conocerte y de que vengas a joderme un día de inspiración", y adecentar un poco mi aspecto que últimamente lo tenía bastante descuidado –a tal punto que ya ni mi perro se me acercaba.
Dos horas después de hablar con Anna, y cinco minutos después de que ella me enviase el último mensaje amenazante en mi móvil, sonó el timbre de la entrada anunciando que la señorita editora de Chicago venía a ver mi inexistente libro.
Abrí la puerta con las mismas ganas que tenía de que me clavasen agujas de bambú dentro de las uñas, pero cuando miré detenidamente a la mujer que tenía delante elegantemente vestida con su traje de falda y chaqueta de corte diplomático, su maletín de piel, sus gafas de sol, su pelo recogido en una profesional coleta, y unos tacones imposibles que me hicieron desear verla caminar desnuda sobre ellos, mi sonrisa cínica cambió a una de enorme agradecimiento, había alguien en el cielo que de seguro aún se acordaba de mí porque sin dudas me habían enviado un Ángel justo a mi puerta.
―Buenos días, usted debe de ser la editora ―la saludé mientras extendía mi mano para estrecharla con la suya. A mi me hubiese apetecido más un contacto más directo, como un beso en la mejilla, pero eso hubiese resultado poco profesional y un tanto desesperado por mi parte.
―Y usted debe de ser el señor Edward Cullen ―me contestó ella estrechando su mano con la mía, el roce de su cálida piel provocó que un intenso escalofrío recorriese mi columna vertebral haciendo que me estremeciese ligeramente. Por el rabillo del ojo pude notar que a ella le ocurrió algo parecido porque soltó su agarre del mío con demasiada celeridad mientras en su cara se reflejaba el desconcierto.
―Sí, ese soy yo ―respondí algo atolondrado hasta que me di cuenta que seguía mirándola embobado y que ambos seguíamos en la puerta―. Disculpe, pase por favor ―le dije en seguida apartándome a un lado para dejarla pasar a mi casa.
―Tiene usted una casa muy bonita señor Cullen ―me comentó ella mirando a un lado y a otro cuando la conduje hacia el salón, era una de las habitaciones preferidas de la casa para mi, quizás porque desde ahí se accedía al enorme porche que daba a la playa y en el que yo pasaba la mayor parte de mi tiempo.
―Gracias, y prefiero Edward ―le contesté, por un lado agradeciendo su cumplido, y por otro dejando claro que no me gustaban los formalismos, ― ¿una cerveza? ―le pregunté una vez que salimos al porche, mientras ella admiraba la inmensidad del mar, yo admiraba su magnífico perfil.
Un rostro anguloso definido por unas delicadas facciones, unas largas y pobladas pestañas que se batían con cada parpadeo, una nariz respingona que descansaba sobre unos labios carnosos y sonrosados, continué con la inspección aprovechando que seguía embelesada mirando la playa, su cuello era largo y descendía vertiginosamente hacia sus pechos que yo adivinaba turgentes y sexys debajo de su camisa, su vientre era plano y lo que había entre él y sus largas y perfectas piernas coronadas en dos magníficos tacones… preferí no imaginármelo porque hubiese sido muy vergonzoso montar una enorme tienda de campaña bajo la tela de mis pantalones de lino.
―Una cerveza estaría bien, gracias Edward ―me contestó ella ahora mirándome fijamente, se acababa de quitar las gafas de sol y sus ojos eran de un penetrante color marrón chocolate que hicieron que desease perderme en ellos y olvidarme del resto.
