19 de abril de 2012

Ella y ellos... Final


DISCLAIMER: LOS PERSONAJES
PERTENECEN A S. MEYER Y LA HISTORIA ES EL CONJUNTO DE LA PERVERSA MENTE DE ESTAS DOS FIELES Y LEMONERAS SERVIDORAS, BICHITO Y GUADI FICS...

SUMARY: Un viaje de negocios se convierte prontamente en el más placentero encuentro sexual entre Bella y tres perfectos desconocidos, apareciendo y desapareciendo de sus vidas como por arte de magia... Hasta que vuelven a encontrarse. MUY HOT. AU. OOC.

ELLA Y ELLOS… UN PLACENTERO CRUCE DE DESTINOS
El primero fue Edward: sexo dominante y pasión desbordada,
el segundo fue Emmet: caliente y sensual,
el tercero fue Jasper: dulce y sexy...
Solo el destino pudo haber planeado algo más allá,
algo que ninguno hubiera pensado jamás...
Algo que nunca ninguno iba a olvidar.

CAPÍTULO 4: "El fin de mis huidas"

BPOV.:

¡Mierda! Llegaba tarde… y odiaba cuando esto pasaba.
― ¡Señorita Swan! ―escuché gritar detrás de mí a mi muy urgida e insistente secretaria -que hasta el día de hoy me preguntaba porque todavía no la había despedido si ni siquiera la aguantaba.
Puse mi mayor cara de pocker y me giré en seco para ver de una maldita vez que era lo que quería con tan buena suerte de que sus reflejos se activaron algo tardíos y terminó estampándose de lleno contra mí. Arrrg.
― ¿Qué rayos quieres Jane? Ya sabes que estoy retrasada para el vuelo y aún debo pasar por el resto de mi equipaje.
―Lo siento, lo siento, es que se me olvidó entregarle el fax que me mandó el jefe con un cambio de último minuto en su itinerario.
Creo que la mirada que le di ante esta última información fue demasiado ‘evidente’ ya que su de por sí pálido rostro terminó por perder todo el escaso color que llevaba a pesar de estar como siempre perfectamente maquillada.
― ¡Dámelo! ―grité enfurecida― Ahora no tengo tiempo pero ya hablaremos a mi regreso ―le dije de manera contenida antes de girarme para correr a mi coche.
Definitivamente mi vida era un asco.
Tras arrancar el coche de manera furiosa fui a mi apartamento y cogí la bolsa de viaje que por suerte ya estaba previamente preparada. No tenía tiempo para darme una ducha como tenía planeado pero bueno, supongo que no me quedará de otra que aguantarme hasta llegar al hotel.
Corrí como loca por la autopista y luego una vez más por la terminal llegando justo a tiempo para el último llamado a abordar. Dios, sin duda necesitaba vacaciones… Y un buen polvo –pensé esbozando una sonrisa o más bien una mueca ante aquel recurrente pensamiento.
Este viaje me traía recuerdos que en todo este tiempo me había esforzado en sepultar, pero que ahora, en la soledad y tranquilidad de mi vuelo decidí rememorar con exquisita tranquilidad.
Hacía ya siete meses que había hecho este mismo viaje hacia New York, y ¡Joder, que había sido bueno el resultado!
Jamás en mi muy mojigata y centrada vida había pensado en la posibilidad de que en un viaje pudiera hallar tanto placer. Nunca. Y mucho menos me hubiese imaginado a mí misma capaz de meterle los cuernos a mi novio, no solo una… ¡sino tres veces y con tres hombres distintos! No, evidentemente ese viaje había sacado una parte de mí que ni yo misma sabía que existía; pero que, extrañamente, estaba muy pero MUY contenta de haber conocido.
Aquel viaje -y sobre todo esos encuentros-, me demostraron que era una mujer verdaderamente apasionada y fogosa, no la chica tímida e inhibida que solía ser con mi propia sexualidad. Quizás, quizás aquellas tres maravillas de hombres me habían dado el mejor regalo de mi vida… El conocimiento pleno de que era toda una mujer, una mujer de grandes pasiones, una mujer deseosa… Una mujer completamente sexual.
Por obvias razones no había sabido nada más de ellos. Sin embargo, mentiría si dijera que no había pensado en ellos como mínimo una vez al día. No en lo que hicimos, noooo -lo que menos quería era ponerme cachonda en medio de una maldita junta llena de testosterona-. Pero, el recordar sus ojos, las miradas que me dieron en distintos momentos; sus voces y sus tonos; sus rostros; la sensación de sus pieles bajo mis dedos. Tan solo aquellos breves retazos de memoria sensitiva eran capaces de hacerme gemir de plena lujuria.
Previo a aquel viaje había discutido de manera nada agradable con Jacob, mi novio. Él quería de pronto dar un paso más, consolidar la relación y pasar a un nivel de compromiso para el que -sin dudar un mísero segundo- yo no estaba preparada… O al menos no con él, y así se lo hice saber con el mayor de los tactos que fui capaz de reunir. Y sí, a pesar de mis ‘tactos’ su ego quedó evidentemente mancillado ya que me armó una discusión épica entre nosotros. La realidad era que hacía ya bastante tiempo que no nos hallábamos entre nosotros. La comunicación fallaba puesto que no nos veíamos casi nunca a causa de nuestros respectivos y demandantes trabajos y, en la intimidad… bueno, tan solo diré que previo al viaje no recordaba hacía cuanto nos habíamos dedicado algo de tiempo para ello. Mis únicos recuerdos sexuales del último año con él consistían en ‘rapiditos’ que muchas veces yo apuraba sin siquiera alcanzar mi placer para que todo terminara y pudiera así seguir con lo que estaba haciendo. Sí, era deprimente. Joder, ¡era más que eso! ¡Era patético! –pensé suspirando-. Y luego… el viaje.
Demás está decir que al regresar tuve que hacer frente al hecho de que -sin el menor atisbo de inseguridad de mi parte-, Jacob no era para mí. En resumidas cuentas noté que yo era una mujer de pasiones fuertes y demandantes… pero que obviamente el pobre de Jacob no las despertaba. Tristemente reconocí para mí misma que nunca lo había hecho; la pasión de los primeros meses entre nosotros no había sido nada comparada con la de aquellos días en aquella lejana ciudad.
Ciudad a la que ahora me veía obligada a regresar, despertando en el camino todos esos recuerdos y aquellas grandes sensaciones.
Entre tan gratas memorias mi cuerpo se relajó hasta el punto de que sucumbí a una pequeña y reparadora siesta. Y, bueno, los sueños que tuve sin duda incluyeron los estrechos pero muy útiles baños del avión.
Una vez que aterrizamos, recogí mi equipaje y me fui directamente hacia la habitación del hotel en la cual planeaba pasarme toda la bendita noche entre un baño de espuma y una cama mullida… ya mañana comenzaría las correderas típicas de mi trabajo.
Mmm” gemí de placer estirándome entre aquellas suaves sábanas mientras los primeros rayos del alba hacían su gloriosa aparición. Así, tras una perfecta noche de descanso ininterrumpido, me levanté completamente renovada y con ganas de hacer todo de una buena vez, por lo que me cambié mi pequeño pero hermoso camisolín de seda negra por un vestido entallado color champagne a la rodilla con un gran cuello bote y con los pequeños strass destellando en los bordes de las anchas tiras caídas sobre mis hombros. Como dije, era un  vestido bastante entallado, pero sumamente simple salvo por el detalle de strass y el único complemento agregado que era una ancha cinta de raso negra sobre la cintura alta. El vestido era algo que yo denominaba “adquisición multiuso”. Éste era válido para una junta, una reunión, un almuerzo, un cóctel, es decir que serviría para cada ocasión del día de hoy sin tener que venir a cambiarme o llevarme distintos trajes en el auto. Lo combiné con unos zapatos del mismo tono de punta stileto abierta que tenía los ribetes en negro y un intrincado moño de encaje también negro en la parte exterior del talón. Los taco aguja de doce centímetros no eran una opción demasiado grata para todo el día pero era algo a lo que sin duda me había llegado a acostumbrar –aunque luego tuviera que poner mis pies en agua y sales por un buen rato.
Me alisé un poco el pelo y tan solo me lo tomé en una cola alta. Un poco de maquillaje para resaltar mis ojos y un poco de brillo labial para mi color natural en ellos. Aretes en forma de grandes argollas y unas pulseras de plata haciendo juego. Listo. Perfecto. El último toque era algo de perfume ‘Very Irresistible’ -sí, ese perfume estaba hecho para mí-. El simple aroma me hacía sentir sexy, poderosa. Y de nuevo, sí, eso era algo más que había descubierto tras mi separación. Muy atrás había quedado la Isabella que usaba solo perfumes dulces como el Annie annie. No ya no más. Tras dejar todo con Jake tomé la decisión de resaltar cada minúsculo detalle femenino en mí. Y, heme aquí.
La mañana pasó como una brisa ligera, de pronto estaba en una reunión, de pronto estaba en una junta con un posible nuevo talento de autor; Un minuto estaba bebiendo un coctel con unos cuantos editores de aquella ciudad y al siguiente me hallaba viajando para revisar en la editorial unas cuantas impresiones y portadas que debían ser replanteadas. Lo cierto es que fue un ritmo vertiginoso pero realmente agradecido ya que eso me evitó el tener que pensar más allá del trabajo -como por ejemplo en la soledad que me embargaba y más en esta ciudad que ahora me traía tantos recuerdos que hasta podrían calentar al papa-. Joder, mejor no sigo por esa línea.
