26 de abril de 2012

Una Historia Cantada... Capítulo 5

 “Don’t say goodbye”

Disclaimer: Los personajes pertenecen a S. Meyer y la historia es de mi autoría. Cada capítulo basado en un tema del grupo The Veronicas




EMMETT POV.:

Otro día sin ella. Otro maldito día sin verla o escuchar su dulce voz.
Horas, minutos, segundos que se clavaban como estacas en mi pecho, justo en el lugar donde otrora hubo un enamorado corazón, uno que en verdad amó y que ahora… Ahora solo había un hielo infernal allí. Tanto era el frío que de a poco sentía que iba congelando mi alma. Tanto era, que cada vez me costaba más respirar.
Lo sé, soy un idiota ¡Sí, lo sé! Lo sé.
Fui un bastardo afortunado que nunca pudo valorar lo que tuvo, creyendo como el infeliz que era que todo era dado por sentado, que siempre estaría allí para mí. Que…
¡Qué estúpido fui!
Reitero. Lo sé.
Sé que me merezco cada adjetivo denigrante que se conociese, é que soy de la peor calaña y bazofia que se pudiera conocer pero… No, no hay pero que valga lo reconozco.
¡Dios! La extraño. Extraño como todo era tan jodidamente perfecto antes.
Extraño su risa y su sonrisa. La dulzura con la que me hablaba y el amor que me profesaba. Su aroma, sus ojos, su cabello sedoso volando al viento.
Todavía era capaz de sentir su pequeña figura perdiéndose en mis brazos… “el abrazo de mi oso” como ella solía decir sonrojada entre risas.
¡Sus sonrojos! ¡Joder! Sus sonrojos –pensé suspirando una vez más de puro anhelo-. Como amaba esos delicados pómulos cuando se coloreaban desde el más tenue al más intenso rosado.
La amaba, aún la amo… Y lo arruiné.
― ¡Diablos! ―gruñí estampando la lata de cerveza que tenía en la mano contra la mesa.
― ¿Aún te lamentas? ―preguntó una voz bastante familiar detrás de mí.
― ¿Te molesta?
―No, no realmente. Solo que no puedo creer como eres capaz de lamentar tanto algo que no puedes remediar y no hacer nada al respecto para siquiera merecer una segunda oportunidad ―sentenció él tan directa y crudamente como siempre ¡A la mierda con él! Estaba harto… harto de él, de sus ironías, de sus… arrg, estaba jodidamente harto de mí.
Lentamente me paré y me giré hacia él.
― ¿Y crees que la merezco? Joder Steve te creí más inteligente ―dije antes de seguir mi camino hacia mi habitación y frenando en seco cuando escuché nuevamente su voz.
―No, no la mereces. Pero sin embargo ni tú ni yo somos quienes para juzgar eso. Al menos deberías darle a ella esa mínima opción. Ya l ha de haber pasado bastante mal y tú aún no asumes  su final, así que… ¿Por qué no intentar ganártela de nuevo para así acabar con esto de una vez? Te acepta, eres feliz. No te acepta, será definitivo y no te quedará otra que avanzar ya que en este momento te encuentras estancado en ella y ninguna palabra que no sea proveniente de su boca y de su voz hará ningún efecto en ti.
― ¡Por Dios! ¿Apenas llevas un año de carrera de loquero y ya puedes dar ese tipo de diagnóstico y consejo? ―pregunté para luego lanzarme a reír de él. Estaba nervioso, sus palabras inoportunas me habían dejado así.
―No te pongas a la defensiva, analiza bien lo que quieres pero, una pregunta debe razonar tu mente ¿Estoy enamorado de ella o de la ilusión de como me hacía sentir en el momento en el que todo estaba maravillosamente bien en mi vida?
Jodido-Hijo-De-Putas.
―Ya cállate Freud, tú no sabes nada. Pero, sí… pensaré en ello ―sonreí socarronamente―, quizás es momento de volver a por ella ―dicho esto, me fui.
Y, ¡Joder! Vaya que lo pensé.