Tuve que quedarme unos minutos en la cocina intentando calmar las ansias tan extrañas, y excitantes que esa mujer acababa de despertar en mi cuerpo, hacía ya algún tiempo que no estaba con una mujer en la intimidad, a tal punto que ya ni siquiera recordaba quien había sido la última que pasó por mi cama, y mucho menos por mi vida. Solía recurrir a las películas para adultos y a mis manos para desahogarme, pero ahora sentía que mi cuerpo estaba al borde de la combustión espontánea solo con la presencia de esa chica. Ella tenía un magnetismo sexual tan potente que todas las células de mi cuerpo se pusieron en alerta roja, y cuando eso ocurría solo había dos opciones posibles, o me daba una ducha de agua muy fría, o me sometía a una sesión de sexo intenso y, pensándolo detenidamente unos minutos, con una mujer como esa esperando en el porche de mi casa, la ducha de agua fría quedaba descartada.
Saqué dos cervezas frías de la nevera y mientras me encaminaba hacia el porche solo pensaba en que Anna me acabaría cortando los huevos cuando se enterase que me había follado a la editora, por que sí, definitivamente estaba decidido a follármela.
―Aún no sé como se llama ―le comenté mientras me sentaba tras ella admirando su firme y prieto trasero cuyas formas redondeadas se apreciaban insinuantes bajo la tela de su falda de tubo de corte diplomático para después descender lentamente a todo lo largo de sus maravillosas piernas que acababan en esos tacones que tan cachondo me estaban poniendo.
―Soy Isabella Swan, editora en jefe de la editorial Amanecer ―se presentó ella usando el típico tono formal de señorita importante de oficina en la Quinta Avenida, mientras se sentaba a mi lado saboreando la cerveza.
― ¿Y que la ha traído aquí? ―le pregunté mientras me acomodaba en el balancín mirándola de manera divertida, cada vez me sentía más a gusto, sobre todo porque ella cada vez estaba más nerviosa.
―Su libro ―me contestó ella sorprendida.
―Aún no hay libro ―le contesté yo sin abandonar mi postura, ella me miraba atónita como si yo de repente estuviese hablando en otro idioma diferente.
―Me parece que no le entiendo, su representante nos comentó que usted estaba a punto de acabar un libro y que necesitaba una editorial fuera de Nueva York para promocionarlo ―me explicó ella sin abandonar ese aire sofisticado, ese que a mi me estaba poniendo cada vez más caliente.
Durante unos minutos me quedé mirándola fijamente, me la estaba imaginando desnuda, solo con sus tacones, moviendo sus caderas sensualmente frente a mi, se me hacía la boca agua con solo imaginar que sabor tendría esa piel tan blanca que parecía porcelana, como sabrían sus pezones endurecidos, que se sentiría probando su néctar directamente de su centro, todos esos pensamientos estaban logrando que mi cuerpo comenzase a reaccionar.
―Está muy claro, aún no hay libro, ¿qué es lo que no entiende? ―le pregunté sonriendo mientras bebía un largo sorbo de mi cerveza que estaba calentándose tanto como yo.
―Entonces no sé que hago aquí ―me contestó ella de muy malas formas mientras se ponía en pie con la firme decisión de marcharse―, podría haberlo dicho antes y me hubiese ahorrado el viaje ―añadió muy airada mientras se colocaba su bien traje y ajustaba sus gafas de sol. Se veía muy caliente enfadada, parecía una gatita enfurruñada mostrando las uñas, así era como yo la quería, furiosa, enfadada, caliente...
―Ya que está aquí, podíamos aprovechar la visita ―le susurré muy cerca de su rostro en el momento que bloqueé su salida con mi cuerpo.
―Agradecería que se quitase de en medio, tengo novio, así que no pienso "aprovechar" el tiempo con usted de ninguna manera, si no hay libro no tengo nada que hacer aquí ―me respondió ella mirándome fijamente mientras empujaba mi cuerpo para que me apartase de su camino.
Ni siquiera logró moverme un centímetro de mi sitio, pero yo si que pude quitarle las gafas de sol para tener la oportunidad de perderme en la inmensidad de sus ojos marrones mientras la acercaba a mi cuerpo enrollando mi brazo alrededor de su cintura.