Eran ya pasadas las seis de la tarde, casi siete, cuando finalmente dejé la oficina de la editorial de New York con destino incierto ya que no quería pasar mi noche tendida en el sillón de la sala comiendo chocolates frente a una película cursi… Si ya lo había pensado. Y no quería llegar a eso, no. Puesto a lo dicho fue que salí de allí con ganas de recorrer, de caminar, de sentir esa maravillosa y activa ciudad correr por mis venas. Y lo hice. Mierda que sí.
Dejé mi coche aparcado en un estacionamiento sobre la 5º avenida y me dispuse a caminar, a respirar, a sentir la brisa y los aromas en mi piel. Un tiempo después decidí recoger el coche ya que estaba comenzando a refrescar y me fui al hotel para darme un baño y cambiarme de atuendo. Sí, saldría a tomar una copa SO-LA ¿Quién dice que una mujer no pueda divertirse sola? Ok, vale, quizás no fuera oh la gran diversión pero seguía siendo mi salida.
Me calcé unos jeans bastante pegados y una remera atada al cuello con un graaaan escote de lamé color peltre, unos manolos stiletos negros brillantes con un detalle de tachas en un lado y una campera de cuero negra que por dentro tenía piel suave. Estaba Chic, femenina, y abrigada. Esta vez até mi cabello en una cola alta bien tirante y dejé dos mechones finos sueltos a cada lado para enmarcarme el rostro. Un poco de maquillaje y brillo labial, accesorios… y estaba lista.
A tomar la noche –me dije dándome una mirada sensual en el espejo que había a un lado de la entrada.
Volví por el coche y me dediqué a dar un par de vueltas para luego terminar tomando unas copas en un bar no muy lejos del hotel. Aparentemente para los hombres el estar bebiendo sola era una clara invitación a querer sexo de una noche. Cosa que hubiera sido buena si al menos uno de aquellos idiotas me hubiera atraído en lo más mínimo. La noche pasó en calma y ya luego me fui a acostar. Mañana tocaba otro día de corridas.
.
Otro día pasó volando y la esperada noche llegó al fin. Hoy tenía una fiesta a la que en realidad nunca me había interesado mucho ir pero a la que extrañamente hoy me sentía ansiosa por asistir. El evento era más que nada una reunión de editores de distintas editoriales y algunos autores reconocidos por sus últimos libros e incluso algunos nuevos considerados nuevos talentos y afines.
Eran las ocho en punto y yo ya estaba lista.
El vestido era exquisito. Entallado hasta las caderas para luego caer en forma suave hasta los tobillos en un delicado degradé de azul Francia en el pecho hasta un negro profundo en el ruedo con un brillo suave en toda la tela. El escote era lo justo para no parecer vulgar pero aun así lo suficiente para no poder llevar un sostén debajo y quedaba enganchado en el cuello por un juego de cadenas finas. Recogí mi cabello en un rodete flojo y bajo del cual se escapaban algunos mechones rebeldes y acentué mis rasgos con un maquillaje suave.
Cuando llegué a la fiesta esta ya estaba en pleno auge por lo que automáticamente comencé a saludar a diestro y siniestro a muchas personas que hacía bastante no veía. Al menos así fue… hasta que lo vi…
Cuando estaba dejando un grupo de jóvenes editores de los Ángeles moví mi mirada al frente por tan solo un segundo y fue entonces cuando me quedé prendada de su mirada. Sí, él me estaba viendo. Un destello de incredulidad que rápidamente dio paso a una fiera y ¿apasionada? No sabría decirlo. En ese mismo instante alguien me chocó desde atrás por lo que para que mi copa de burbujeante champagne no se me viniera encima tuve que girarme rápidamente haciendo equilibrio con el efervescente líquido ambarino. Y me quedé de piedra…
¡Oh por todo lo santo! ¡Esto no me puede estar pasando!
Frente a mí se hallaba una mirada claramente lujuriosa y ligeramente asombrada.
―Señorita Swan. Que ‘placer’ volver a encontrarla ―dijo él arrastrando las palabras casi como un suave ronroneo.
―Señor Cullen ―Joder, mi memoria no le había hecho justicia.
Edward estaba tremendamente elegante vestido con un traje negro que le asentaba como guante y una camisa verde jade que combinaba tan bien con sus ojos. Ojos que ahora refulgían como si dentro tuvieran una llamarada de fuego candente. Dios, me estaba quemando tan solo con su mirada.
Y de pronto recordé a esa ‘otra’ mirada de hacía segundos así que giré para ver si había sido real… No había nadie allí ¿Me estaría volviendo loca? Ok, ahora tenía hasta miedo de girar. Quizás Cullen también fuera producto de mi imaginación ¿Verdad?
No.
Él estaba ahí frente a mí en toda su magnificencia mirándome a conciencia. Y, como una colegiala, sentí como él me desnudaba con la mirada, casi diría que sentía la caricia de sus ojos sobre mi piel. ¿Ardiente? ¡Dios, era un infierno! Pero eso no era todo. Detrás de él estaba… ¿Mmm, ÉL? JODER… ¿Qué rayos hacían los dos aquí?
Él”, ok, se me hacía raro el hecho de no saber como llamarle ni con el pensamiento pero ni modo que pensara en él como ‘Osito’ como aquella vez ¡Mucho menos llamarlo así en voz alta! Dios, solo yo podía meterme en este tipo de aprieto… como sea, ÉL se acercaba a paso lento pero seguro hacia nosotros mientras Edward se daba vuelta para ver a quien me había llamado tanto la atención -ya que desde que giré no le había vuelto a mirar-. Me sorprendí un poco cuando al echar una fugaz mirada veo a Edward esboza una sonrisa a ese monumento de hombre que caminaba hacia donde nosotros nos encontrábamos.
Los pasos se me hacían eternos pero sabía que en realidad fue tan solo cosas de segundos, hasta que finalmente quedó a solo un paso de mí. Mmm, su calor emanaba como una hoguera hacia mi pecho. Joder ¡No era hora de comportarme como gata en celo!
―Hola, mmm… Señorita… ―dijo evidentemente divertido de no saber como llamarme. Decidí ser un poco osada ya que necesitaba relajarme antes de hacer una burrada.
―Hola… Señor Pooh ―dije sin evitar reírme al final y tendiéndole la mano.
Me alegro saber que no se había ofendido en lo más mínimo. No, él tan solo lanzó una tremenda carcajada que hizo a más de un invitado darse la vuelta y mirar hacia nosotros para saber de que iba el alboroto y luego como si nada tomó mi mano de manera firme en un gesto muy caballeroso -y extraño en esta época- para llevársela a sus labios mientras me miraba con una intensidad aplastante desde sus muy hermosos ojos celeste cielo. Jooo, esa mirada era… arrgg.
―Señorita Swan, le presento a mi hermano… Emmett Cullen ―dijo Edward de quien me había olvidado completamente hasta que habló.
¿Qué, qué? ¡NOOOO! O sea… ¡Nooo!
Sentí dolor en mis ojos debido a como mis ojos parecían querer salírseme de mis cuencas. Creo que hasta palidecí un poco.
Nooo. Por favor ¡Qué alguien venga ya y me diga que es una puta broma!
―Mmm… ¿Es una broma verdad? ―dije tratando de sonar tranquila y divertida, cosa que no estaba ni de pasada.
Edward me miró sorprendido. Oh, oh…
― ¿Broma? No comprendo ¿Para qué querría bromear con algo así? ―gemí, no pude evitarlo… y volví a hacerlo cuando sentí como Emmett reía a lo grande.
―Dime que no te enredaste también con mi hermanito gatita ―dijo Emmet completamente divertido a mi costa. Carajo quería hundir mis hermosos doce centímetros de taco en su muy gigante pie.
― ¿También? ―preguntó Edward entonces para nada divertido.
Joder ¡Nadie adivinaría que eran hermanos! ¡Pero si eran como agua y aceite! Salvo en la hermosura claro… eso parecía una muy buena mezcla de genes.
―Seee… hace como siete meses ¿Verdad hermosa? Fue… justo un día después de enterarme lo de Rosalie ―dijo Emmet en un tono de voz un poco más bajo y con la mirada más apagada. Tema delicado parece.
―Ya entiendo ―contestó su, hermano―. Veo señorita Swan que estuvo muy ocupada en esos días ¿No? ―dijo claramente enojado.
¿Y a éste qué? Si yo no era de su jodida propiedad.
―Pues lo cierto es que sí… Aproveché cada minuto de mi viaje, hasta el final ―comenté de pasada recordando a aquel otro individuo que me había hecho maravillas en las alturas. Sonreí.
― ¿Rememorando viejas hazañas gatita? ―preguntó el grandote.
―Isabella… Se llama Isabella ―dijo Edward apretando firmemente su copa y otro tanto su mandíbula.
―Bella, dime Bella, Emmett… Creo que ya nos conocemos lo ‘suficiente’ como para tratarnos de tú ¿Verdad? ―dije de manera coqueta tras lanzar una carcajada.
¿Qué rayos pasa conmigo? –me dije tras ver ambos rostros. Lo único que me faltaba era crear conflictos entre los hermanitos adonis. Arrg.
―Como sea, prefiero decirte gatita ―dijo Emmett moviendo sus cejas repetidas veces de manera graciosa―, me trae muy buenos recuerdos ―agregó luego lanzando otra sonora risa al aire.
Reí. Sí reí. Y es que esta situación era… absurda, como mínimo.
― ¿Qué es tan gracioso? ―preguntó contrariado el señor diversión.