No sus estúpidas preguntas, sino el hecho de darme otra oportunidad con ella. Sé que la había cagado –literalmente-; pero estaba arrepentido, sufría por ella… Aún la amaba. Y estaba seguro de que ella también me seguía amando a pesar del dolor y el enojo que de seguro sentiría en mi contra.
Con esto en mente pasó el mes y medio de exámenes que tenía por delante y al fin, al fin, conseguí arreglar todo para regresar a Forks, regresar a ella… Al menos durante dos semanas.
Sabía que no era mucho tiempo pero a este punto estaba completamente seguro de que la tendría pronto conmigo y esto me tenía eufórico.
Hacía ya ocho meses que todo se había arruinado.
Hacía siete que no la veía.
Hacía seis que en verdad caí en la cuenta de la gravedad de lo que había hecho.
Hacía cinco que era un lamento en vida.
Hacía cuatro desde que –medianamente- recuperé mi antiguo trato con mi familia.
Hacía tres desde que prácticamente no sabía de ellos más que lo esencial.
Hacía dos desde que decidí luchar en verdad para reconquistarla y conseguir que todo fuera como antes.
Uno desde que me estaba volviendo prácticamente loco con tantas diversas teorías.
Dos semanas desde que terminé con todo lo que allí me ataba…
… Seis horas desde que abordé el avión con destino a ella…
Y… Cinco minutos desde que choqué con la cruda realidad.
.
.
Llegué temprano y un día antes de lo acordado ya que, antes que nada, quería sorprenderla. Si supiera…
Entré en mi casa bajando del taxi con las dos maletas. Abriendo con mi llave habitual.
― ¡¿Hooolaaa?! ―grité preguntando.
― ¿Emmett? ―preguntó en voz alta mi madre saliendo de la cocina con su delantal diario y con una inmensa sonrisa de sorpresa plasmada en su siempre dulce rostro.
―Hola.
― ¡Emmett! ―gritó la enana desde lo alto de la escalera.
Ambas mujeres volaron a mis brazos y yo las recibí gustoso. Hacía tiempo que no veía a mi familia, y menos tan a gusto conmigo después de todo aquello.
―Bueno, bueno… Veo que me han extrañado al menos un poco.
―Oh, calla tonto ―susurró la enana apretándose contra mí.
― ¿Por qué no has avisado? ¿Está todo bien? ¿Pasó algo? ―mamá.
―Shh, todo está bien, todo está perfecto. Recién ahora puedo adelantar trabajos para quedar con algo más de tiempo libre y venir aquí con verdadero tiempo para las visitas. Los extrañé ―dije levantándolas a una con cada brazo del piso para luego bajarlas con cuidado.
―Owww ―dijeron ambas apretando su abrazo.
―Pero bueno, ¿Qué cuentan? Últimamente no hemos estado hablando mucho ¿Y papá? ¿Y Edward?
Ellas se miraron fugazmente. No entendí el porqué.
―Tu padre está trabajando, pidió unos días a partir de mañana y por eso está haciendo algunas horas extras ―dijo mi madre sonriente soltándose de mí para ir hacia el sofá del living a nuestra derecha. Yo la seguí aún abrazado a la enana.
―Ya veo ¿Y Ed? Hace mucho que no sé de él ¿En qué anda?
―Bueno, él está bien. Está ocupado con exámenes y…
― ¡Ay ya mamá! ―gritó Alice de repente muy enojada ¿Qué rayos pasaba?― Lo sabrá ya tarde o temprano ¿No?
― ¡Alice! Esto no es asunto tuyo, mejor…
De ahí en más todo pareció ir en cámara lenta. El sonido quedó apagado en mis oídos, tal y como si me hubiera aislado del mundo. Era una sensación onírica casi.
Pasé de ver discutiendo a mi madre con Alice -por algo que en verdad me tenía intrigado ya que al parecer me concernía- a escuchar el sonido de risas provenientes de la puerta de entrada. Cortando la discusión de tajo.
Mis latidos se aceleraron sin saber muy bien porqué y un escalofrío de antelación recorrió cada una de mis vértebras.
Ellos entraron corriendo entre risas, tan solo parando a cerrar la puerta para luego perderse en un beso que estaba seguro que no se hubieran dado si hubieran estado conscientes de los tres pares de ojos que no les quitaban la mirada de encima.