―Me importa un carajo tu novio, yo no soy celoso ―comencé a decirle sin abandonar mi tono de voz suave y bajo, mi boca cada vez más cerca de la suya, mis ojos verdes clavados en los suyos chocolate―. Y creo que le apetece "aprovechar" el tiempo conmigo tanto como a mí me apetece hacerlo con usted ―continué diciéndole mientras ella solo me miraba, sus labios ligeramente entreabiertos, sus mejillas algo ruborizadas, y su cuerpo temblando levemente con mi contacto―. y yo conozco la forma exacta de aprovechar ese tiempo… ―fue lo último que le dije momentos antes de juntar mi boca a sus labios en un beso demandante.
Sentí como se rindió al deseo cuando su boca se abrió recibiendo a mi lengua que enseguida buscó la suya batallando ambas en un intercambio de saliva salvaje que estaba encendiendo y provocando nuestras ansias de sentirnos.
―Para, no puedo, tengo novio ―me susurró ella con su frente apoyada en la mía. Sus palabras decían una cosa, pero su cuerpo, que aún se frotaba contra el mío sintiendo toda mi dureza, decía otra muy diferente.
―Él no está aquí ahora, y yo no pienso contárselo ―le susurré de vuelta volviendo después a tomar posesión de su boca golosa mientras le quitaba la chaqueta, deseoso de verla desnuda. Ella metió sus manos entre mi pelo acercando mi cabeza más a su cara para profundizar el beso y entendí que me daba carta blanca para seguir con el juego. Ahora su novio no existía, solo ella y yo; si él era tan estúpido de no satisfacer a su chica como debía, yo me encargaría de ella y de hacer que lo olvidase.
La que en un principio parecía una formal y seria mujer de negocios, acabó transformándose en una auténtica gatita salvaje. Arrancó mi camiseta como si se tratase de una hoja de papel, detalle que provocó que mi dureza creciese, mi deseo se desatase y un gruñido animal arrancase desde lo más profundo de mi pecho. Si la nena quería jugar duro, yo le daría muy duro...
Tuve que contener mis ganas de arrancarle a ella la suya entendiendo que si lo hacía seguramente no tendría ropa para regresar a su hotel, así que desabroché con la poca paciencia que me quedaba cada botón hasta quitarle la estorbosa prenda de encima para después hacer lo mismo con el cierre de su sujetador -que parecía querer resistirse-, mientras ella luchaba con el cordón que sujetaba mis pantalones de lino deseosa de quitarlos, nuestros cuerpos se frotaban el uno contra el otro como si se estuviesen sacando brillo.
Una vez que ella consiguió liberar mis piernas de los pantalones, y mi dureza de los calzoncillos, yo hice lo propio con su sujetador, dejando sus preciosos senos a mi vista con sus dos cúspides sonrosadas duras y listas para mi boca, y después con su falda dejándola solo con una diminuta tanga color azul y los maravillosos tacones que se habían convertido en mi fetiche.
Sus delicadas manos envolvieron mi dureza mientras yo chupaba sus cúspides deleitándome con la rugosidad de sus pezones en mi lengua, aún seguíamos de pie en el porche, el mar como nuestro único testigo, me importaba un carajo que alguien pudiese vernos, solo quería follarla hasta que olvidase su propio nombre…
La senté sobre el cristal de la mesa obligándola a soltar mi dureza porque si seguía masajeándola con tanto ahínco acabaría explotando sobre su mano, y antes de eso tenía en mente otras cosas. Ella se dejaba llevar por todas y cada una de mis caricias sin poner objeción a ninguna, ni siquiera parecía molestarle el hecho de que alguien pudiese sorprendernos en una actitud tan comprometedora.