―Pues, todo… Ustedes, yo, la situación en general se me hace ilógica además de extraña.
―Es cierto. Me acabo de enterar que en el mismo viaje relámpago estuviste conmigo y con mi hermano sin siquiera conocernos ¡Menos mal que el viaje fue corto porque sino de seguro también le entrabas! ―dijo de nuevo el grandote para luego reír de su propio chiste.
―Ja, ja, ja. Muy gracioso Pooh… aunque ¿De casualidad no tienen a otro hermano verdad?
― ¿Pooh? Y ¿Otro hermano? ¿A cuántos te moviste en unas cuantas horas? ¡Por Dios!
―Oye, ojito con lo que piensas de mí ¿eh? No soy ni fácil ni una cualquiera… solo… que en ese viaje, las cosas se me fueron de las manos.
― ¡O mejor dicho estuvieron entre tus manos! ―volvió a gritar el otro.
― ¡EMMETT! ―gritamos ambos.
―Mmm, lo siento.
―Pues, primero que nada no tengo ganas de andar escuchando sus estúpidos apodos y en segundo, NO, no tenemos más hermanos, solo una hermana y a menos que me digas que juegas en ambos bandos no estoy preocupado por ella.
―Mmm… eso sería, caliente ¡No con mi hermana claro!
―Arrgg. Emmett ya para. Y no, no tiro para ambos bandos. Aunque seguramente no me crean hasta ese viaje a gatas y tiraba para uno ―dije con un tono de voz un poco más apagado recordando todo lo pasado y vivido con Jake.
―Pues la verdad no te creo ¡¿Cómo podría?! ―dijo Emmett casi a los gritos pero con una sonrisa de completa y sincera felicidad en el rostro.
Bufé.
―Pues es la verdad. Lo cierto es que debería de agradecerles ―ambos me miraron entre asombrados, incrédulos y expectantes por mis palabras―. Sí, debería de agradecerles por haberme abierto los ojos. Creo que no tenía ni idea de lo que me estaba perdiendo hasta ese entonces ―comenté con tono casual mientras me sentía esbozar una leve sonrisa.
Observé por el rabillo del ojo como ellos se miraban entre sí, como hablándose sin palabras –cosa que admito me dio una ligera sensación de incertidumbre, aunque no supiera porqué.
El tiempo comenzó a correr y nosotros estuvimos simplemente allí, parados, conversando plácidamente como si fuéramos amigos de toda la vida, mientras la bebida efervescente corría a raudales por nuestras copas una y otra, y otra vez…. ¡Dios! Sin duda ya había perdido la cuenta de la cantidad que había tomado. Olvidé de ir a hablar con quienes sabía debía hacerlo. Olvidé buscar y presentarme ante algunos escritores que me habían mandado a adular para obtener sus próximos trabajos. Olvidé todo a excepción de estos dos bellos especímenes de hombres que tenía enfrente y que a cada minuto y segundo tenía más ganas de volver a probar.
La conversación entre nosotros fue siempre velada. Pequeñas frases hechas o dichas bajo el doble sentido, la ironía o el sarcasmo. Pequeños acercamientos que terminaban envolviéndome y asfixiándome con sus excitantes aromas, pequeños roces mínimos, pero a la vez MUY íntimos. Todos aquellos leves asaltos a mis muy sensibles sentidos estaban haciendo estragos en mi cordura. En mi contención de saltarles encima y violarlos –literalmente- en medio de la dichosa fiestecita.
Pero… justo en el momento en el que preparaba una muy candente contestación a una pulla de Emmett mis ojos se clavaron en aquellos cabellos rubios dorados que brillaban bajo la tenue luz amarillenta de las luces cortándome de manera concisa todo rastro de respiración. Y, como si hubiese sentido mi mirada, su perfil voltea hacia mí; clavándome una mirada intensa y sorprendida mientras yo me perdía sin reparos en aquellos dos estanques de agua cristalina. Porque sí, sus ojos eran de un hermoso tono que te adentraba a los confines mismos de su alma.
Ok. Esto en verdad parecía ser una muy cruel broma del destino ¿Qué probabilidades había o tendría que haber para que justamente en una reunión, fiesta o lo que sea se juntaran aquellos tres fantásticos amantes que había tenido hacía ya más de siete meses en tan  solo el transcurso de cuarenta y ocho horas? ¿Eh? ¡Qué alguien me diga! Juro que para este momento ya no entendía completamente nada ¿Qué hago? Me sentía ligeramente desesperada y de seguro eso se debió ver reflejado en mi rostro porque lo siguiente que supe es que el príncipe de cabellos de oro venía con paso decidido hacia mí ¡Mierda!
Todo quedó a un lado en el mismo instante en el que él se puso con su gran y musculoso torso enfrente de mí. Todo. Incluso los otros dos que parecían hablarme pero de los que tan solo me llegaba un leve murmullo lejano.
Un leve mareo me sobrevino y sentí como mi cuerpo se inclinaba ligeramente hacia delante, siendo sostenida en el acto por dos fuertes pero muy distintas manos. Levanté la mirada.
―Gra… gracias ―dije con voz entrecortada. Esto sencillamente era demasiado.
― ¿Estás bien Isabella?
― ¿Eh? Sí, sí… ―NOOOO, gritaba para mí. Quería desaparecer.
―Bella ―dijo ¿Jasper? Sí, creo que así se llamaba.
―Hola.
― ¿Jasper? ―dijo una voz detrás de mí mientras una calurosa y gigantesca mano se posaba en mi baja espalda.
― ¿Emmett? ¡Vaya amigo! ¿Qué haces aquí? ―gemí por lo bajo. Dios me odia.
―Pues, vine a acompañar a mi hermano Edward para festejar la salida de su último libro ―explicó Emmett señalando con su cabeza hacia la derecha de Jasper.
―Vaya ―dijo él girándose hacia Edward quien todavía tenía la mano en uno de mis codos―. Felicidades.
―Gracias ―contestó éste en un tono bastante contenido.
― ¿Y tú? ¿Qué haces por aquí? ―vaya. Parece que me habían olvidado por completo. Genial –pensé sintiéndome un poco frustrada.
¡Alto! ¿Acaso yo no quería recién pasar desapercibida para todos ellos?
―Pues… por mi trabajo en el banco mantengo activas varias cuentas con varias de las personas que hay por aquí. No suelo venir a este tipo de eventos pero ―se giró hacia mi―, sin dudas hoy fue un buen día para hacerlo.
WOOOW.
―Mmm… ¿Acaso tú también fuiste parte del fin de semana de aventura de esta señorita?
Emmett y la re… ¿Acaso este tipo no sabía nunca cuando cerrar su enorme pico? Arrg.
Jasper abrió desmesuradamente sus ojos observando a los tres con detenimiento. Y luego se rio, fuerte, demasiado fuerte. Y yo fruncí el ceño ¿Qué carajos estaba pasando aquí?
―Ok. Me alegro que a todos les agrade la idea de burlarse de mi, en ese entonces, activa vida sexual ahora, si me disculpan… Me voy ―dije verdaderamente molesta girándome hacia el flanco que parecía estar libre de su presencia.
Instantáneamente tres grandes figuras me rodearon.
―Lo siento gatita ―Emmett.
―Disculpa, no fue mi intención ofenderte ―Jasper.
Edward no dijo nada. Él estaba enfrente mío y su mirada era demasiado compleja como para que supiera leer lo que pasaba por su mente. Pero… esa intensidad…
―Lo siento yo también. Esto en verdad parece una cruda broma ―suspiré―. Lo lamento en verdad pero creo que es mejor que me retire.
―No.
― ¿Cómo? ―pregunté incrédula al dueño de esos ojos verdes.
― ¿Porqué no salimos de aquí y vamos a ‘charlar’ a otro lugar? ―dijo él dando una de esas espectaculares sonrisas torcidas moja bragas.
― ¿Y… qué te hace pensar que quiero ir a alguna parte con todos ustedes? ¿Por quién me tomas? ―pregunté a su vez enojándome cada vez más.
―Bella, tranquila ―dijo Jasper mirándome directamente a los ojos. Raro, al segundo de mirarlo mi cuerpo se relajó.
―Creo que es lo mejor gatita, no creo que este sea el lugar para seguir hablando de lo sucedido ―dijo esbozando otra sonrisa moja bragas ¿Acaso era la sonrisa de la familia o qué?
De pronto, una loca y MUY descabellada idea surgió en mi mente ¿Qué pasaría si…?
No. No podría ¿O sí? Dios, estaba confundida… Y muy, muy bebida. Rayos.
Tanto suceso e información me hizo marear nuevamente.
―Vamos pequeña… Te acompañaremos fuera a ver si con el aire te despejas.
―Sí, de seguro el aire te hará bien gatita.
―Vamos. Antes de que hagas un espectáculo Isabella.
Arrg ¿Pero qué se creen? ¿Qué porque ando un poquito bebida me pueden tratar como a un bebé? Bufé. Joder. Sí, todo me giraba pero ¡No eran mis padres! Ok, mala comparación…Si fuesen mi padre no habría hecho esas cosas con…. Brrrr –me estremecí-. De seguro ESA no era una imagen que quisiera tener dando vueltas innecesariamente –y perturbadoramente-  en mi cabeza. Carajo, lo que me faltaba… un trauma con mi papá.
De seguro este raro monólogo introspectivo fue el que me hizo nublar porque de pronto lo primero que supe era que yo estaba cómodamente recostada en el asiento de un coche –en movimiento debo añadir-, mientras que una mano se posaba en mi muslo –mmm- y otra acariciaba suavemente mis cabellos.