No supe cuantos minutos pasaron. Solo que me quedé allí, viendo como ellos se comían la boca hasta dejarse sin aliento y como se tocaban con las manos recargados contra la pared de lado a la puerta. Finalmente reaccioné en el momento en el que escuché un sonoro carraspeo a mi lado. Alice. Ambos saltaron aun con las sonrisas pegadas en sus sonrojados rostros, girándose con lentitud hacia el lugar del cual provino el sonido… Y quedando totalmente pálidos y estáticos al vernos… Al verme.
Y luego todo se fue rápidamente al carajo.
Yo gritándole a Edward todos los improperios habidos y por haber.
Alice gritándome que la culpa era de ambos.
Edward gritándole a Alice y a mí que nos callásemos.
Bella gritándole a Edward que se fueran.
Y mi madre, mi dulce y tierna madre, gritando como una fiera a todos que nos calmáramos.
Al final no lo soporté y me abalancé sobre él.
Gritos de todas las mujeres llenaron el espacio, pero yo estaba enceguecido así que aquello me importó bien poco en realidad. Logré atinarle un golpe, un puño en la mandíbula que le giró por completo la cara y a punto estuve de darle otro cuando Bella se interpuso un segundo antes con los ojos ligeramente fruncidos esperando recibir el impacto por él. Aquello me descolocó aún más, lo reconozco. Por suerte reaccioné a tiempo. Tan solo rozando sus cabellos con mi puño cuando este terminó incrustado en la pared, justo al lado de su asombrado, enojado y tenso rostro. Todo se paralizó entonces por unos segundos.
Lo siguiente fue que Edward giró a Bella mirándola con absoluta preocupación y comenzando a decirle lo estúpida que era por ponerse así, en medio de una pelea, mientras ella llorando le acariciaba el lugar en el que ahora se enrojecía el anterior golpe y en el que ahora la piel se estaba ligeramente hinchando. Momentos después mi madre estuvo delante de mí con los ojos lacrimosos comenzando un sermón al cual no presté ninguna atención.
Desviando la mirada tan solo pude ver a Alice mirando todo con ojos tristes.
― ¿Cómo pudiste Edward? ―escupí con puro odio.
― ¡¿Qué?! ¿Él? ¿Cómo pudiste tú? ¿Quién demonios te crees que eres para venir y arruinarlo todo… De nuevo? ―me gritó Bella girándose rápidamente para encararme con los ojos llenos de puro… ¿Odio también? ¿Hacia mí?
Su mirada me congeló.
―Shh, tranquila ―susurró él abrazándola. Mis puños se cerraron en respuesta, listos para otro impacto―. Vamos. Te llevaré a tu casa.
― ¿Pero?
Él colocó un dedo delicadamente sobre sus labios y negó suavemente con la cabeza. Una conversación silenciosa pasó a través de sus ojos y luego ella tan solo asintió resignada.  Y eso fue todo.
De aquello ahora hacía ya tres días. Tres días en los que casi no he dormido. En los que casi no he hablado con nadie. Joder ¡Todos lo sabían! Todos lo sabían, y nadie dijo nada. Y yo aquí, haciendo el papel de galante idiota. Arrg, quería romper todo.
No. Había venido para algo y no me iría sin escuchar lo que sea que fuera de su boca, de sus dulces labios.
Era ya de madrugada, todo se encontraba en calma, en total silencio y quietud. Otra noche sin dormir. Y fue entonces cuando lo hice. Antes de que me arrepintiese salté de la cama, me enfundé en unos pantalones de jeans y una camiseta negra ajustada, las zapatillas y todo lo necesario para salir de allí –llaves de la casa, del coche, billetera, celular, campera-. Con todo aquello al fin listo bajé la escalera a la carrera y volé al jeep, a aquel auto que tanto amaba, y salí rumbo a mi destino.
Quince minutos. Eso fue todo lo que me tomó llegar allí. Treinta más fueron los que me tomaron para reunir el valor suficiente y bajar del coche… Y unos cinco más para ir lentamente  caminando hacia su puerta. Y llamar.