Comencé por devorar nuevamente sus labios mientras me bebía cada uno de sus gemidos, y aproveché mientras lo hacía para soltar la coleta que llevaba puesta dejando que su pelo cayese en ondas sobre sus hombros volviéndola más salvaje aún. De su boca descendí a su cuello mordisqueándolo y chupándolo, llegué hasta sus hermosos senos, mientras mi lengua saboreaba con deleite uno de sus pechos, mi mano acariciando con avaricia el otro, eran como dos ubres de agua para un sediento que lleva semanas sin beber, su sabor era altamente adictivo y sus pechos simplemente perfectos.
Dejé que mi lengua resbalase caprichosa desde sus senos hasta su centro, el lugar donde más deseaba llegar. Cuando mi cara se acercó lo suficiente para disfrutar del aroma de su sexo, mis sentidos se nublaron incapaces de soportar tanta excitación y sin pensarlo arranqué de un tirón su delicada tanga que cedió con facilidad lanzándola al suelo sin importarme donde cayese. Sujeté su botón de placer entre mis dientes mordisqueándolo con suavidad mientras mis dedos caprichosos embestían dentro de sus pliegues que estaban húmedos, era un sabor exquisito, ella se retorcía con cada una de mis embestidas, y cada una de mis lamidas, hasta que las paredes internas de su sexo comenzaron a contraerse alrededor de mis dedos explotando en un intenso orgasmo que la llevó envuelta en espasmos y gritos ahogados directamente al paraíso...
No había tiempo para detenerse, no había paciencia para recuperar el ritmo normal de su respiración que se había vuelto errática. Mi cuerpo la deseaba con tanto anhelo que estaba seguro que si no la poseía en ese mismo instante acabaría volviéndome loco, así que abrí sus piernas y me metí entre ellas conduciendo mi dureza hacia su centro, mientras que ella enrolló sus piernas con fuerza alrededor de mi cintura, y apretó con sus talones sobre mi trasero ayudando que mi dureza entrase en ella quedando empalado hasta la empuñadura, ahora gemimos ambos al sentirnos. Su vagina era cálida y mi miembro se acomodó de inmediato a la humedad y al calor, creciendo y endureciéndose aún más de lo que ya lo estaba.
Comenzamos a mecernos uno con el otro, llevábamos un ritmo constante que marcaba el camino directo al paraíso del placer más absoluto, nuestras bocas se devoraban con hambre mientras nuestros cuerpos sudorosos se mecían al compás, sus paredes internas comenzaron a abrazar mi miembro con firmeza -cada vez era más placentero entrar y salir de ella-, hasta que sentí como se derritió en un exquisito orgasmo llevándome a mi detrás...
A pesar de haber estallado ambos, me negaba a salir de la calidez de su cuerpo, mi miembro seguía duro y deseaba más de ella, así que decidí cambiar de escenario -ya habíamos dado demasiado espectáculo gratuito a los vecinos-, la tomé en brazos, con mi dureza aún llenándola, y nuestras bocas aún devorándose, y caminé hasta mi dormitorio que se encontraba en la planta alta dejándola caer sobre la cama conmigo sobre ella.
―Me toca a mí, recuerda que soy la editora jefe, o sea casi tu jefa ―me susurró ella contra los labios y en un rápido movimiento, y sin permitir que mi miembro saliese de su interior, se colocó a horcajadas sobre mí como una experta y sexy amazona.
―Soy tu esclavo ―le dije yo de vuelta sonriendo mientras la sujetaba con firmeza de las caderas para que pudiese mecerse sobre mi dureza sin miedo a perder el equilibrio.
Su vaivén era suave, constante, estaba espléndida con su cabeza ligeramente inclinada hacia atrás, su ojos cerrados, su boca entreabierta, su pelo cayendo en cascada sobre su espalda, sus pechos moviéndose con cada embestida al mismo ritmo que su cuerpo mientras que yo la miraba con los ojos oscurecidos de deseo.