¡¿Pero qué putas le ponían al champagncito ese?!
Mierda, mierda, mierda.
Por dios Isabella ¡Concéntrate! Estos tres bien podrían ser tus próximos asesinos y tú andas flotando en una nube de pedos. Arrg. Maldita conciencia que no cerraba el pico.
El auto se detuvo.
Nuevamente sin saber por donde vino me sentí flotar. Ok, no estaba flotando, tan solo alguien me cargaba en brazos hacia… MIERDA ¿Dónde estaba?
Comencé a removerme y a quejarme un poco.
―Tranquila pequeña… ―susurro una voz dulce y calma en mi oído.
―En verdad le cayó mal tanta copa ―murmuró alguien desde detrás.
―Creo que se debe a que no ha comido ―dijo alguien con un leve tono molesto desde delante.
Bien. Piensa Bella. Estás en… No sabes donde… Con tres hombres –que en realidad no conoces de nada pero que están uno más fuerte que el otro- y tú estás borracha hasta el tuétano sin posibilidad de defensa… Y entonces, se hizo la luz… ¿Acaso quería yo defenderme de tremendos agresores? Mmmm… Esperé a que llegara el miedo, la ansiedad, la culpa o la vergüenza ante tales pensamientos y deseos pero… NADA. Ok, asumo que el alcohol sigue haciendo de las suyas en mi sistema ¿Ventaja o desventaja? ¿Ser o no ser? Arrrg. Definitivamente estoy borracha, sip, sip ¿Entonces?
Bueno, yo he sido una maldita niña buena toda mi jodida vida. Niña educada, una señorita respetable, una mujer decente… Y estaba hasta la madre de todo eso. Así que, resumiendo, ¿Por qué no aprovechar mi borrachera para aprovechar a sacar a la perra que llevo dentro y que parece invernar el año entero? Mmm…
Sentí como los brazos me dejaban sobre una superficie mullida y cómoda, ligeramente perfumada con el aroma masculino ¿Una cama? Mmm y más MMM… Gemí ligeramente al sentir una imagen demasiado subida de tono por mi mente.
―Mierda ―susurró alguien a mi lado mientras yo seguía con mis ojos cerrados para evitar lo más posible el mareo que de seguro me daría. No sería para nada agradable comenzar a vomitar cuando finalmente me estaba decidiendo a hacer algo tan… descabellado.
― ¿Crees que está dormida?
―No, no lo está… ―Edward.
Genial. Estaba comenzando a identificar sus voces por sus tonos. Me removí un poco más y sentí la seda fría bajo mi piel. Sábanas. Definitivamente estaba en una cama.
― ¿Qué haces? ―preguntó de nuevo Edward.
―Pues, quitarle los zapatos ¿Qué más? ¿O acaso quieres dejarla dormir con ellos puestos?
Silencio.
¡OH, POR DIOS!
El tacto de esos enormes dedos –que recuerdo hacían maravillas con mi cuerpo-, quemaba allí por donde tocaba la fina cinta que abrochaba mis zapatos a mis tobillos. Gemí de nuevo. No pude evitarlo, hacía tanto que nadie me tocaba de esa forma, tan suave, tan delicado. El último polvo que tuve fue una despedida con Jacob que la verdad casi ni disfruté ya que se vino enseguida y yo, aunque no quedé con las ganas, sí me sentí insatisfecha. Y ahora…
―Joder… ―dijo Emmett con voz contenida.
―Mierda. Quizás deberías dejarla como está Emmett, no creo que sea buena idea seguir si…
Gemí más fuerte cuando sentí como su mano caliente recorría mi tobillo y empeine, apretando ligeramente. Dios, se sentía taaaan bien.
―Mmm… ―dije removiéndome para llamar su atención.
―Isabella, sé que no estás durmiendo. Contrólate por favor ―cortó Edward.
―Déjala hermano, mira como se retuerce bajo mis dedos ¡Y tan solo le estoy acariciando el pie!
―Pero… Emmett, no es correcto, ella está…
―Lo sé, pero…
Emmett comenzó a alejar prudencialmente su mano de mi necesitada piel y yo grité de pura frustración.
― ¡Nooo!
Mierda, quería llorar por la falta de tacto. Silencio.
― ¿Qué quieres gatita? ―dijo él casi en un ronroneo.
―Mmm… Más… ―supliqué completamente entregada.
¡A la mierda con todo! ¡Quería un buen polvo! ¡Dios, necesitaba un buen polvo!
―Pero…
―Joder… ella lo quiere. Si no les gusta o les parece ya pueden dejarme el resto a mí ―gruñó Emmett hacia atrás. Al parecer los otros estaban más alejados.
Me aventuré a abrir los ojos apenas un milímetro para ver mejor donde estaba… y como… y, casi jadeo al verlos bajo las sombras de la oscuridad. Sus portes, sus figuras, su masculinidad, todo en ellos me daban ganas de arrancarles todo y hacerlos míos con total descaro. Imaginarlos allí, conmigo, todos juntos, satisfaciéndome, satisfaciéndolos; entregándome y entregándose. Arrgggg, gemí alto y fuerte, mientras mis manos y espalda se tensaban ligeramente ante tales imágenes. Owww… yo quiero eso. Sí, quiero, quiero, quiero.
―Mmm… Creo que alguien necesita atención ¿No es así gatita?
―A-já ―dije. Ok, no es lo más inteligente que haya dicho pero… estaba demasiado sensible por todo… Y la maldita mano que ahora estaba llegando descaradamente lento hasta mi perfectamente depilada pantorrilla.
―Bella. No hagas esto nena, estás borracha y seguro mañana…
Jasper se había acercado a mí, podía sentir el calor emanando de su cuerpo perfecto hacia mí. Él estaba siendo un caballero al acercarse a mi oído para susurrarme aquello… pero yo no quería un caballero, quería un animal, mejor dicho, quería tres bestias salvajes que me tomaran sin cuidados y que me hicieran ver las estrellas una y otra y otra vez. Tan solo una noche. Una noche es lo que pido. Una noche en que yo pueda liberar mis más bajos instintos junto con ellos y dejar al placer recorrer cada resquicio de mi cuerpo, de mi alma. Así que, como la perra estaba tomando el control decidí echarle la culpa a ella de lo que hiciera ¡Y vaya que hizo! Sin esperar nada estiré un brazo para tomar la nuca del rubio antes de que se alejase y estampar su cara contra la mía, su boca contra mi boca. Estaba hambrienta, hambrienta de ellos… Y no iba a permitir que me negaran mi comida.
Él, sorprendido de mi arrebato, no se resistió más que unos cuantos segundos antes de responder el beso de manera brusca y necesitada. MIEEERDA. Mmm… El beso era exquisito, él sabía a canela y cítricos, ácido, dulce y algo picante. Sexy. El beso fue subiendo poco a poco de intensidad, hasta que nuestras lenguas entablaron una batalla y gemidos y gruñidos salían de nuestras bocas. El aire se hizo innecesario, ¿Quién quería aire cuando podía retener las exhalaciones del otro?
Un segundo. Un segundo de sensibilidad extrema fue lo que me hizo dar cuenta de que las manos que anteriormente acariciaban mis tobillos ahora estaban vagando sin causa por mis pies, mis empeines, mis pantorrillas… llegando poco a poco hasta rodear completamente mis rodillas. Deteniéndose solo lo justo como para que me entusiasmase ante la idea de que seguirían su camino ascendente… pero no. Emmett llegaba hasta allí solo para ir y volver una y otra vez ¡Me estaba volviendo loca de necesidad!
Mi pudor y vergüenza para ente momento era completamente nulo, así que lentamente fui levantando una mano para llevarla suavemente –e inexpertamente debo agregar- hacia uno de mis senos… pero esta jamás llegó a su destino. Una brasa de hierro me rodeo la muñeca a medio camino, aprisionándola entre unos dedos de hierro. La aprensión hizo suficiente mella en mí como para conseguir distanciarme de esos labios adictivos lo suficiente para ver a Edward con una rodilla sobre el colchón a mi lado, con el brazo tenso por el deseo de detenerme. La lujuria pura brillaba bailando en sus ojos, un verde que parecía destellar fuego fue lo que recibí de sus ojos.
―Parece Isabella, que esta vez estás más necesitada que la última vez ¿No es verdad?
Jodeme ¿De verdad me iba a hacer hablar? ¿Ahora? Ahhhhh…
―Yo… ustedes… TÚ… arrg… ―el muy imbécil comenzó a reírse con ganas. Una risa ronca y grave que proyectaba deseo.
― ¿En verdad deseas esto gatita? ―gemí― Yo, no quiero que te arrepientas y desaparezcas de nuevo Bella.
¿Uh? O sea, sé que en este momento no estoy muy consciente que digamos pero… mmm… ¿Acaso no es algo obvio que esto es de una noche? ¡Vamos! ¿Quién demonios querría volver a ver –ni hablemos de salir- con una chica que se la ha montado con tres tíos –buenísimos- que para colmo uno de ellos es su puto hermano? ¿Acaso estaba loco? Preferí no responder siquiera a eso, pero sí a lo principal en este momento.
― ¡JODER SÍ!
Unas suaves risas me envolvieron haciéndome también a mí lanzar una divertida y algo nerviosa carcajada.
―De acuerdo… ¿Alguno de ustedes tiene problemas en ‘compartir’ a esta preciosura?