Sí, bueno, a pesar de todo lo que me he demorado aquí dando vueltas tan solo eran las 8:24 de la mañana, lo más seguro es que estuviera durmiendo ¿no? –pensaba cuando tras unos minutos de llamar a la puerta vi que nadie contestaba.
De pronto y de la nada –ya que ningún ruido me avisó de ello- la puerta se abrió dejando a la vista a una muy adormilada Bella, con la bata ligeramente entreabierta. Sus ojos se abrieron ampliamente cuando me vio allí, parado torpemente frente a ella con las primeras luces del alba despuntando en el lejano horizonte.
― ¿Emmett? ¿Qué…? ―preguntó visiblemente nerviosa arreglando su cabello –o intentándolo- y ciñendo su bata a su forma para cubrirse.
―Hola. Mira, sé que no son horas pero yo… Necesito… arrg, necesito hablar contigo. Puedo esperar. Si quieres podríamos hablar aquí o donde quieras eso no es probl…
―Alto. Emmett, son las ¡¿8:30?! ―gritó al ver la hora detrás de sí en el reloj de la pared detrás de sí. Luego se apoyó frotándose los ojos contra la puerta y suspiró―. De acuerdo ¿Podrías esperarme mientras me arreglo? En unos minutos salgo ―no se me pasó por alto el detalle de que no me invitó a entrar ¿Quizás llamara a Ed? Tendría que esperar y ver.
―De acuerdo, te esperaré en el jeep ―ella sonrió un microsegundo y y supuse saber a que se debía aquello. El jeep.
―Bien, ahora salgo ―dijo cerrando la puerta despacio sí, pero en mi cara.
Veintisiete minutos y treinta y nueve segundos después fue cuanto tardó. Y no es que estuviera contando, noooo ¡Qué va!
―Vamos ―dije, con un pequeño atisbo de sonrisa escapándoseme sin mi permiso.
Sucede que de pronto me vi invadido por los recuerdos de cuando secretamente pasaba a recogerla para escaparnos solo los dos un rato, solo por el placer sencillo de sentirnos, de hablar, de disfrutar del otro.
Observé como Bella se frenaba unos segundos delante del coche y como segundos después giraba su hermosa cabeza para mirarme con, desconfianza. Luego sin decir palabra subió al coche mientras que yo le tenía la puerta.
Estaba completamente decidido a comportarme lo más civilizadamente posible ya que después del “incidente” yo la había tratado bastante mal y ahora me odiaba por ello. Si tan solo hubiera sido menos estúpido, ella, ella…
― ¿Vamos? ―preguntó ella en tono de duda mientras yo trataba de ocultar mi aturdimiento. Asentí y arranqué.
Lo cierto es que no tenía muy en claro donde llevarla. Hice rápidamente un paneo general de opciones y sonreí ante la más viable… El claro. Aquel en donde comenzaron las consecuencias de mis estúpidos actos –bueno en realidad fue en una fiesta en la cual me emborraché demás pero la significativa ruptura fue aquí.
Finalmente llegamos. Ella lució bastante sorprendida por el lugar elegido, pude verlo en su rostro, pero no dijo absolutamente nada al respecto. Bajé y fui a abrirle la puerta para ayudarle a bajar, mas ella no me esperó y tan solo saltó sola de él, cerrando de un portazo la puerta, remarcando entonces el silencio atronador del lugar. No dije nada ¿Con que fin? Caminé hacia el baúl y tomé la manta, la misma que en algún momento ella misma usó y que aún conservaba pequeñas salpicaduras y manchas de pintura en ella, y me fui hacia el centro del lugar para extenderla y así poder sentarnos. Estaba cagado de miedo. Necesitaba que… la necesitaba de nuevo en mi vida, necesitaba tenerla a mi lado y que todo volviera a ser como antes.
Observé como lentamente ella se acercaba y se sentaba en el otro extremo, dejando un graaaan espacio de por medio entre nosotros, uno que yo sentía como el mismo abismo.