Afiancé mi agarre a su cintura cuando ella comenzó a acelerar su vaivén. Estaba cerca de su orgasmo y lo buscaba como una fiera hambrienta busca su alimento, así que me tensé sin moverme dejando que fuese ella la que encontrase su deseo consumido y miré embelesado como su cara se torcía de placer. En ese momento supe que jamás vería una cara tan preciosa como esa, en ese momento entendí que no podía dejarla ir bajo ningún concepto, ya arreglaría lo de su novio, lograría que se olvidase de él, la quería conmigo, la quería para mí… y con ese pensamiento dejé que mi orgasmo fluyera con la misma naturalidad que el de ella uniéndonos ambos en el paraíso.
Relajé mi agarre de su cuerpo, pero mi dureza se empeñaba en seguir a punto, lista y preparada, su cuerpo era el cobijo perfecto para ella y se negaba a ablandarse, aún tenía ganas de más. Ella me miró juguetona notando como mi miembro temblaba de anticipación dentro de su vagina, se agachó levemente para succionar mis labios con su boca, como si fuese una pequeña, juguetona y húmeda aspiradora lo que provocó que mi miembro alcanzase nuevamente su dureza plena, conseguido su objetivo salió de mi cuerpo sin dejar de mirarme con esa expresión de picardía que me estaba volviendo loco, y sin dejar de sonreír al ver mi cara de cordero degollado cuando ella se separó de mi cuerpo, cara que cambió de inmediato cuando entendí sus intenciones.
Nunca jamás ninguna mujer había probado mi cuerpo como ella lo hizo, estaba tan excitado que en algún momento llegué a pensar que explotaría antes de que ella llegase a mi pene y lo engullera. La necesidad por sentirla iba in crescendo a medida que ella chupaba, mordía, pellizcaba y acariciaba cada centímetro de mi piel, no hubo rincón en mi cuerpo que quedase sin que ella lo viese… hasta que llegó a mi polla que la esperaba húmeda y palpitante. Sentir como envolvía mi miembro en su boca, como lo acunaba con su lengua, como la saliva resbalaba con cada lamida a todo lo largo de mi falo, fue más que suficiente para que explotase de una manera violenta dentro de su boca mientras ella tragaba toda mi semilla con deleite.
―Déjame sentirte por detrás ―le susurré mientras saboreaba mi excitación directamente de sus labios.
― ¿Aún tienes ganas de más? ―me contestó ella usando un tono de voz casual y divertido dejándose chupar y morder los labios. Sus palabras salían entrecortadas porque yo no hacía más que lamer su boca jugando con ella, pero sentía que ella también lo deseaba, también deseaba más de mi y de lo que yo le podía ofrecer.
―Me parece que lo deseas tanto como yo ―le susurré mientras mi mano se perdía entre la humedad de sus pliegues y ella se estremecía abriendo sus piernas para mi.
―Te deseo ―esas dos palabras fueron motivo más que suficiente para que yo la colocase a cuatro patas, y me dejase llevar por el instinto salvaje que de nuevo tomaba control de la situación.
―Chupa mi dedo ―le susurré con la voz ronca de placer mientras acercaba mi dedo a su boca, su pequeña y jugosa boquita envolvió mi dedo con deleite provocando que mi polla nerviosa y ansiosa temblase y creciese a todo lo máximo de su longitud―. Ahora quiero que te toques mientras yo preparo tu estrecha entrada, te prometo que no te dolerá, vas a disfrutar como nunca ―añadí muy cerca de su oído antes de comenzar a acariciar su ano con el dedo que ella misma había chupado.
Debía ser cuidadoso a pesar de mis ganas enfermizas de poseerla sin miramientos, poco a poco mi dedo iba entrando dentro de su estrecha cavidad con más facilidad, su trasero se abría al placer como una flor, y yo estaba deseando sustituir ese dedo por mi dureza que estaba más que lista para meterse dentro de ese estrecho paraíso...