Mierda, no había pensado en eso. Una mano en mi rodilla, una mano en mi muñeca, unos labios en mi mejilla; todo esto era demasiada sensación para concentrarme tanto. Me esforcé por abrir bien los ojos y mirarlos a todos. Ellos se miraban unos a otros, como midiendo que tanto era a lo que estaban dispuestos a llegar ¿Les incomodaría verse en pelotas o el hecho de compartir mi cuerpo con otro que encima le era conocido?
―Yo no tengo problemas pero aclaro que yo juego en un solo bando y no haré nada con ninguno de ustedes ―dijo Jasper de lo más serio en cuanto separó la cabeza de mi cuello.
Carajo, eso fue caliente.
―Arrgg, por supuesto que todos jugamos en un bando ¡Tarado! ¿O insinúas que tengo pinta de puto loco? ―contestó Emmett enojado.
―Basta… nada ocurrirá entre nosotros. Esto, se trata de Isabella… Nuestra ‘gatita’ parece una pantera de caza hoy, y al parecer nosotros somos la presa… Los límites los pondrá ella y mientras ella no diga o niegue nada nosotros seguiremos nuestros instintos ¿Están de acuerdo? ―preguntó Edward sin mirarlos siquiera ya que él tenía sus ojos clavados en mí todo el tiempo. Yo asentí a la vista de todos. Dios, mi cuerpo ardía recordando sus palabras… “seguiremos nuestros instintos” CA-LOR.
―Muy bien.
―De acuerdo.
―Parece, que finalmente hemos caído ante ti ‘gatita’, la pregunta es ¿Qué tan dispuesta estás para nosotros? ―temblé.
¿Qué decir? ¿Oh, bien, pueden cogerme el cerebro y yo gemiré como nunca? Naaa ¿Verdad?
―Yo… quiero… ―No podía decir las palabras en voz alta. Esto era peor que el despertar con ellos y enfrentar las realidades de los hechos pero, yo quería esto y… ¡A LA MIERDA LA DECENCIA! Clavé mis ojos en él y me erguí apoyándome ligeramente en mis codos―. Yo quiero que me cojan como nadie antes lo ha hecho, quiero sentirlos en cada rincón de mi cuerpo, y quiero llegar a llorar de tanto placer ¿Creen ustedes ser capaces de conseguir eso?
¡Ahí está! ¡Ahí lo tienen! ¡Tomen malditos! El reto está echado…
Las caras reflejaban sus grados de asombro ante las palabras que salieron de mi boca, para luego esbozar cada uno la sonrisa más lujuriosa que les hubiera visto nunca.
―Creo que esta será una muy, muy larga noche gatita
―Parece que esta dama nos está poniendo a prueba…
―Mmm… no ha sido muy inteligente ponernos a prueba cuando somos tres contra uno… pero definitivamente disfrutaremos de demostrarte cuan listos estamos para aprobar el desafío impuesto mi musa.
Aparentemente fue algún tipo de acuerdo tácito el hecho de que cada uno siguiera con la parte de mi cuerpo en la que estaba anteriormente.
Emmett se dedicó a amasar con la presión justa mis piernas, ascendiendo en cada vuelta al menos un centímetro más. Edward llevó mi brazo hacia su boca y comenzó a lamen y chupar a conciencia cada uno de mis dedos para luego ir dejando besos húmedos por el resto de mi brazo hasta llegar al pliegue interno de mi codo, y Jasper… Jasper me estaba dejando sin sentido con un beso devastador. Si esto era solo el principio ¡No tenía idea como iba a sobrevivir al resto!
Mis sentidos estaban disparados, sentía todo en la piel, escuchaba los gruñidos, jadeos y succiones, olía el aroma de los sexos de todos, saboreaba la sal del sudor que se iba formando en mi cuerpo, y veía con glotonería a estos tres perfectos ejemplares adorándome como si no hubiera mañana.
De pronto, el anhelo a sentirlos aún más fue insoportable, por lo que con decisión me solté de la boca de Jasper y de la de Edward para luego sacudir las piernas de las manos de Emmett… era hora de probarlos.
Lentamente me erguí en la cama para luego pararme a un lado de ella. Las manos me temblaban, aunque no sabría decir si de nervios o impaciencia, un poco de ambas de seguro.
Comencé con Emmett. Con andar seguro –o al menos esperaba que así se viera-, me dirigí hacia él y al llegar coloqué las manos en su pecho y mirarlo fijo. Él entendió ya que a los dos segundos me estaba besando de manera apasionada y yo… Yo fui desabotonando uno a uno los botones de su preciosa camisa borgoña para dejar su pecho expuesto a mis inquietas manos. Recorrí sus pectorales y deslicé con suavidad la camisa por su espalda. Ruido de movimiento vino de mis espaldas, así que al girarme a echar un vistazo pude ver como Edward se quitaba los zapatos y como Jazz se iba quitando la corbata y el precioso saco negro que llevaba aún puesto. Volví a mi tarea. Pasé mis uñas rojas por aquel pecho de infarto, rasguñando ligeramente a la altura de sus tetillas, ganándome en recompensa unos hermosos gruñidos de su parte. Envalentonada, llevé mis dedos a la hebilla de su cinturón para quitarlo y así poder abrir la pretina de sus pantalones ¡Dios! De tan solo ver el bulto que apretaba contra la tela se me hacía agua la boca. Así que lo dejé allí, así, con los pantalones bajos y el bóxer apretado, para seguir mi camino de vuelta a los chicos… o al menos a uno de ellos. Jasper. Él se había quitado ya también los zapatos y las medias y había desabrochado gran parte de los botones de su camisa gris perla así que, sin beso de por medio, me fui directamente a morder una de sus tetillas que ya se encontraba enhiesta contra mi lengua. Gemí. Con movimientos cada vez más acelerados repetí lo mismo que con el grandote… Abrí su hebilla, el botón y la cremallera para ir bajando con mis manos sus pantalones mientras mi cabeza también descendía dejando un rastro de besos húmedos por todo su muy marcado torso y lo sentía a él gruñir en respuesta. Una vez más corté todo abruptamente antes de que me tentara demás.
Edward. Él ya había abierto del todo su camisa y me esperaba con una mirada maliciosa en su bello rostro de ángel demoníaco. Él no esperó como los otros, claro, recordaba claramente que a él le gustaba bastante eso de dominar –froté mis muslos ante ese pensamiento-. Él simplemente esperó a que estuviese a un paso de él para alargar el brazo y tomar mi nuca de manera ruda, acercándome a su boca de fuego y pecado sin más miramientos. Su sabor. Dios, su sabor era el puto paraíso. Anís y menta, y algo dulce pero suave… vainilla creo. Su lengua gloriosa hacía perfectos remolinos dentro de mi boca, luchando insaciable contra la humedad de mi lengua y haciendo que mi sangre cantara para él. Dios ¡Vaya que bueno besando!
En un segundo de semi lucidez, abrí mis ojos aún con mis movimientos bucales en toda su alza y la visión que recibí fue jodidamente caliente ¡Él me estaba mirando! Sus ojos refulgían de una manera que me hacían sentir en llamas.
El agarre de sus manos se hizo más firme. Demasiado, ya que en un momento no pude evitar gemir por el ligero dolor impuesto en mi tierna y muy sensible carne. Aun mirándolo, me separé.
Bien… ahora los tres portaban como perfectos modelos de ropa interior sus muy estrechos bóxers, todos ellos jodidamente abultados hasta lo imposible imitando a una gran tienda de campaña tamaño familiar. Ronroneé despacio ante la imagen.
De pronto, yo estaba allí, parada; caliente, deseosa, anhelante, quería estar con ellos ¡Con todos ellos! Y lo quería todo. No límites, no imposiciones, no lamentos, no nada. Quería sentir un placer tan extremo que no supiera donde empezaban ellos y terminaba yo. Y lo haría.
Edward seguía inmóvil detrás de mí mientras que los otros dos ahora estaban a mi frente uno al lado del otro… esperando que yo fuera quien dictara el siguiente paso. Bien por ellos, porque justo en este momento lo que quería era comerlos.
Sin pensar o racionalizar nada más me hinqué sobre mis rodillas y les di una más que sugestiva mirada. En respuesta, ambos gimieron y pude observar como sus pollas se agitaban aun prisioneras bajo la molesta y cada vez más estorbosa tela. Mis manos cobraron vida propia al elevarse e ir directamente a los elásticos de ambos para luego ir bajándolos muuuuy lentamente y logrando con ello que sus hermosos y enormes miembros saltaran justo a escasos centímetros de mi cara. Me relamí. Dos manos, una boca… creo que me las podría arreglar muy bien con ello ¿no? Sí, seguro que sí.
―Mmm… Edward ¿Por qué no te unes aquí con los chicos? Creo que puedo alegrarlos juntos ―dije en apenas un susurro.
―Tks, tks, tks… No. Creo que yo también tengo hambre… ―ronroneó.
Sorprendida por sus palabras giré mi cabeza para mirarlo. Una sonrisa matadora surcaba su rostro.
―Oye hermano… Todo bien pero quedamos que no nos molaríamos entre nosotros ¿no? ―dijo Emmett con un tono confuso y muy, muy incómodo. Casi me rio.
―Oye, yo no quiero eso ¿ok? Ni pienses que…
―Oh ¡Por favor! ¡Ya cállense de una puta vez! ¿Cómo se les ocurre que voy a querer comerlos a ustedes? Agghhh… No estoy tan desesperado y no como mierda…
― ¡Oye!
― ¡Hey!
― ¿Qué?