― ¿Y? ―preguntó luego de unos segundos mirando hacia el cielo.
― ¿Y qué? ―pregunté a su vez un tanto descolocado.
El verla allí, tan pacífica, sencillamente mis pensamientos volaron. Pero el bufido que emitió sin dudas me trajo de nuevo a la realidad.
―Emmet ―suspiró― ¿Por qué lo haces? ¿Acaso no me has lastimado ya lo suficiente? ¿Qué rayos es lo que quieres? Han pasado ocho meses desde que… aquello pasó, muchas cosas cambiaron ¡Todo cambió!... Yo cambié ―dijo esto último en un bajo susurro que, de no ser por el silencio del lugar y el hecho de tenerla tan cerca no la habría escuchado―… Y también tú por lo que veo ―hizo una leve pausa y luego su rostro se encrespó― ¿Entonces? ¿Por qué vienes luego de tanto a exigir cosas que ya no existen? ―me dijo ella sin mirarme con toda la calma del mundo, aunque de fondo se pudieran notar claramente sus sentimientos de rabia y dolor.
―Bella, en estos meses… ―suspiré― No sabes el tiempo que me la he pasado acostado pensando en ti. Nadie, absolutamente nadie me vio peleando contra mí mismo para no venir antes, para ya no joderte más. No me lo refriegues en la cara ¡Ya sé lo que hice y aun me siento mal por todo aquello!... Todavía te quiero. No te das una idea de lo que he sufrido y llorado, queriendo aunque fuera por teléfono suplicar tu perdón. Por favor, no me digas que es demasiado tarde ¡Por favor Bella dame una oportunidad! Dame la oportunidad de que todo sea como antes de que la jodiera ―dije todo de corrido―… Sé que sales con mi hermano tan solo para lastimarme, sabías que en algún momento me enteraría y que me dolería… Lo lograste ¡no lo hagas más! ¡Lo siento!
― ¡Ya es tarde Emmet! Y, te soy sincera… Si hubieras dicho algo de esto, así, aquel día en mi casa luego de todo de todo aquello seguramente te lo hubiera creído y creo que hasta incluso perdonado todo, TODO Emmet, TODO. Pero no, aquel día incluso me gritaste sin siquiera tratar de entender cuan dolida estaba. Esto nunca fue un “nosotros”… fue sobre ti ¡Siempre es sobre ti! ¿No te das cuenta de lo que acabas de decir?  ¿No te das cuenta de lo egoísta que eres? Vienes aquí, después de que hace ocho meses me metiste los cuernos con en ese entonces mi mejor amiga y luego desapareces durante siete eses pretendiendo que con un “lo siento” ya vuelva a tus pies para que tú te puedas sentir mejor contigo mismo. Pues no Emmett, lo nuestro se acabó ese día en que me di cuanta de que lo nuestro era tan solo una jodida mentira, una fantasía. Te perdono, sí, de verdad que lo hago. Pero lo nuestro se acabó ―dijo ella de manera rotunda apretando los puños a los lados de su cadera porque para aquel entonces ya se había puesto de pie al igual que yo.
Podía ver cuan convencida estaba por el brillo de sus ojos. Esos hermosos ojos chocolates que siempre decían más que sus palabras.
―Y no te atrevas a hablar o tan siquiera opinar de la relación que tengo con Edward por simple despecho. Nadie lo planeó, solo… se dio. Y créeme que yo sí luché para que no pasara justamente por el jodido y patético hecho de estar ligado a ti ―escupió con ¿Desprecio?
Creo que preferiría que me odiara a que me despreciara así o que sienta pena por mí. Me estaba destrozando ¿Qué acaso no se daba cuenta? ¡Quería gritar! ¡Espera! ¡Estoy tratando de salvarnos!... Por favor Bella… No digas que todo ha terminado.


1 comentario:

  1. AHHHHHHHHH...

    NO QUIERO QUE SE QUEDE CON EMMETT...

    ES QUE EMMETT NO PUEDE ENTENDER QUE BELLA NO ES PARA EL????

    ESPERO QUE TODO SE ARREGLE...

    MUY BUENO...

    BESITOS...

    PAZ

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