Ella tuvo dos deliciosos orgasmos antes de que yo comenzase a hundirme en su culo, poco a poco mi polla comenzó a entrar dentro de ella atravesando cada uno de los pequeños anillos que se iban acoplando alrededor de mi falo en perfecta armonía, hasta que sentí que mi dureza la llenaba por completo arrancando de su pecho un grito ahogado de máximo placer...
Al principio mis movimientos eran lentos y cuidadosos, acariciaba su espalda con cada una de mis embestidas mientras ella hacia lo mismo con su vagina, cuando sentí que estaba a punto de estallar en un rico y glorioso orgasmo, dejé que mi monstruo interior tomase el control, afiancé mis rodillas sobre el colchón y comencé a embestir con más rapidez mientras le daba suaves nalgadas con mis manos poniéndole el trasero de un precioso color rojo justo en el mismo momento que ambos gritábamos de éxtasis… ella derramando su semilla sobre las sábanas, y yo derramando la mía dentro de su esbelto y sonrojado culito.
Caímos exhaustos sobre el colchón con nuestros cuerpos sudorosos entrelazados, y así nos quedamos profundamente dormidos.
Los primeros rayos de sol me despertaron al día siguiente, el ruido de las gaviotas sobre las aguas del mar, y el olor a sal inundaban el dormitorio, estiré mi mano para palpar el cuerpo desnudo de la diosa que había compartido el lecho conmigo pero solo encontré un vacío. Me incorporé con rapidez quedando sentado mientras miraba a un lado y al otro agudizando el oído, pero no había nada, no estaba, solo escuchaba los ruidos propios del mar, y mi soledad llenaba el dormitorio.
Ella se había ido.
Durante unos minutos tuve que esforzarme pensando si lo que había ocurrido era verdad o si lo había soñado. Me levanté deprisa de la cama, sin importarme mi desnudez, y bajé hacia el porche buscando la prueba real de que ella había estado allí, que no había sido un sueño, y la encontré.
Su delicada tanga azul asomaba debajo de la mesa.

MOMENTO ACTUAL

Vuelvo a abrir los ojos, mi corazón late con fuerza como siempre ocurre cada vez que la recuerdo, fui tan estúpido que no le pedí una tarjeta, un número de teléfono, mi asistente personal casi me mata cuando se enteró de lo que había ocurrido. A mi me daba igual. Solo quería volver a verla, pero Anna tampoco tenía ninguna referencia de ella, de su paradero, ella había desaparecido como un fantasma, igual que llegó se fue. Ni siquiera pudimos rastrearla en su oficina de Chicago, era como si la tierra se la hubiese tragado.
Si no hubiese sido por su diminuta tanga quizás habría llegado a pensar que ella solo había sido producto de mi imaginación ¿Cuántas noches revivía su recuerdo con mis manos en mi cuerpo, bajo la ducha, en cualquier parte que me recordase a ella?, como un enfermo guardaba su tanga, esperando algún día volver a ponérsela, aunque estuviese rota.
Como una cenicienta moderna, una cenicienta sin zapato...
Pero después de seis meses ya solo me queda su recuerdo, y un libro que escribí pensando en ella y haciéndola su protagonista, por fin conseguí lo que buscaba… la inspiración, pero a cambio tuve que pagar un alto precio, perdí lo que más deseaba.
La perdí a ella...

Hellooooo! ¿Cómo les va? Pues aquí estamos presentes una vez más Bichito y su servidora con una idea muy loca y en conjunto ^^... ESTE CAP ES COMPLETAMENTE DE BICHITO (Susana Minguell) y el próx será mío. 
Será un short fic de 4 caps así que haremos uno cada una... Y como dijo Su en su nota, esperamos que lo disfruten tanto como nosotras disfrutamos haciéndolo ;)
Sin más -y como siempre-. Nos leemos en el próx... BESOS Y CUÍDENSE...
*BICHITO Y GUADA*
POR CIERTO... ¿ ¿ ¿ RWS ? ? ?

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