―Pues que te calles porque yo sí me las voy a comer y te aseguro que no son ninguna mierda ―dije yo para zanjar el tema.
―Mmm.. No me interesa. Lo que yo comeré es mucho más rico que eso… ―dijo bajando el tono. Le seguí el juego.
― ¿Ah sí? Pues dime que es y quizás hasta lo pruebe…
Más de un gruñido se escuchó en aquel silencioso lugar.
―No creo que tengas ganas ya que estarás lo suficientemente cansada como para probar cosas nuevas mi musa.
Y dale con lo de musa ¿De qué corno hablaba este tipo? Me encogí de hombros, no que me importara en realidad.
―Bueno, muy linda la charla pero yo tengo hambre, así que… si me disculpas…
Dicho esto no esperé más. Me giré rápidamente y tomé ambas pollas en mis manos para debatir solo un segundo sobre a quien probaría primero. Me decidí por Jasper –a fin de cuentas era del que menos tiempo había sacado provecho-. Un gemido ahogado y un jadeo fue lo que resonó en el ambiente. Mierda, no recordaba que esto fuera tan bueno.
―Abre las piernas Isabella… Ahora ―dijo aquella voz ronca y demandante que tan bien recordaba.
Lo hice. No había forma de desobedecer aquello. No cuando prometía tanto.
La lengua caliente y rezumante de cálida saliva se adentró sin miramientos en el centro de mis pliegues al instante en el que su cabeza quedó maravillosamente acomodada debajo de mí. OH, JODEEEERRRR… Este hombre sí sabía lo que hacía. Mis caderas comenzaron a removerse inquietas una y otra vez, tratando de sacar el mayor de los partidos a esa parte de su espléndida anatomía mientras que mi boca iba de un miembro a otro con glotonería. Chupaba, lamía, mordía, apretaba, succionaba; cada truco aprendido fue aplicado a conciencia en ambos, consiguiendo en respuesta los mejores sonidos que hubiese escuchado nunca. Gemidos, siseos, gruñidos, jadeos… cada uno de ellos se entremezclaba con los míos, creando una perfecta sinfonía de pasión desbordante. Fue entonces, tan solo unos cuantos minutos después cuando la tensión que se había instalado en mi bajo vientre fue completamente insoportable, así que para acelerar mi descarga froté y chupé aún más y más duro. Mi recompensa fueron dos radiantes y potentes descargas en mi boca. El primero en venirse fue Emmett cuando le apliqué una succión sopapa en el momento en que mi mano le apretaba un poco el tallo, y el segundo fue obviamente Jasper mientras arañaba delicadamente su polla con mi dientes y le masajeaba con precisión sus tensos testículos. Tragué y tragué hasta que los tuve limpios y semi blandos contra mi boca, aun moviendo mis manos sobre ellos. Y ahí, con la boca impregnada de sus sabores fue que mi placer llegó a la cúspide encegueciéndome como nunca y logrando que mi cuerpo se convulsionase de manera dura sobre el hombre que me estaba prodigando tamaño placer… pero cuando intenté removerme Edward no me lo permitió, a cambio, él tomó con firmeza mis caderas para que dejase de moverme y adentró esa lengua viperina hasta el mismísimo centro de placer al mismo tiempo que uno de sus dedos se adentraba duramente en mi centro y otro –a saber cual- presionaba con codicia aquel pequeño agujero lleno de nervios. Sí… Mi cuerpo ya sobre excitado no pudo ignorar tanto estímulo y, presa de un placer que nunca creí conocer me vine de nuevo –aún más fuerte- contra su boca. Mientras aullaba y gritaba como una perra en celo antes de que mi cuerpo perdiera toda noción y conexión con mi alrededor.
¡AY MI DIOS! ¡Y ESTO ES SOLO EL COMIENZO!
Mi mente sintió la sensación de flotar –aunque sabía que en realidad no estaba tan loca como para creer eso-. Nop, al parecer estoy cuerda porque esa sensación fue solo el hecho de que alguno de ellos me había tomado en brazos y dejado delicadamente de nuevo sobre el colchón. Bien. Unos segundos, solo unos segundos para que mi cerebro perdido vuelva a su lugar y ya luego vuelvo a la carga ¡Wait a second boys! Sep, dicho y hecho. Mi cuerpo sintió unos pasos y murmullos mientras mis extremidades volvían lentamente a responderme.
¡Y como para no si de repente tenía sobre mi boca los labios más dulces que hubiera sentido nunca! Emmett, mmm, ¡Oh mi osito Pooh! Él sabía tan dulce como una paleta, pero con algo más… Cerezas y crema, dulce y suave… Y, ¿menta? Mmm, no sabía a ciencia cierta… pero a mí me parecía que sí, quizás la menta era ese algo picante característico de la familia Cullen. El beso fue tierno y sexy, nada demasiado brusco y demandante como de seguro haría su hermanito, lo mejor para este momento post clímax y pre clímax –me reí internamente, que chistoso se me hacía pensar eso.
Mis manos tomaron su rostro y acariciaron su piel hasta llegar a su cuello. Cuando por fin cortamos un poco el beso para tomar aire yo seguí dando ligeros besos hacia su barbilla, su mentón duro y marcado, bajando hacia su nuez que se movía seguido al tragar.
―Dios… No sabes lo bien que te sientes Bella, toda tú gatita…
Eso me elevó mucho, sus palabras eran lindas con un trasfondo caliente y sensual. Fue su turno entonces de apartarse y comenzar a besar y lamer, sí lamer, mi piel. Fue por mi cuello, mis hombros, mis clavículas… hasta que por fin llegó a besar la tierna carne expuesta de mis pechos, pechos más que necesitados de caricias. Sí, por fin…
Dos grandes manos se apoderaron de ellos finalmente y yo solo pude suspirar con renovado placer sintiendo como otros labios más fuertes y seguros me reclamaban. Mierda. Edward estaba saqueando mi boca de una manera que no debería de ser legal, ¡JODER! Este hombre, mmm… Las manos de Emmett me estaban haciendo gemir de frustración, el muy maldito que amasaba la carne como si fuera un bollo de masa pero sin tocar en ningún momento mis necesitadas y erectas puntas. Carajo ¡Que alguien lo remplace por Dios! El tacto fino sobre mis pies me distrajo de todo. Dos calientes y suaves manos se apoderaron de mis pies, masajeando con destreza mis plantas ¡DIIIOOOSS! ¿Qué carajos me estaba haciendo? Grité ¡Y cómo para no! Al momento en el que sus dedos apretaron un punto en el talón de ambos pies a la vez una sensación de electricidad me recorrió de pies a cabeza concentrándose fuertemente en mi sexo, el cual se contrajo rítmicamente por esto ¡MIERDA!
― ¿Qué? ¿Qué, demonios… fue eso? ―jadeé porque él insistía en aquel movimiento.
―Esto señorita se llama placer ―se rio el muy maldito―, disfruta nena…
Dicho esto comenzó a besar mis pies, para luego chupar, lamer y succionar cada parte haciendo que yo me retorciera como posesa. Owwww… Besos sexuales, caricias sensuales, masaje divino… Mi cuerpo era como una puta bomba de tiempo.
―Creo que ya está más que preparada para una segunda ronda chicos… Si seguimos así se desmayará de placer antes de empezar ―dijo Edward haciendo que los otros dos rieran. JA-JA quise decir. No podía ¿Cómo hacerlo si lo único que podía hacer era gemir y jadear?
―Me encantaría que me la chuparas un rato preciosa… pero me muero por sentir mi polla en tu culito de nuevo ―dijo Edward con voz gutural cerca de mi oído. Oh, sí.
―Pues yo aún no me canso de comer tus hermosas tetas, así que me entretendré jugando con ellas mientras ellos te follan ―dijo Emmett.
―Mmm, entonces estaré más que gustoso de llenar con mi polla su necesitado y hambriento sexo.
― ¡Por Dios ya dejen de hablar y fóllenme de una puta vez! ―Grité al punto de la desesperación.
Todos rieron y yo los quería matar.
En silencio cada uno fue tomando su lugar al tiempo que mis nervios me consumían de manera lenta y dolorosa. Emmett me levantó contra su pecho para besarme de manera ya más ruda, sosteniéndome por mis lados sin dejarme tocar el suelo. Una vez que me dejó bajar, pude notar como Jasper se había recostado sobre la cama y me daba una mirada traviesa así que yo reí con él, quitándome en el camino a sus brazos, un poco de la tensión sexual que me había embargado desde el momento en el que me los encontré.
Rápidamente me coloqué sobre él, arrimando mi pelvis a la suya, tentando, rozando, excitando y excitándome. Esto era el puto Edén, el infierno, el purgatorio, esta noche lo era todo. Él gimió ante el calor de mi sexo sobre el suyo. Su mirada se tornó oscura, perversa, sus ojos casi negros brillaban de excitación. Se irguió un poco sobre sí para poder tomar a gusto mi nuca y hundir mi boca en la suya al mismo tiempo en que una de sus manos se colaba entre nuestros cuerpos para terminar adentrando de una estocada certera toda su gran dureza en mí. JO-DER. Grité de placer en su boca mientras que él sonreía comenzando con el vaivén de sus caderas, meciendo las mías suave pero firmemente sobre él. Unos cuantos bombazos después sentí como la cama se movía, el colchón se hundía bajo el peso de un nuevo intruso. Edward. Noté como Jasper abría un poco sus piernas para que él se colocara en medio, justo centrado ante la entrada que solo él había tomado. Sí, aquella vez presa de una lujuria sin precedentes en mí fue mi primera vez en ese terreno, y creo que no pude haber tenido un mejor estreno que aquel.
Un dedo curioso comenzó a sondear aquella zona prohibida, masajeando levemente al principio para luego ir apretando cada vez más y más… hasta que finalmente la yema de su dedo entró en mí. En consecuencia, mordí los labios de Jasper. Un dedo, dos dedos, tres dedos. Edward los adentraba y sacaba con velocidad, haciendo que me retuerza aun más sobre el tenso cuerpo de Jasper –sin dudas él estaba haciendo lo indecible para aguantar mientras yo apretaba su polla con mis músculos de manera regular debido a la presión pulsante en mi trasero-. Jasper siseó y yo grité mientras sentía las manos de Emmett retorcer mis pezones ya sin cuidado alguno. Era una muñeca de trapo en sus manos. De repente sentí un vacío en mi interior y supe lo que se venía, esa enorme y dura polla enterrada en lo más profundo de mí, sin medidas ni contemplaciones de ningún tipo. Y así fue. De un solo golpe él se adentró en mí hasta tocar con la punta lo más profundo de mi interior. Jasper se estremeció y yo jadeé bajo tal intrusión.
―Yo, no creo… que… pueda, mucho… aguantar… ¡Demonios! ―gritó Jasper exasperado.
Mierda; yo no estaba tampoco mucho mejor.
―No te contengas Isabella, déjate llevar… ¿Nos sientes? ¿Sientes como nuestras pollas casi se tocan mientras se entierran en ti? Solo nos separa una delgada y muy estirada capa de músculo ¿Nos sientes preciosa?
― ¡Sí! Sí, sí, sí… Todo… Yo, siento… Los siento… Todo… Ed, Jazz… Oh por Dios ―decía incoherentemente.
 ―Sí nena sí, todo, te daremos todo… y más.
Y la cabalgata de mi cuerpo fue estremecedora. Uno iba y el otro venía, todo el tiempo llena en uno u otro. La sensibilidad de mi piel estaba por las nubes así que cuando Emmett de pronto dirigió mi cabeza a su polla sumamente erecta y dura supe que ya no me quedaba nada. Él guió mi cabeza hasta casi ahogarme y yo ni siquiera me resistí, el placer navegaba libre por mi sangre y la presión en mi útero era inimaginable, el morbo y la perversión absoluta comandaban mi cuerpo.
Con un alarido que rasgó mi garganta desde lo más hondo de mi ser dejé que el placer me arrastrara en un orgasmo demoledor. Un gruñido seco a mi espalda, un grito contenido en mi cuello y un siseo junto con una caliente semilla en mi boca fue el resultado de esta maravillosa ronda de sexo desenfrenado.
Y no, no terminó ahí. Esta vez no me dejaron descansar. Todavía con mi sexo pulsante Edward salió de mí tirándose hacia atrás y llevándome a mí con él. Me giró. Y casi no me sorprendí cuando sin tiempo a nada se enterró en mi centro caliente y mojado de una vez. Esta vez yo casi no tenía fuerza así que él me adhirió a su cuerpo y me meció sobre él. Nuestros cuerpos resbalaban debido al sudor de nuestros cuerpos enfebrecidos. Oh mi…
―Creo que es mi turno… ―ronroneó Emmett detrás de mí mientras apretaba mi ano con uno de sus robustos dedos. Mierda. Toda delicadeza y ternura se había ido de él. Sin más dilación Emmett apoyó la punta de su glande en mi perineo, rozándolo hasta la entrada que en ese momento estaba llena de Edward―. Joder hermano, no tengo ganas de sentir tu polla pero… ahhh… estás tan mojada gatita… tan caliente… ―dicho esto y con la punta ya más que humectada de mis propios jugos, él se dirigió directamente a mi pequeño agujero y se adentró hasta la empuñadura. Grité. Mierda Edward era grande, enorme… pero Emmett, Emmett era muuuy grueso. El peso de Emmett me hundió por completo contra Edward, pero él me elevó apenas lo suficiente para que pudiera respirar bien. Sin embargo este ángulo estaba haciendo que su glande tocara una y otra vez de manera insistente aquel lugar que me volvía literalmente loca. Mi punto G. Mi carne se sentía tirante hasta el dolor pero el placer picaba de fondo y… Dios, que sea lo que sea –pensé.
La ronda empezó de nuevo y mi cuerpo traidor reaccionó una vez más. La adrenalina atravesando mi cuerpo desde mi cabello hasta mis talones.
Apenas unos segundos después yo ya tenía a Jasper levantando mi cabeza para besarme con hambre, con plena y total lujuria. Era una perra, lo sabía, ellos me hicieron darme cuenta… pero jamás había imaginado que llegaría tan lejos. Jasper llenó mi boca con su lengua, calló mis gritos con su boca y, como si fuera poco, estiró su mano entre esta maraña de cuerpos y comenzó a frotar delicadamente aquel pequeño pero eficiente botón de nervios en mi sexo. Sí, no hizo falta más… apenas unos segundos después yo estaba a los gritos sin siquiera saber que decía o a quien. Parecía que no podía dejar de gritar, o de acabar -dicho sea de paso-. Los espasmos fueron interminables y casi enseguida otros dos sonidos ahogados me acompañaron. Un tercero resonó en mi boca aunque yo sabía que él no había llegado aún. O eso creí, ya que al mirarlo detenidamente pude notar que él se había estado bombeando a sí mismo mientras me llevaba con sus dedos a la locura gloriosa y con su boca al mismo frenesí.
Todo me daba vueltas y vueltas. Este carrusel era jodidamente infernal –pensé para mí-. Ok, mal chiste pero Ohhhhh… Creo que necesito unos días en terapia intensiva.
Después de no sé cuanto todos caímos enredados, sudados y exhaustos sobre las ahora húmedas sábanas. Mi cuerpo se sentía imposiblemente laxo, casi diría sin vida si no fuera por el exquisito hecho de que la sangre bombeaba con fuerza contra cada parte de mi interior, sobre todo en aquel sexo aun palpitante. Aparentemente ninguno tuvo fuerzas para más ya que en cuestión de segundos todos nos dejamos llevar por una muy bienvenida inconciencia.
.
Unas cuantas horas –o minutos no lo sé a ciencia cierta- me desperté boqueando por aire y con el cuerpo tenso mientras sentía una húmeda caricia recorrer todo lo largo de mi vulva. Intenté removerme, girarme, salirme… todo en vano… Quien sea que fuera que me estaba haciendo ver nubes y estrellas me tenía por demás fuertemente anclada a su cuerpo. Sus manos eran como tenazas de hierro incrustadas en mis caderas y sus movimientos contra mi carne eran jodidamente certeros. Me sentía en el limbo. Al mover mi mano noté el calor de otro cuerpo a mi lado, por lo que estiré la mano para aferrarme firmemente a su brazo ya que la sensación de estar a punto de saltar de un precipicio era cada vez mayor. La urgencia, el deseo, el placer inconmensurable, todo se confabulaba en armonía para dejarme casi desfallecida de necesidad. Ya no sabía si quería o no saltar, ya no sabía nada… de nuevo. Alguien tomó entonces mi boca, acallando mis gritos enronquecidos y gruñendo a su vez contra mi lengua. Me mordían, me lamían, me succionaban y ¡Dios! ¡Diablos! ¡Demonios! ¡Quien sea que fuera que se apiadase de mí!
Mi cuerpo era su banquete, yo era la esperada cena de estos perfectos vampiros hambrientos. Ellos no solo querían mi cuerpo, ellos me estaban quitando el alma, la sangre, la mente… ellos me estaban desvalijando de todo lo que había sido hasta ese entonces, y yo –increíblemente- no podría estar más a gusto con semejante desenlace porque… Díganme ¡Y sean sinceros! ¿Quién rayos sería capaz de reprimirse ante tamaño potencial de placer?
Y sí, el placer llegó nuevamente, una y otra y otra vez, hasta el punto de que si alguien me preguntara como me llamaba yo ya no sabría que responder porque para ese entonces ya no sabía como encontrar mi voz, y mucho mejor como unir las letras para formar palabras y hablar ¡Demonios, ni siquiera sabría pensar en letras! No tenía nada. No sabía nada… Y tampoco quería saberlo. Me bastaba con el hecho de que ellos me quisieran tomar hasta desfallecer otra vez.
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Desperté -nuevamente-, esta vez gimiendo de un dolor desconocido… ¿O debería decir dolores? DIOS. Me dolía todo el cuerpo. Nada se salvaba de aquel entumecimiento. La cabeza me latía de manera constante y mi corazón parecía el aleteo de un colibrí… diría que podría haber quedado con una arritmia constante por el resto de mi vida y no me podría importar menos que nada.
Podía sentir las luces de un nuevo y destellante alba sobre mi piel, nuestras pieles, así que abrí lentamente mis pesados párpados para ver como ellas se erguían orgullosas colándose por entre las rendijas de las persianas cerradas. Las cortinas cerradas de color rojo apagado conferían la sensación de calor.
Me quedé nos segundos mirando hipnotizada hacia allí para luego –con un profundo suspiro-, dirigir mi mirada hacia los cuerpos calientes que sentía enredados y apretados contra mi piel. Quizás debí sentir una pizca de vergüenza, de pudor, de… algo… No sentí nada más que puro y desorbitante anhelo pero… Debía buscar lo que me quedaba de conciencia para lograr hacer tripas corazón y salir de allí; volver a mi vida... a mi muy solitaria y patética vida sí, pero aun así debía volver a ella. El primer problema obvio era el cómo salir de entre ellos si me tenían firmemente apretada por todos lados, casi parecía que me sostuvieran justamente tratando de evitar mi huida. No, de seguro era por como habíamos caído, no busques excusas pobres y levántate de allí –me dije con firmeza-. Y eso hice… Muy despacio, con reverencia y algo de miedo, con pena y un gran dolor fui moviendo muy despacio mi cuerpo para salir primero de uno y luego del otro y del otro para llegar a salir al fin de esa cama que había sido testigo de la mayor proeza de mi vida. Y no lo digo por el sexo, no, lo digo porque en ella finalmente me rendí a buscar y obtener lo que en verdad quería sin pensar en consecuencias o nada más allá del momento; lo cual, para una persona tan analítica como era yo hasta ayer a las siete de la tarde era sin dudas un gran logro. No es que fuera a hacer de esto un hábito porque mentiría. Eran ellos, por ellos. Solo estos hombres habían logrado sacar todo de mí. No fue una tarea fácil obviamente. Jasper tenía enredado uno de sus brazos debajo de mi cuello y su boca pegada a mi hombro, Emmett pasaba pesadamente su enorme y musculoso brazo por mi cintura, enterrando su rostro cerca de mi clavícula y Edward… Edward estaba firmemente agarrado a mi cadera, durmiendo como un pequeño entre mis piernas. Al final logré salir intacta, al menos físicamente hablando.
Me quedé unos segundos mirando hacia la cama y a esos tres hermosos ejemplares de hombres recostados sobre ella. Se veían tan… pacíficos, tan bellos que cortaban la respiración. Pero como todo cuento o encanto, este se termina lo quiera uno o no, y el mío sin lugar a dudas había llegado a su fin. Nos evitaría la penosa charla del día después, esa que siempre es incómoda –sobre todo en algo así-. Yo quería recordar todo aquello sin ninguna ruma o desencanto así que tras contener el aliento y cerrar un segundo mis ojos para grabar esa imagen bajo mi retina los abrí y quité mi mirada de ellos para buscar mi ropa.
Una vez tomada la resolución y la fuerza necesaria corrí en silencio hacia la punta de la cama donde se asomaban mis preciosos zapatos –me sentía cenicienta- y luego hacia el bulto azul y negro que estaba en una esquina tirado –una muy puta cenicienta creo- y lo tomé dirigiéndome a la puerta. Salí cerrando con cuidado a mis espaldas y me vestí a gran velocidad en el mismo pasillo ¡Carajo! ¡En la prisa había dejado caer la tanga que estaba enredada en el vestido! No importa, ni loca me vuelvo a meter allí, si entraba otra vez estaba segura de que no resistiría la tentación de quedarme y eso no era algo que iba a permitirme.
Por suerte mis zapatos si los había tomado con firmeza porque de haberse caído ya habrían despertado.
Iba camino a la entrada, pasando por el salón principal donde había estado aquella vez y, ya casi llegaba a la puerta, cuando un ladrido ensordecedor retumbó delante de mí… precisamente delante de la puerta que me separaba de mi perfecta y silenciosa huida ¡MIERDA! ¡Maldito chucho! Los ladridos no cesaban y yo ya estaba que me largaba a llorar de frustración… cuando un grito de “SILENCIO” retumbó desde detrás de mí. Y el silencio de hizo de inmediato ante la orden. Owwwww…
―Veo que de nuevo estas intentando huir ¿No Isabella? ―¿mentir o asentir?
―Noo, que va... Solo quería, mmm, este… ¿Agua? ―joder ¿Porqué mierdas no asentí? Ahora no solo parecía patética sino además ridícula. Arrgg
―Sabes que mientes fatal ¿Verdad? ―se rio otro detrás de mí― ¿Por qué estabas por huir otra vez gatita? ―Emmett, el osito tenía el tono herido.
― ¿Podrías mirarnos al menos Bella? Este no es para nada el despertar que me había imaginado…―dijo Jasper entonces.
El coraje había desaparecido de mi cuerpo por lo que simplemente me quedé allí dándoles la espalda en una forma estúpida de autoprotegerme. Lo sé, soy idiota ¿Contentos? Sí, lo sabía, pero tampoco lo iba a ir gritando sin ton ni son.
―Yo… Me lo he pasado genial, de veras pero… Solo quería evitar el estúpido e incómodo momento de la mañana después ¿Ok? Solo… solo déjenme ir, será un recuerdo espectacular así como está ―dije en voz tan baja que por un momento creí que ni siquiera me habían escuchado.
Un suspiro, un gruñido y una maldición después supe que sí lo habían hecho.
Unos cálidos y enormes brazos me abrazaron desde detrás y nuevamente quise echarme a llorar como una idiota por sentir esa sensación de ternura invadiéndome.
―Yo no quiero que esto quede en tan solo un recuerdo gatita… ―susurró Emmett contra mi oído pero en voz suficientemente alta como para que los otros dos también le oyeran.
―Y él no es el único ―dijo Jasper llegando frente a mi alargando sus manos para sostener mi rostro hacia él.
―Creo que a ninguno nos ha gustado la idea de que luego de cada encuentro te desaparezcas como un jodido fantasma ―gruñó Edward llegando a mi lado y clavando su mirada en la mía.
―Pero… ―¿Qué decir? ¿Qué querían decir? ¿Qué debía decir yo?
―Yo no sé ellos pero… si tengo que compartirte por el resto de mis días para poder ver tranquilamente un amanecer a tu lado sin miedo a que te evapores lo haré… Estuve como loco cuando ya no pude encontrarte al día siguiente y si no te busqué en tu trabajo fue porque asumí que para ti había sido tan solo una aventura ya que me habías dicho que tenías, novio ―dijo Edward escupiendo la última palabra con evidente desprecio… Si supiera…
Alto… Él… ¿Quería buscarme?
―Yo estuve igual… Con la pequeña diferencia de que yo ni siquiera sabía tu nombre, solo a lo que te dedicabas… Demonios, ni siquiera sabía si lo que me habías dicho era cierto ―exclamó Emmett medio enfadado―. Y… Sé que sonará extraño pero ―suspiró―, estoy de acuerdo con mi hermano, estaría dispuesto a cualquier cosa con tal de poder despertar una vez tranquilo a tu lado ―terminó susurrando contra mí mientras su agarre en mi cintura se hacía cada vez más fuerte.
―No llores ―susurró Jasper secando una traicionera lágrima de mi mejilla, una que ni siquiera había notado―. Sin dudas eres una mujer demasiado tentadora y especial para tener esta clase de poder sobre nosotros… Jamás me había planteado la posibilidad de mantener una relación debido a mi muy movida vida, mucho menos una relación compartida pero… Siento que me falta el aire de tan solo pensar en no volverte a ver… Eso sería, ni siquiera tengo palabras para describirlo preciosa…
Todo quedó en un condenatorio silencio entonces. De seguro mi mente me estaba jugando una mala pasada. Mierda. Quizás hasta hubiera soñado todo y tan solo estada dormida en mi habitación de hotel, sola después de la borrachera… JODER, mi mente me odiaba.
―Yo… pero… No quiero despertar ―sollocé.
Alguien rio, alguien suspiró y alguien bufó ante mis palabras ahogadas.
Sin embargo tuve la mejor lección de que en verdad estaba despierta.
Jasper elevó mi rostro al suyo plantándome un beso que me dejó sin aire, Emmett mordisqueó mi cuello para luego lamerlo y succionarlo –estaba segura de que me dejaría marcas, si es que todavía no las había hecho claro-, y Edward, él tan solo se acercó y se aferró a mi pecho incrustando su perfecta nariz en mi cabello –que a esta altura era un asco-, aspirando profundamente mi aroma.
No sabía que demonios pasaría entre los… cuatro… a partir de ahora.
No sabía si esto era algo pasajero o un juego de ellos por pura diversión.
No sabía si estaba soñando o si de pronto estaba en un coma y ni me había enterado.
Pero… sea lo que fuera… yo ya no tenía las fuerzas para volver a dejarlos atrás. Ellos me habían despojado de lo que era, así que si quería sentir al menos una parte de mi ser, de mi corazón, de mi mente y mi alma, no tenía más opción que quedarme junto a ellos tanto tiempo como ellos quisieran. No importaba nada más.
Por una vez en la vida viviría cada día sin pensar en consecuencias…
Sin esperar el mañana…
Y rezando fervientemente en que nunca nadie me dejara despertar.


BIEEEEEN ... Lo sé no tengo perdón... En verdad siento tanta demora pero bueno, la vida real llama demasiado seguido ¬¬ en recompensa espero que hayan disfrutado de este cap suuuuper laaaargo con el esperado Bella POV ;)
Desde ya les agradecemos ambas (Bichito y su servidora) el habernos acompañado en tan emocionante viaje de placer. Créanme lo hemos disfrutado... demasiado, jejeje...
Ahora sí... Como siempre, nos leemos pronto, o en otros.
Besos y CUÍDENSE
*BICHITO Y GUADA*
¿ ¿ ¿ RWS ? ? ?

2 comentarios:

  1. queria reservarme mis comentarios hasta el ultimo capitulo, porque dios! me quede muda! bella es una perra suertuda y ustedas unas escritotras geniales, enserio!
    felicidades les quedo exelente.

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  2. Puej acabo de leer todo y que de guauuu es increible...no me gusto mucho su final esperaba k lo alargue un poco mas, pero estuvo increible tu historia jamas se me cruzo por la cabeza semejante historia que mas puedo decir... escribe increible felicidades =)

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